En Colón hay una sensación que empieza a ganar terreno: alivio. Porque tras varios meses de conversaciones complejas, números difíciles de acomodar y una negociación que parecía no terminar nunca, Ignacio Lago finalmente pondrá la firma y renovará su vínculo hasta diciembre de 2027.
La dirigencia logró resolver en las últimas horas el principal obstáculo que quedaba pendiente: reunir el dinero correspondiente al retroactivo solicitado por la representación del jugador. Ese punto había frenado el acuerdo definitivo, pero ahora todo quedó encaminado para que el extremo selle la continuidad este martes.
La noticia tiene un impacto fuerte en varios frentes. Primero, en lo futbolístico. Porque Lago dejó de ser una apuesta para convertirse en una pieza determinante del equipo de Ezequiel Medrán. Hoy no solo es titular indiscutido, sino también el goleador en esta edición de la Primera Nacional. Su desequilibrio, velocidad y capacidad para resolver partidos lo transformaron en uno de los jugadores más valiosos del plantel. En un torneo tan largo y desgastante, sostener a las piezas que marcan diferencias pasa a ser casi una obligación.
Pero además había otra cuestión igual de sensible: el patrimonio. Colón necesitaba cerrar esta renovación para evitar un escenario incómodo a futuro, especialmente por la situación compartida del pase con Talleres, dueño del 50% restante de la ficha. Si Lago quedaba libre, el club corría el riesgo de perder muchísimo más que un futbolista importante. Algo que finalmente no sucederá. Tal como lo adelantó hace rato ya Diez en Deportes, pasará a ser el mejor pago del plantel.

Por eso, más allá de la firma, puertas adentro sienten que se cerró una novela que empezaba a generar demasiado ruido. En medio de un campeonato donde Colón pelea por volver a Primera, asegurar la continuidad de su jugador más determinante también funciona como un mensaje deportivo fuerte hacia adelante.