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Miércoles 08 de Febrero de 2012 - 08:33 hs
Europa estrena otro cohete
Sobre la misma plataforma de cemento desde la que se lanzó el primer cohete europeo Ariane hace más de 32 años está ahora preparado para su vuelo inaugural, el 13 de febrero, el nuevo lanzador Vega, un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) que pretende completar la gama de cohetes de la que dispone Europa. La reutilización de la plataforma (todo lo demás es nuevo) pone de relieve la madurez de las actividades en la base espacial europea en Kourou (Guayana Francesa), desde donde ya se han lanzado más de 200 Ariane (ahora en una versión, la quinta, mucho más pesada que el pequeño Ariane 1) y, desde el año pasado, los cohetes rusos Soyuz.
Cerca de la plataforma de lanzamiento, rodeada de fuertes medidas de seguridad, están los escombros amontonados de un gran edificio, auxiliar en la primera época y ahora demolido para permitir el despegue del Vega. A varios kilómetros de distancia, en distintas direcciones, en la selva de la costa guayanesa, están las plataformas de los cohetes Ariane 5 (donde se prepara el lanzamiento del tercer carguero europeo ATV a la Estación Espacial Internacional) y Soyuz, que espera el tercer cohete que se lanzará desde la base europea.
Vega, de 30 metros de altura, puede lanzar cargas pequeñas y medianas a órbitas muy diversas. Se define como un cohete que sitúa 1.500 kilogramos en órbita polar de 700 kilómetros de altitud, pero es flexible y su carga útil va desde los 300 a los 2.500 kilogramos, en función del tipo y la altitud de la órbita requerida por el cliente. En cuanto a la configuración, puede lanzar desde un único satélite a un satélite principal más microsatélites. En su vuelo de calificación, muy arriesgado como lo son todos los primeros vuelos de un cohete, tiene por objetivo poner en órbita el LARES y el ALMASAT, de la Agencia Espacial Italiana (ASI), junto con siete CubeSats (microsatélites educativos) de universidades europeas, entre ellos el Xacobeo, de la Universidad de Vigo, en colaboración con el INTA.
“Vega lanzará sobre todo satélites que dan servicios de observación de la Tierra, y también científicos”, explica Stefano Bianchi, director del programa en la ESA. Entre los nervios del próximo lanzamiento, reflexiona ante los periodistas que visitan, mientras cae un fuerte aguacero, el cohete encerrado todavía en su torre móvil de nueve pisos de altura que se retira para el despegue: “Esta industria es de excelencia, un fracaso y fuera, todo el mundo puede ver si funciona o no”. Dos días antes, el visitante había sido el presidente francés Sarkozy, al que acompañó el director de lanzadores de la ESA, Antonio Fabrizi.
En la visita de los informadores, patrocinada por la ESA, queda clara la gran complejidad de cualquier programa espacial: “La cultura ingenieril espacial es muy particular. Son procesos muy complejos con decenas de empresas de diferentes países que trabajan juntas”, dice Bianchi.
El Vega es especialmente complejo porque tiene nada menos que cuatro etapas más la carga, algo que ya no se lleva en el mundo de los cohetes y que provoca cierta desconfianza entre algunos expertos. Para ahorrar costes, el motor principal, de combustible sólido y nuevo diseño, tiene el mismo diámetro que los propulsores laterales del Ariane 5. Se llama P80 y su desarrollo fue financiado por el Gobierno italiano.
“Será el objeto más denso del Sistema Solar”, comenta Enrico Flamini, director de ASI, acerca del satélite principal en el nuevo cohete. LARES es una misión científica para medir con gran precisión un efecto de la teoría de la relatividad general: la distorsión del espacio tiempo por una masa que gira. Se trata de una esfera de tungsteno de solo 36 centímetros de diámetro pero 386 kilogramos de masa y con 92 espejos que permitirán seguirlo con láser desde la Tierra. “Las precisas medidas beneficiarán a los estudios de relatividad y también a aplicaciones actuales como el GPS”, subraya Flamini. Mientras trabajan intensamente en tres turnos diarios para verificar que todo está bien para el lanzamiento, los ingenieros se preparan para el gran día. “Seré el encargado de iniciar la cuenta atrás final, la del diez, nueve, ocho...”, comenta en Kourou Ignasi Pardos, un ingeniero de sistemas español que está inmerso en los preparativos del Vega.
El proyecto nació a iniciativa de Italia por lo que la industria y la agencia espacial de ese país tienen una participación mayoritaria, aunque también han contribuido empresas españolas como Casa Espacio, Sener, Crisa y GTD (con un retorno del 4,6%). Será explotado, como los Ariane y Soyuz, desde Kourou por la empresa Arianespace con un precio de unos 32 millones de euros por lanzador. Su presidente ejecutivo, Jean-Yves Le Gall, comentó en una reciente visita a Madrid que se han firmado ya los dos primeros contratos comerciales, para sendos satélites Sentinel (con radar), dentro del programa GMES de observación de la Tierra y seguridad de la ESA. Respecto al hecho de que no esté previsto un segundo lanzamiento de Vega hasta el año que viene, explicó a este periódico que no hay tantos pequeños satélites que lanzar y que los clientes del área de defensa y seguridad serán bienvenidos.
Arianespace, líder del sector, ha alcanzado una velocidad de crucero que le permite presumir de una racha de 46 lanzamientos con éxito del Ariane 5 continuados y pensar en siete lanzamientos más para este año, junto a cinco despegues del Soyuz (tres en Kourou y dos en Baikonur). Además, ESA prepara una nueva versión del Ariane, similar a la extinta versión cuarta del lanzador, cuya financiación será discutida en la próxima reunión de nivel ministerial de la agencia, a finales de este año.
Cerca de la plataforma de lanzamiento, rodeada de fuertes medidas de seguridad, están los escombros amontonados de un gran edificio, auxiliar en la primera época y ahora demolido para permitir el despegue del Vega. A varios kilómetros de distancia, en distintas direcciones, en la selva de la costa guayanesa, están las plataformas de los cohetes Ariane 5 (donde se prepara el lanzamiento del tercer carguero europeo ATV a la Estación Espacial Internacional) y Soyuz, que espera el tercer cohete que se lanzará desde la base europea.
Vega, de 30 metros de altura, puede lanzar cargas pequeñas y medianas a órbitas muy diversas. Se define como un cohete que sitúa 1.500 kilogramos en órbita polar de 700 kilómetros de altitud, pero es flexible y su carga útil va desde los 300 a los 2.500 kilogramos, en función del tipo y la altitud de la órbita requerida por el cliente. En cuanto a la configuración, puede lanzar desde un único satélite a un satélite principal más microsatélites. En su vuelo de calificación, muy arriesgado como lo son todos los primeros vuelos de un cohete, tiene por objetivo poner en órbita el LARES y el ALMASAT, de la Agencia Espacial Italiana (ASI), junto con siete CubeSats (microsatélites educativos) de universidades europeas, entre ellos el Xacobeo, de la Universidad de Vigo, en colaboración con el INTA.
“Vega lanzará sobre todo satélites que dan servicios de observación de la Tierra, y también científicos”, explica Stefano Bianchi, director del programa en la ESA. Entre los nervios del próximo lanzamiento, reflexiona ante los periodistas que visitan, mientras cae un fuerte aguacero, el cohete encerrado todavía en su torre móvil de nueve pisos de altura que se retira para el despegue: “Esta industria es de excelencia, un fracaso y fuera, todo el mundo puede ver si funciona o no”. Dos días antes, el visitante había sido el presidente francés Sarkozy, al que acompañó el director de lanzadores de la ESA, Antonio Fabrizi.
En la visita de los informadores, patrocinada por la ESA, queda clara la gran complejidad de cualquier programa espacial: “La cultura ingenieril espacial es muy particular. Son procesos muy complejos con decenas de empresas de diferentes países que trabajan juntas”, dice Bianchi.
El Vega es especialmente complejo porque tiene nada menos que cuatro etapas más la carga, algo que ya no se lleva en el mundo de los cohetes y que provoca cierta desconfianza entre algunos expertos. Para ahorrar costes, el motor principal, de combustible sólido y nuevo diseño, tiene el mismo diámetro que los propulsores laterales del Ariane 5. Se llama P80 y su desarrollo fue financiado por el Gobierno italiano.
“Será el objeto más denso del Sistema Solar”, comenta Enrico Flamini, director de ASI, acerca del satélite principal en el nuevo cohete. LARES es una misión científica para medir con gran precisión un efecto de la teoría de la relatividad general: la distorsión del espacio tiempo por una masa que gira. Se trata de una esfera de tungsteno de solo 36 centímetros de diámetro pero 386 kilogramos de masa y con 92 espejos que permitirán seguirlo con láser desde la Tierra. “Las precisas medidas beneficiarán a los estudios de relatividad y también a aplicaciones actuales como el GPS”, subraya Flamini. Mientras trabajan intensamente en tres turnos diarios para verificar que todo está bien para el lanzamiento, los ingenieros se preparan para el gran día. “Seré el encargado de iniciar la cuenta atrás final, la del diez, nueve, ocho...”, comenta en Kourou Ignasi Pardos, un ingeniero de sistemas español que está inmerso en los preparativos del Vega.
El proyecto nació a iniciativa de Italia por lo que la industria y la agencia espacial de ese país tienen una participación mayoritaria, aunque también han contribuido empresas españolas como Casa Espacio, Sener, Crisa y GTD (con un retorno del 4,6%). Será explotado, como los Ariane y Soyuz, desde Kourou por la empresa Arianespace con un precio de unos 32 millones de euros por lanzador. Su presidente ejecutivo, Jean-Yves Le Gall, comentó en una reciente visita a Madrid que se han firmado ya los dos primeros contratos comerciales, para sendos satélites Sentinel (con radar), dentro del programa GMES de observación de la Tierra y seguridad de la ESA. Respecto al hecho de que no esté previsto un segundo lanzamiento de Vega hasta el año que viene, explicó a este periódico que no hay tantos pequeños satélites que lanzar y que los clientes del área de defensa y seguridad serán bienvenidos.
Arianespace, líder del sector, ha alcanzado una velocidad de crucero que le permite presumir de una racha de 46 lanzamientos con éxito del Ariane 5 continuados y pensar en siete lanzamientos más para este año, junto a cinco despegues del Soyuz (tres en Kourou y dos en Baikonur). Además, ESA prepara una nueva versión del Ariane, similar a la extinta versión cuarta del lanzador, cuya financiación será discutida en la próxima reunión de nivel ministerial de la agencia, a finales de este año.
Fuente: elpais.com
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