El fútbol y las cábalas componen un matrimonio tan antiguo como el deporte mismo. Ante la proximidad de un evento definitorio, la tensión se apodera de los hinchas y los rituales domésticos se multiplican: usar una prenda determinada, sentarse en el mismo lugar del sillón o exigirle a un familiar que no se mueva de la cocina si el equipo mete un gol. Sin embargo, detrás de estas conductas aparentemente irracionales se esconde un mecanismo cerebral preciso y fundamental para el ser humano.
En diálogo con LT10, el neurólogo y especialista en neurociencias Hugo Valderrama detalló que las cábalas responden a una función puramente emocional. "Es una cuestión irracional nacida de una ilusión de control. Una cábala no modifica absolutamente nada el resultado externo, pero lo que sí hace es bajar los niveles de incertidumbre en el cerebro", precisó el especialista.
Para el diseño biológico del ser humano, la falta de certezas representa una de las peores amenazas posibles. "No hay nada peor que no saber qué tenemos enfrente o qué va a pasar. Al aferrarnos a un ritual, disminuimos la sensación de peligro y nos sentimos mejor", detalló.
El "sesgo de confirmación" y la química del alivio
Desde la perspectiva neurológica, este comportamiento se sostiene sobre un mecanismo cognitivo denominado sesgo de confirmación. El cerebro une de forma imaginaria dos factores causales que en la realidad no guardan ningún tipo de relación.
"Al creer en la cábala, el cerebro se predispone a bajar la ansiedad. Bioquímicamente, este proceso reduce la segregación de adrenalina y cortisol, que son las hormonas y neurotransmisores asociados al estrés", explicó Valderrama.
Asimismo, el especialista aclaró que el ser humano tiende a olvidar rápidamente los rituales que fallaron y a fijar en la memoria aquellos que coincidieron con el resultado esperado. "Las cábalas que no funcionan tendemos a evitarlas u olvidarlas; solo recordamos las que confirmaron lo que creíamos que iba a pasar. El cerebro busca patrones de forma constante: asume que cuando pasó tal cosa, luego ocurrió tal otra, aunque se trate de variables puramente azarosas", señaló.
¿Sirven las cábalas en los deportistas de élite?
A diferencia de lo que ocurre con el hincha o el espectador, la cábala sí puede tener un impacto indirecto en el rendimiento de quien está dentro de la cancha. Si un futbolista o deportista se aferra a un objeto o a un procedimiento específico y realmente cree en él, esa acción predispone a su mente a un estado de mayor tranquilidad.
"Para el jugador que interviene directamente en lo que puede modificar, el ritual funciona como una herramienta de focalización y precompetencia", diferenció el neurólogo. No obstante, advirtió que existe una delgada línea entre una rutina de concentración y una conducta compulsiva. Un ejemplo emblemático en el deporte mundial es el del tenista Rafael Nadal y sus estrictos movimientos antes de sacar.
"Cuando la necesidad de realizar estos rituales aumenta a la par de la ansiedad, podemos estar bordeando un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). En medicina no existe el término 'cábala'; hablamos de criterios diagnósticos donde el cerebro, de manera automática, exige cumplir un ritual para aplacar el estrés. Se considera patológico cuando afecta el desarrollo normal de la vida diaria o retrasa la actividad que se debe ejecutar", alertó.
El mito del "mufa" y el verdadero trabajo en equipo
Consultado sobre el reverso de la cábala —la estigmatización de ciertas personas bajo la condición de "mufas" o "piedras"—, Valderrama fue tajante al asegurar que se trata de otra construcción ficticia del cerebro en su afán por justificar lo impredecible.
"La figura del mufa no existe. Es una relación externa que se establece erróneamente sobre un tercero. Si un influencer o un dirigente político va a la cancha y el equipo pierde, se lo culpa a él olvidando que en el estadio hay miles de personas más y que el juego depende de factores estadísticos y probabilísticos. Lo único real es la influencia psicológica: si la presencia de una figura de autoridad le genera una presión extra al jugador, eso sí puede alterar su rendimiento a partir de lo que racionaliza, pero jamás por una cuestión mágica", diferenció.
Finalmente, el profesional contrapuso la ilusión de las cábalas con las herramientas racionales y científicas que posee el ser humano para superar momentos de crisis o alta competencia.
