La Copa Argentina suele tener esas noches donde todo se define en un suspiro. Esta vez, el que terminó con las manos vacías fue Gimnasia y Esgrima, que cayó en la tanda de penales 4-3 frente a Gimnasia y Tiro tras igualar 0 a 0 en los 90 minutos.
El cruce, disputado en el estadio de Los Andes, tuvo más roce que juego. Con poco público en las tribunas y mucha fricción dentro de la cancha, ambos equipos quedaron en deuda desde lo futbolístico. Las situaciones escasearon y el desarrollo se volvió trabado, cortado y sin ritmo.
Dentro de ese contexto, la más clara del primer tiempo fue para el Lobo, pero Mondino no logró resolver con precisión y el cero se mantuvo inamovible. Ya en el complemento, y con la lluvia como protagonista, el partido se abrió apenas en intenciones. Hubo cambios, variantes ofensivas y una leve sensación de que el conjunto dirigido por Franco podía inclinar la balanza.
Sin embargo, la eficacia nunca apareció. Ni siquiera en la chance más nítida, que Ferreyra dejó escapar cuando el partido se moría. Así, el destino quedó sellado: penales.
Y ahí, la historia cambió de dueño. A Gimnasia le atajaron los primeros dos remates y, aunque logró mantenerse con vida en una definición cargada de errores, nunca terminó de acomodarse. Hubo tiros desviados, intervenciones de los arqueros y hasta un gol anulado por doble toque tras un resbalón de Walter Montoya.
La serie se estiró, se volvió tensa, pero terminó inclinándose para el lado salteño. Galetto convirtió el penal decisivo y desató el festejo de Gimnasia y Tiro, que avanzó a los 16avos de final donde lo espera Vélez Sarsfield.
Para el Lobo, en cambio, quedó la frustración de una noche donde tuvo más insinuaciones que certezas y donde, otra vez, los detalles marcaron el final de su camino.