Hace más de 150 días que los trabajadores sostienen la permanencia dentro de la planta para evitar el vaciamiento de la empresa. La medida comenzó luego de que los dueños dejaran de operar; desde entonces, las familias viven en condiciones precarias mientras esperan una solución.
En total, son 15 familias las que se turnan para cuidar el predio, aunque el conflicto alcanza a 155 trabajadores. La situación se agravó en los últimos días por una seguidilla de robos dentro de la planta, mientras las negociaciones continúan sin acuerdo. En diálogo con LT10, Fabiana Carabajal, empleada con 20 años de antigüedad, describió el escenario actual.
“Acá ya ha pasado un poco de todo. Justamente esta semana tuvimos muchos robos. Anoche se llevaron cuatro aires acondicionados que sacaron por la parte de atrás”, relató.
“La verdad es que se hace muy difícil porque cada vez es más desesperante; estamos poniendo en juego nuestra vida haciendo el trabajo de sereno sin siquiera cobrar un sueldo”, agregó Fabiana.
Subsistencia y trabas legales
La empleada explicó que hoy sobreviven gracias a "changas" y ventas informales dentro del predio: “Estamos en la parte donde antes era la descarga y la usamos como lavadero de autos. Después, las chicas hacen tortas asadas, tortas fritas y rosquitas para poder tener la comida del día”.
Según relató, la empresa dejó de funcionar, pero no avanzó con despidos formales ni con la declaración de quiebra, situación que impide a los trabajadores reorganizarse legalmente. “Le exigimos que presente la quiebra o que nos despida. Pero el dueño no quiere hacer ninguna de las dos cosas. Al no haber quiebra, no podemos formar una cooperativa”, explicó.
La trabajadora señaló que hubo audiencias en el Ministerio de Trabajo, aunque los propietarios nunca se presentaron personalmente. “Solo participaron vía Zoom y ni siquiera estuvieron ellos, sino un abogado. Nos dicen que están buscando una alternativa para sacar adelante la empresa”, indicó.
Un festival para "hacer ruido"
En medio de la incertidumbre, apareció la posibilidad de alquilar la planta, aunque las negociaciones siguen trabadas. “Se presentó un inquilino, pero no llegan a un acuerdo porque la antigüedad de la gente y los sueldos atrasados son la traba. Nadie se quiere hacer cargo”, sostuvo Carabajal.
Mientras esperan definiciones, este 1° de mayo decidieron organizar un festival solidario dentro del frigorífico para recaudar fondos y mantener visible el conflicto. “Más que nada queremos hacer ruido para que nos vean y decir que seguimos en la lucha, que tenemos ganas de trabajar y que esperamos una respuesta”, expresó.
La actividad incluye una peña con artistas locales y regionales, además de venta de locro y empanadas. “Muchos grupos se sumaron. Hay artistas de folclore, el Dipi Carabajal y Leandro Ledesma, entre otros”, comentó.
El impacto en las familias
Dentro de la planta viven también seis menores de edad. “El más chico creo que tiene dos años”, contó Fabiana, quien recordó que algunas familias tuvieron que modificar rutinas escolares y reorganizar completamente su vida cotidiana.
La incertidumbre atraviesa todos los aspectos de la vida laboral y familiar. “Figuramos como activos, pero no cobramos un peso”, resumió. Agregó que esa condición les impide acceder a otros empleos registrados: “Cuando buscamos un trabajo en blanco, nos dicen que no podemos porque primero tenemos que renunciar al otro”.
En el Día del Trabajador, Fabiana reconoció el impacto emocional que implica atravesar esta situación tras dos décadas en la firma: “La verdad es que es muy triste”. A pesar del desgaste, el reclamo sigue siendo el mismo: “Nosotros esperamos volver a trabajar, es lo único que pedimos”.