La suplantación de identidad a través de WhatsApp se convirtió en una de las modalidades que genera mayor preocupación entre los usuarios. Los delincuentes pueden descargar una foto de perfil, crear una cuenta con otro número y contactar a familiares, amigos o integrantes de una empresa para hacerse pasar por una persona conocida.
El mecanismo no implica necesariamente que la cuenta original haya sido hackeada. En muchos casos, los estafadores utilizan una línea telefónica nueva, colocan la foto de la víctima y envían un mensaje breve para instalar el engaño antes de realizar un pedido de dinero, datos o autorizaciones.
En diálogo con LT10, Marcelo Temperini, abogado y especialista en ciberseguridad, explicó que el primer paso para reducir los riesgos es limitar quién puede acceder a la información del perfil: “Existe la posibilidad en WhatsApp de configurar la privacidad de tal forma que aquel que yo no tenga agendado, no vea mi foto”.
Según detalló, los delincuentes pueden obtener la imagen, crear una cuenta paralela y comenzar a contactar a personas del entorno de la víctima. “Capturan esa foto, se arman con su WhatsApp paralelo, con ese otro número, y empiezan”, señaló.
La estrategia puede comenzar con un mensaje aparentemente inocente: “Hola, soy Andrea, este es mi nuevo número”, ejemplificó Temperini. El objetivo es evitar despertar sospechas y generar confianza antes de avanzar con una solicitud concreta.
“Dejan pasar el tiempo. ¿Por qué? Porque mucha gente... ¿puede ocurrir que alguien cambie su número? Sí, por supuesto”, explicó. De esa manera, la alerta inicial disminuye porque el contacto no pide dinero de inmediato, sino que intenta instalar la idea de que se trata de una persona conocida que cambió de teléfono.
La información que se publica también puede ser utilizada
Temperini advirtió que los ciberdelincuentes no solo necesitan una foto para llevar adelante el engaño. También pueden investigar los vínculos personales, laborales o familiares de una potencial víctima a partir de la información disponible en redes sociales.
“Con una red social tan simple como LinkedIn, vos podés saber toda la estructura de una organización, de una empresa. Entonces, yo puedo saber quién es el tesorero, quién es la contadora, quién es el director, quién toma determinadas decisiones”, explicó.
En ese sentido, remarcó que la información publicada en internet puede facilitar la selección de las personas a las que se dirigirán los mensajes. “Nosotros mismos estamos alimentando esa fuente de información”, sostuvo.
Los ataques suelen apuntar a personas que manejan dinero, autorizaciones o datos sensibles, aunque cualquier usuario puede ser víctima. Por eso, recomendó revisar la información expuesta públicamente y reducir al mínimo los datos personales disponibles en las redes.
Desconfiar y verificar por otra vía
Para el especialista, el cambio más importante debe ser cultural: dejar de asumir que quien escribe o llama es realmente la persona que dice ser.
“De alguna forma estamos en camino a que se invierta ese paradigma de confianza. Es decir, tenemos que presumir que quien nos llama no es quien dice ser. Hasta que demuestre lo contrario”, afirmó.
Ante un mensaje que informa un supuesto cambio de número, la recomendación es no continuar la conversación ni responder con información personal. “Si alguien me manda un mensajito diciendo 'hola, soy Juan, agéndame, este es mi nuevo número', desconfiar. En su caso, si yo lo conozco a Juan, llamarlo por teléfono”, indicó.
La verificación mediante una llamada puede permitir detectar la maniobra. “Este tipo de ataques nunca te van a atender un teléfono”, aseguró.
Temperini también aconsejó confirmar los canales oficiales antes de realizar reclamos o compartir datos. Los delincuentes pueden aprovechar publicaciones en redes sociales para hacerse pasar por empresas o servicios de atención al cliente y contactar a personas que manifestaron una queja.
“Siempre buscar, si voy a quejarme o algo, asegurarme de que estoy con el número oficial, vamos a decirlo, la cuenta oficial”, remarcó.
Privacidad y menos exposición
Entre las medidas preventivas, el especialista recomendó configurar al máximo las opciones de privacidad de WhatsApp. Esto incluye restringir quién puede ver la foto de perfil y evitar que personas desconocidas agreguen al usuario a grupos sin autorización.
“Primero, configuración de privacidad al máximo posible. Evitar que una persona me pueda agregar a un grupo sin mi permiso, que una persona pueda ver mi foto de WhatsApp sin que yo la agende. Tratar de levantar todas las barreras de privacidad posibles”, enumeró.
También aconsejó “publicar la menor cantidad de información personal en redes sociales”, ya que los datos disponibles pueden ser utilizados para construir engaños más creíbles y dirigidos a contactos específicos.
El especialista señaló que la evolución de la inteligencia artificial puede volver más complejas estas maniobras. “Las imágenes se cambian, las voces pueden imitarse. Las voces pueden clonarse sorprendentemente rápido y sorprendentemente con muy poco material”, advirtió.
Incluso aseguró: “Necesito menos de un minuto de voz de una persona para poder crear un audio”, una posibilidad que puede dificultar la identificación de mensajes falsos.
Frente a este escenario, Temperini consideró necesaria una mayor alfabetización digital para que la población pueda reconocer los riesgos y evitar entregar datos sensibles. “Tenemos que estar preparados”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de que el Estado brinde información sobre las nuevas modalidades de fraude.