En las últimas semanas, una imagen recurrente comenzó a llamar la atención de los transeúntes: estructuras de gran tamaño, con formas que de lejos podrían confundirse con una pizza o un plato de comida, brotando de los canteros y troncos de los árboles. Aunque para muchos resulten extraños o incluso amenazantes —evocando escenarios de series como The Last of Us—, los especialistas aseguran que son viejos conocidos del ecosistema urbano.
Se trata, en su mayoría, de ejemplares del género Ganoderma. Estos son organismos descomponedores de madera que cumplen una función vital en el ciclo de la naturaleza: la degradación de la materia orgánica.
¿Por qué aparecen ahora?
Según explican los expertos, estos hongos siempre han estado allí, pero gran parte de su vida transcurre de forma microscópica dentro del entramado de los árboles. Lo que vemos ahora son los llamados macrohongos, que representan solo la fase reproductiva del organismo.
El contexto climático actual, caracterizado por otoños lluviosos y humedad persistente, ha generado el escenario ideal para que estas estructuras "salgan a la superficie". Su función es liberar esporas que, transportadas por el viento, buscan colonizar nuevos espacios. En términos sencillos, funcionan de manera similar a las semillas en las plantas.
Un indicador de la salud del arbolado
Más allá de lo visual, la presencia de estos hongos es un mensaje sobre el estado del ejemplar donde se alojan. "Es un indicador del estado del árbol", subrayan los especialistas. Al ser organismos que se alimentan de madera, su aparición suele estar vinculada a procesos de degradación interna del tronco.
- Recomendaciones para el vecino: Desde las áreas de ambiente se recomienda:
- No quitarlos ni intervenir: Si se retiran, se pierde información valiosa para los inspectores que evalúan la salud del árbol.
- Dar aviso: Ante la aparición de ejemplares de gran tamaño en el arbolado público, lo ideal es informar a las áreas municipales correspondientes para que se realice un seguimiento técnico.
Bajo el cemento de las ciudades, la vida sigue operando con sus propias reglas y estos "hongos gigantes" son un recordatorio de la compleja red biológica que sostiene el paisaje urbano.