Hay historias familiares que permanecen guardadas en fotografías, cartas o recuerdos. Belén Pasqualini eligió otro camino: convirtió la vida de su abuela, la científica Christiane Dosne Pasqualini, en una obra teatral que cruza la memoria afectiva con la música, el humor y la divulgación.
Christiane. Un bio-musical científico llegará el martes 8 de septiembre, a las 9:30, al Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, ubicado en bulevar Pellegrini 2750. La función será gratuita, con inscripción previa, y formará parte de la apertura de la Semana de la Ciencia, organizada por la UNL y el Conicet Santa Fe. La actividad está destinada a comunidades educativas y al público general.
La puesta, que ya superó las 500 funciones, reconstruye los 102 años de una mujer nacida en Francia, criada en Canadá y llegada a la Argentina en 1942 para trabajar con Bernardo Houssay. Investigadora especializada en leucemia, Christiane se convirtió además en la primera mujer incorporada a la Academia Nacional de Medicina.
Una biografía convertida en teatro
En diálogo con LT10, Belén Pasqualini explicó que la denominación «biomusical» surgió como un juego inspirado en el biodrama, género que lleva al escenario vidas e identidades reales. En este caso, aunque su abuela no está físicamente sobre las tablas, su presencia atraviesa toda la función.
«Es el unipersonal que creé para rendir tributo a mi abuela paterna, Christiane Dosne Pasqualini, que fue una investigadora de leucemia del país», contó la actriz, cantante y compositora.
El punto de partida fue Quise lo que hice, la autobiografía que la científica publicó a los 87 años. El título recupera una idea atribuida a Jean-Paul Sartre: la felicidad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en querer aquello que uno hace.
«Yo agarré esa autobiografía y la convertí en un unipersonal donde cuento los 102 años que vivió esta mujer», relató Pasqualini. Sobre el escenario, la intérprete toca el piano, canta y encarna a su abuela, pero también se representa a sí misma y da vida a Bernardo Houssay, a su abuelo y a otros personajes que acompañaron aquella trayectoria extraordinaria.
En ese juego de transformaciones, la obra se aparta del retrato solemne. La ciencia aparece atravesada por los afectos, las pequeñas escenas familiares, los ratones de laboratorio, los descubrimientos y una pregunta profundamente humana: cómo despedirse de alguien sin permitir que desaparezca.
«En realidad es la historia de cómo una mujer que amó la vida se despide de la vida, mi abuela, y cómo la nieta le rinde homenaje a esa herencia», sintetizó.
El teatro como antídoto contra la ausencia
La obra nació cuando Christiane todavía vivía, pero adquirió otro significado después de su muerte, ocurrida en 2022. Lo que inicialmente fue un homenaje se transformó para Pasqualini en una manera de regresar a su abuela y mantener abierto el diálogo con ella.
«La obra, obviamente, es un tributo superamoroso a ella, pero no dejo de decir siempre que es también como un gesto egoísta de mi parte: '¿Cómo hago para, cuando ella ya no esté acá, poder seguir yendo a buscarla y conversar?'», reconoció.
La primera función posterior a la muerte de Christiane estuvo atravesada por una inquietud: comprobar si ese mecanismo teatral todavía podía convocarla. «'Finalmente voy a probar a ver si funciona el antídoto'. Y funciona, funciona. Cada vez que hago la obra converso un poco con ella», expresó.
Pasqualini recuerda a su abuela como una mujer apasionada, exigente y con un carácter capaz de intimidar a quienes se acercaban a la familia. Cuando conocía a los novios de su nieta, los interrogaba sobre sus estudios y proyectos. Sin embargo, contó la artista, todos terminaban fascinados por aquella mujer de más de 80 años.
Esa combinación de rigor, vitalidad y deseo es la que busca recuperar en cada función. No se trata solamente de contar qué hizo una científica, sino de reconstruir el impulso íntimo que la llevó a hacerlo.
Encontrar poesía en un laboratorio
Uno de los desafíos de Christiane es acercar el mundo científico a espectadores que no necesariamente conocen su lenguaje. La obra no convierte la investigación en una clase ni simplifica su complejidad: busca revelar la dimensión poética escondida en palabras, experimentos y procedimientos.
«No te das cuenta y te vas con un par de experimentos en el bolsillo», adelantó Pasqualini. Para la artista, «a cualquier lenguaje y a cualquier ámbito solo resta rascarle y descubrirle la poesía».
Hasta una palabra como «desoxicorticosterona» puede adquirir musicalidad y provocar una risa cuando encuentra su tiempo dentro de la escena. «Tiene que ver con poner la lupa en lugares donde no suele ponerse la lupa», explicó.
La obra también recupera las dificultades que atravesaron las mujeres dedicadas a la ciencia durante buena parte del siglo XX. Cuando Pasqualini le preguntó a su abuela si se consideraba feminista, Christiane respondió: «No, yo solo quería que a mí me dejaran hacer lo que quería hacer. Si se interpusiera en medio una mujer, un hombre, un bicho, córranse todos, allá voy».
Para su nieta, esa frase resume el espíritu de una mujer de vanguardia, decidida a abrirse paso sin aceptar que otros definieran sus límites.
Aunque puede ser vista por niños, Pasqualini considera que la propuesta resulta especialmente adecuada desde los 11 o 12 años. Advirtió, sin embargo, que su carácter ameno no le quita profundidad: «Es una obra muy intensa, es muy emotiva, es inspiracional, salís con ganas de hacer cosas».
En el Paraninfo, ese recorrido íntimo encontrará un marco particularmente significativo. La apertura de la Semana de la Ciencia comenzará no con una conferencia o una sucesión de datos, sino con una actriz frente al piano, intentando que una investigadora vuelva a respirar durante el breve tiempo de una función.