La soprano santafesina Virginia Tola pasó por los estudios de LT10 antes de volver a viajar al exterior y dejó una charla íntima atravesada por los recuerdos, la música y la emoción. Durante la entrevista, habló de su recorrido por los grandes escenarios del mundo, de su vínculo con Santa Fe y de cómo sigue encontrando en la voz una forma de tocar el corazón de la gente.
Hay voces que llenan teatros. Y hay otras que, incluso antes de empezar a cantar, ya transforman el clima de un estudio. La visita de Virginia Tola a LT10 tuvo algo de esos encuentros difíciles de encasillar: fue entrevista, fue reencuentro y también fue una escena cargada de memoria y emoción.
La artista santafesina, con una carrera que la llevó a cantar en los escenarios más importantes del mundo, pasó por los estudios de la radio antes de emprender un nuevo viaje. Entre anécdotas, recuerdos y reflexiones sobre la música y el paso del tiempo, dejó una conversación íntima y cálida, con el tono de quien recorrió mucho, pero todavía se conmueve cuando vuelve a casa.
El recuerdo de Juan Pablo II
Uno de los momentos más intensos apareció cuando al aire volvieron a mostrarle aquellas imágenes de juventud, cuando con apenas 19 años sorprendió a Juan Pablo II durante una audiencia papal y le cantó frente a miles de personas.
La emoción fue inmediata.
“Me siento la misma persona. Siento que pasó un montón de tiempo y siento la misma voz dentro”, dijo, todavía atravesada por el recuerdo.
Después hizo una pausa y dejó una frase que resumió buena parte de la charla: “Sigo creyendo en que mi voz vino para tocar los corazones. Y eso es lo que quiero hacer y para eso estoy”.
No habló solamente de escenarios ni de carrera. También habló de fidelidad a una misma, de sostener el rumbo aun en medio de pruebas y cambios. “Me reconozco y me gusta reconocerme porque eso habla para mí de un camino mío en el que siempre fui bastante fiel a mí misma”, dijo.
Una deportista de elite
Virginia nació artísticamente en el coro municipal de Santo Tomé y después llegó al Teatro Colón, Europa, Asia y las grandes producciones internacionales. Pero el recorrido, dejó en claro, nunca fue solamente artístico.
Contó que la vida del cantante de ópera exige disciplina física y emocional. “Yo siempre dije que un cantante de ópera es un deportista de elite”, explicó.
Y desarrolló la idea con naturalidad: el cuerpo, la mente y lo espiritual forman parte del mismo entrenamiento. Dormir bien, entrenar, sostener vínculos, trabajar la cabeza y encontrar espacios de equilibrio.
“Creer en alguien que sea más que vos para poder remitirte a eso cuando te falla algo”, resumió.
El registro de Santa Fe
Durante años vivió meses enteros lejos de casa: Bélgica, Ámsterdam, China, Japón, Tailandia, toda Europa y decenas de teatros. No como turista, sino como artista en plena temporada.
“Voy a vivir esa vida y a estar ensayando”, contó.
Y aun así, cuando habló de Santa Fe apareció otro registro.
“Aquí en Santa Fe principalmente soy muy querida. La verdad que siento mucho el cariño, el amor de la gente”, dijo con una sonrisa que en la radio también se notó.
La conversación avanzó después hacia una faceta menos conocida: su presente como docente y formadora. En los últimos años empezó a dar clases y a trabajar con alumnos de todo el país, muchos de manera virtual.
“Hoy me considero más como una maestra holística de la voz”, explicó.
La definición no fue casual. Virginia contó que estudió distintas terapias, que la meditación forma parte de su rutina y que la intuición es una herramienta clave cuando acompaña a otra persona a encontrar su propia voz.
“Para mí la meditación es fundamental. Todos los días tener un momento para mí, para vaciar el alma, para vaciar la cabeza y empezar de nuevo”, dijo.
Las Elegidas y el grupo de WhatsApp
En otro tramo recordó su participación en Las Elegidas, aquel proyecto que reunió a voces argentinas de distintos géneros y que derribó varios prejuicios musicales.
Nombró a Valeria Lynch, Patricia Sosa, Soledad Pastorutti, Lucía Galán y Elena Roger. Y recordó entre risas que aquel grupo artístico terminó convirtiéndose también en un grupo de WhatsApp, un espacio de afecto y compañía cotidiana.
“Estamos todo el tiempo con lo que le pasa a cada una, con las enfermedades que tienen cada una, con las preocupaciones. Entonces eso es hermoso”, contó.
Hubo lugar además para hablar de repertorio, del vínculo con el público y de algo que la acompaña desde hace años: mezclar mundos.
Contó que aprendió mucho al lado de Plácido Domingo, especialmente esa idea de unir la ópera con canciones populares y tender puentes con el público.
“No todo el mundo entiende o sabe de ópera, aunque no hay que entender: hay que sentir”, dijo.
Sobre el final, la charla volvió al recuerdo que había abierto la mañana: a aquella escena frente a Juan Pablo II.
Virginia buscó una explicación para ese impulso que todavía hoy la conmueve y eligió una frase sencilla: “Yo vi entrar una energía, una vibración, algo tan fuerte… y dije: a este señor le quiero regalar algo mío”.
Y lo único que tenía era su voz.