En una charla exclusiva con LT10, el historiador y politólogo Manuel Cuesta Morúa describió un escenario de colapso absoluto en Cuba, marcado por una crisis energética, alimentaria y de transporte. Según el intelectual radicado en La Habana, el régimen de Miguel Díaz-Canel solo logra sostener el control social mediante el uso sistemático de los medios de represión y coerción.
Morúa definió el clima que se respira en la isla como "una mezcla muy bien combinada entre incertidumbre, malestar, ira e incapacidad del régimen para resolver".
Al abordar las causas del descontento popular, el ensayista fue tajante al señalar que la narrativa oficialista sobre el bloqueo externo ya no tiene eco en las calles cubanas. La población identifica claramente a los responsables de sus penurias diarias basándose en su propia experiencia cotidiana. Sobre este punto, Cuesta Morúa aseguró que "el reproche básicamente es al régimen; no han visto, no creo que se verán en el futuro ningunas manifestaciones de la gente en la calle diciendo Trump es el culpable".
El futuro político de la isla también estuvo en el centro del análisis, destacando una presión "mayúscula" sobre la figura presidencial que podría derivar en su sustitución antes de 2028. Existe un cuestionamiento transversal, incluso dentro de la élite gobernante, sobre la capacidad de Díaz-Canel para liderar un momento de crisis tan profunda.
La demanda fundamental de la sociedad civil organizada sigue siendo la apertura de un proceso que conduzca a elecciones libres, democráticas y pluralistas, junto con el cese inmediato del hostigamiento estatal.
Un elemento clave en las recientes movilizaciones es el recambio generacional, con jóvenes nacidos después del año 2000 que están totalmente divorciados del discurso de la revolución. Para estos sectores, que han crecido viendo la frustración de sus padres, la situación ha traspasado el límite de lo tolerable.
Cuesta Morúa explicó que "la gente se animó porque la crisis es existencial, no de sobrevivencia", lo que genera una mentalidad en la que el ciudadano siente que ya no tiene nada que perder.
Por último, el entrevistado lanzó una fuerte advertencia sobre la seguridad y el estado de los servicios básicos, señalando que lugares emblemáticos como el Malecón permanecen a oscuras. El país enfrenta una posible parálisis generalizada a finales de marzo si no ingresan nuevos cargamentos de combustible. Ante el aumento de la violencia urbana, Morúa fue contundente con los potenciales turistas: "si tuviera que hacer alguna alerta a los argentinos, le diría que no es el momento de venir a Cuba".
