Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
Viernes 04 de Mayo de 2012 - 13:04 hs
En busca de mejores melones santafesinos
En Argentina se destinan unas 3.000 hectáreas de campo para cultivar melones. La principal producción se concentra en Santiago del Estero, San Juan y Mendoza, y en menor medida en Salta, Entre Ríos y La Rioja. Mientras tanto, en Santa Fe existe un creciente interés de los productores por este cultivo. Es por ello que investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) estudiaron el efecto de la temperatura sobre los frutos y experimentaron en tecnologías que permitan mejorar su calidad en esta región.
Según explicó Carlos Bouzo, del departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la UNL, Santa Fe no es una provincia productora típica de melón. “Podría ser incorporado en la región, pero todavía hay que resolver muchos problemas de calidad”, afirmó.
A esa conclusión arribaron luego de estudiar los efectos de la temperatura sobre variedades de melón cantaloupe, piel de sapo, amarillo y rocío de miel y de aplicar un sistema de fertilización mediante fertirriego.
Bouzo destacó que el melón es un cultivo de alta estacionalidad, que además tiene una vida de poscosecha relativamente corta, aunque dependiente de las variedades. “Por ello existía la necesidad de generar conocimientos que permitieran incrementar no sólo la duración del producto luego de la cosecha, sino también su calidad de aroma y sabor”, contó.
El investigador destacó que en el país existen zonas de producción denominadas “tempranas”, que por sus condiciones climáticas temperadas durante el invierno permiten el ingreso de melón a los mercados nacionales de manera anticipada. En estas zonas se encuentra Orán en Salta, Santiago del Estero y Chajarí, en el extremo noreste de Entre Ríos. Luego, se encuentran las zonas tradicionales de producción de estación, que son las que tienen mayor calidad como es el caso de la región de Cuyo, básicamente en San Juan y Mendoza. También en los últimos años está creciendo la producción en La Rioja.
“Sin embargo, en Santa Fe nos situamos en una condición intermedia de ingreso a los mercados, porque no es esta provincia una productora típica de melón. Podría serlo, pero hay que resolver problemas como el rajado de la fruta, la menor duración en poscosecha o el tenor de azúcares”, relató.
Para conocer las particularidades de la fruta en el contexto santafesino, estudiaron el efecto de la temperatura sobre el desarrollo del cultivo mediante la utilización de un modelo fenológico. El trabajo fue realizado sobre cuatro variedades diferentes de melón y los resultados son importantes porque a través de la temperatura puede predecirse el futuro desarrollo del cultivo y anticiparse a la dosis de fertilizantes a utilizar mediante fertirriego, un método que brinda agua y sales fertilizantes solubles al cultivo.
Trabajaron en Colón (Entre Ríos), Coronda, Ángel Gallardo y Esperanza (Santa Fe) y Media Agua (San Juan), donde utilizaron la técnica de la fertilización foliar. Según Bouzo, la conclusión fue que no es posible asegurar totalmente el éxito del sistema de aplicación de nutrientes, porque se deben tener en cuenta las condiciones ambientales de la zona, el momento de aplicación en función del estado de desarrollo del cultivo y la hora del día en que se realiza.
Finalmente, el investigador destacó que es necesario continuar con la investigación sobre este cultivo, principalmente en cuestiones vinculadas con el estrés térmico, cuestión que será posible gracias al apoyo que realiza la UNL mediante el programa de Curso de Acción para la Investigación y Desarrollo.
Según explicó Carlos Bouzo, del departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la UNL, Santa Fe no es una provincia productora típica de melón. “Podría ser incorporado en la región, pero todavía hay que resolver muchos problemas de calidad”, afirmó.
A esa conclusión arribaron luego de estudiar los efectos de la temperatura sobre variedades de melón cantaloupe, piel de sapo, amarillo y rocío de miel y de aplicar un sistema de fertilización mediante fertirriego.
Bouzo destacó que el melón es un cultivo de alta estacionalidad, que además tiene una vida de poscosecha relativamente corta, aunque dependiente de las variedades. “Por ello existía la necesidad de generar conocimientos que permitieran incrementar no sólo la duración del producto luego de la cosecha, sino también su calidad de aroma y sabor”, contó.
El investigador destacó que en el país existen zonas de producción denominadas “tempranas”, que por sus condiciones climáticas temperadas durante el invierno permiten el ingreso de melón a los mercados nacionales de manera anticipada. En estas zonas se encuentra Orán en Salta, Santiago del Estero y Chajarí, en el extremo noreste de Entre Ríos. Luego, se encuentran las zonas tradicionales de producción de estación, que son las que tienen mayor calidad como es el caso de la región de Cuyo, básicamente en San Juan y Mendoza. También en los últimos años está creciendo la producción en La Rioja.
“Sin embargo, en Santa Fe nos situamos en una condición intermedia de ingreso a los mercados, porque no es esta provincia una productora típica de melón. Podría serlo, pero hay que resolver problemas como el rajado de la fruta, la menor duración en poscosecha o el tenor de azúcares”, relató.
Para conocer las particularidades de la fruta en el contexto santafesino, estudiaron el efecto de la temperatura sobre el desarrollo del cultivo mediante la utilización de un modelo fenológico. El trabajo fue realizado sobre cuatro variedades diferentes de melón y los resultados son importantes porque a través de la temperatura puede predecirse el futuro desarrollo del cultivo y anticiparse a la dosis de fertilizantes a utilizar mediante fertirriego, un método que brinda agua y sales fertilizantes solubles al cultivo.
Trabajaron en Colón (Entre Ríos), Coronda, Ángel Gallardo y Esperanza (Santa Fe) y Media Agua (San Juan), donde utilizaron la técnica de la fertilización foliar. Según Bouzo, la conclusión fue que no es posible asegurar totalmente el éxito del sistema de aplicación de nutrientes, porque se deben tener en cuenta las condiciones ambientales de la zona, el momento de aplicación en función del estado de desarrollo del cultivo y la hora del día en que se realiza.
Finalmente, el investigador destacó que es necesario continuar con la investigación sobre este cultivo, principalmente en cuestiones vinculadas con el estrés térmico, cuestión que será posible gracias al apoyo que realiza la UNL mediante el programa de Curso de Acción para la Investigación y Desarrollo.
Fuente: unl
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