El empate ante Los Andes dejó sensaciones encontradas en Colón. Por un lado, una mejora evidente fuera de casa. Por el otro, la frustración de no haber capitalizado la superioridad mostrada, sobre todo tras una ráfaga adversa al inicio del complemento que terminó condicionando el resultado.
Pero más allá del análisis del juego, hubo un dato que pasó casi desapercibido y empieza a marcar una tendencia: la escasa presencia de futbolistas surgidos de las inferiores. Una vez más, el equipo de Ezequiel Medrán no tuvo jugadores formados en el club dentro de los 11 iniciales. La única aparición fue sobre el cierre, con algunos minutos para Tadeo Cardozo.
No es un caso aislado. Se repite. En lo que va de la temporada, los nombres de la cantera que lograron sumar rodaje son pocos. El arquero Tomás Paredes tuvo su oportunidad, al igual que el zurdo Conrado Ibarra. Sin embargo, ninguno logró consolidarse.
El dato es claro: hoy los juveniles aparecen más como alternativas que como piezas de peso en el armado del equipo. La decisión de Medrán parece estar enfocada en sostener una base de mayor experiencia para competir en una categoría exigente como la Primera Nacional. En ese esquema, los chicos corren desde atrás.
El dilema no es nuevo: apostar al resultado inmediato o darle espacio al desarrollo interno. Por ahora, la balanza se inclina hacia lo primero. Colón se mantiene competitivo y con aspiraciones importantes. Pero la baja incidencia de futbolistas formados en casa abre un interrogante a futuro. No solo por identidad, sino también por proyección y patrimonio del club.