El sujeto fue sorprendido mientras forzaba puertas de domicilios y cabinas de gas en la zona.
Hoy - CIPPEC publicó una radiografía de la industrialización
Miércoles 31 de Octubre de 2012 - 10:30 hs
La industria redujo su participación en el PBI y en el empleo
Un informe de CIPPEC revela que la construcción, los servicios y el empleo público dominan la estructura productiva. Aseguran que la protección arancelaria y la sustitución de importaciones no garantizan la integración de la Argentina en redes globales de producción industrial.
CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) publicó un nuevo documento que revela que la industria manufacturera argentina redujo su incidencia en el Producto Bruto Interno (PBI) y en el empleo.
El informe evidencia que entre 1996 y 2012 la importancia relativa de la industria manufacturera en términos reales pasó de un mínimo de 15,4% en 2002 a un máximo de 16,8% en 2004, para luego descender a niveles cercanos al 16%. Comparada con el PBI a precios constantes de 1993, la estructura productiva argentina continúa, igual que en la década de los noventa, dominada por los servicios y la construcción.
Desde 2007 la construcción y los servicios aumentaron su participación en el producto real. En cambio, entre 2003 y 2012 el sector primario (agricultura, ganadería y pesca) y la industria manufacturera redujeron su peso. “La Argentina muestra, en este sentido, una tendencia similar a la de otros países de la región como Chile o México, en los que el peso de los servicios aumentó en la última década”, indicó Lucio Castro, director del Programa de Integración Global de CIPPEC.
La participación del sector manufacturero en el PBI alcanzó un máximo del 25% en 2003, pero se redujo desde entonces hasta 2007, con una marcada caída en 2011. Según Eduardo Levy Yeyati, miembro del Consejo de Administración de CIPPEC y coautor del documento, el resto de América Latina sigue una tendencia similar y lo mismo sucede en países desarrollados como Australia y Canadá.
Al mismo tiempo, la contribución de la industria a la tasa neta de creación de empleo registrado fue limitada e incluso decreciente entre 2003 y 2012. Así, las principales fuentes de generación de empleo registrado fueron los servicios y la construcción, con una participación creciente del sector público a partir de 2008. “La tendencia a la formalización laboral en la industria manufacturera se estancó e incluso se revirtió levemente desde 2008”, precisó Castro.
Según CIPPEC, el costo laboral unitario industrial superó en 2007 el índice previo a la convertibilidad y se ubica hoy casi un 30% por encima del valor de 2001. El aumento se explica, sobre todo, por los aumentos en los costos laborales, que son superiores al incremento en los niveles de productividad, a diferencia, por ejemplo, del caso brasilero.
“La oferta laboral argentina, de salarios medios altos y productividad modesta, en un contexto de fuerte competencia global en manufacturas, con países de bajos salarios como China y sus vecinos, pone en duda las posibilidades de éxito de un modelo industrializador basado sobre la protección arancelaria y la sustitución de importaciones”, opinó Castro. El especialista agregó que en la actualidad el desarrollo no necesariamente pasa por un modelo de industrialización tradicional, sino que se puede combinar la oferta de servicios intensivos en trabajo calificado con la elaboración de recursos naturales.
Por otro lado, el informe señala que, dada la fragmentación transnacional de la producción, la industrialización está determinada en la actualidad por la capacidad de integrar redes globales a través del desarrollo de segmentos competitivos en algunos eslabones específicos. “Estas características implican decirle adiós a las modalidades tradicionales de industrialización por sustitución de importaciones de cadenas productivas enteras, ya que el proteccionismo aumenta los costos de los sectores industriales locales altamente dependientes de los insumos extranjeros”, precisó Levy Yeyati.
El documento publicado por CIPPEC también analiza el impacto del modelo fueguino de promoción fiscal y protección para el sector industrial local. Según el informe, el costo del modelo de producción manufacturera en Tierra del Fuego para el erario público no es fácil de estimar debido a la presencia de subsidios cruzados y a que el Ministerio de Economía de la Nación reporta estimaciones del costo fiscal directo en términos de impuestos no percibidos.
En 2012 se destinarán al régimen fueguino cerca de $5.600 millones del presupuesto nacional, o casi el 50% de los esfuerzos de promoción económica para todo el país. Según datos provinciales oficiales, los trabajadores industriales registrados en Tierra del Fuego pasaron de 2.476 en 2003 a 9.669 en 2011. Sin embargo, la provincia solo explica un 1% del empleo registrado total y menos del 0,6% del trabajo industrial formal en la Argentina. “En otras palabras, su incidencia en la creación de empleo en el nivel nacional sigue siendo, en el menos de los casos, marginal”, apuntó Castro.
Además, la producción de Tierra del Fuego requiere muy bajo contenido nacional y se destina casi totalmente al mercado doméstico. Como consecuencia, este modelo produjo un aumento de las importaciones y del déficit comercial de la isla. Las importaciones y el rojo de la balanza comercial casi se duplicaron en los dos últimos años: el déficit pasó de poco más de US$2.000 millones en 2010 a alrededor de US$4.500 millones en 2012. Así, Tierra del Fuego explica este año alrededor del 7% de las importaciones totales de la Argentina.
“El modelo de sustitución fueguino involucra una merma importante y creciente de dólares, con una dependencia de componentes importados que, dadas las restricciones de escala y los escasos encadenamientos locales, difícilmente se revierta con el tiempo”, concluyó Levy Yeyati.
El informe evidencia que entre 1996 y 2012 la importancia relativa de la industria manufacturera en términos reales pasó de un mínimo de 15,4% en 2002 a un máximo de 16,8% en 2004, para luego descender a niveles cercanos al 16%. Comparada con el PBI a precios constantes de 1993, la estructura productiva argentina continúa, igual que en la década de los noventa, dominada por los servicios y la construcción.
Desde 2007 la construcción y los servicios aumentaron su participación en el producto real. En cambio, entre 2003 y 2012 el sector primario (agricultura, ganadería y pesca) y la industria manufacturera redujeron su peso. “La Argentina muestra, en este sentido, una tendencia similar a la de otros países de la región como Chile o México, en los que el peso de los servicios aumentó en la última década”, indicó Lucio Castro, director del Programa de Integración Global de CIPPEC.
La participación del sector manufacturero en el PBI alcanzó un máximo del 25% en 2003, pero se redujo desde entonces hasta 2007, con una marcada caída en 2011. Según Eduardo Levy Yeyati, miembro del Consejo de Administración de CIPPEC y coautor del documento, el resto de América Latina sigue una tendencia similar y lo mismo sucede en países desarrollados como Australia y Canadá.
Al mismo tiempo, la contribución de la industria a la tasa neta de creación de empleo registrado fue limitada e incluso decreciente entre 2003 y 2012. Así, las principales fuentes de generación de empleo registrado fueron los servicios y la construcción, con una participación creciente del sector público a partir de 2008. “La tendencia a la formalización laboral en la industria manufacturera se estancó e incluso se revirtió levemente desde 2008”, precisó Castro.
Según CIPPEC, el costo laboral unitario industrial superó en 2007 el índice previo a la convertibilidad y se ubica hoy casi un 30% por encima del valor de 2001. El aumento se explica, sobre todo, por los aumentos en los costos laborales, que son superiores al incremento en los niveles de productividad, a diferencia, por ejemplo, del caso brasilero.
“La oferta laboral argentina, de salarios medios altos y productividad modesta, en un contexto de fuerte competencia global en manufacturas, con países de bajos salarios como China y sus vecinos, pone en duda las posibilidades de éxito de un modelo industrializador basado sobre la protección arancelaria y la sustitución de importaciones”, opinó Castro. El especialista agregó que en la actualidad el desarrollo no necesariamente pasa por un modelo de industrialización tradicional, sino que se puede combinar la oferta de servicios intensivos en trabajo calificado con la elaboración de recursos naturales.
Por otro lado, el informe señala que, dada la fragmentación transnacional de la producción, la industrialización está determinada en la actualidad por la capacidad de integrar redes globales a través del desarrollo de segmentos competitivos en algunos eslabones específicos. “Estas características implican decirle adiós a las modalidades tradicionales de industrialización por sustitución de importaciones de cadenas productivas enteras, ya que el proteccionismo aumenta los costos de los sectores industriales locales altamente dependientes de los insumos extranjeros”, precisó Levy Yeyati.
El documento publicado por CIPPEC también analiza el impacto del modelo fueguino de promoción fiscal y protección para el sector industrial local. Según el informe, el costo del modelo de producción manufacturera en Tierra del Fuego para el erario público no es fácil de estimar debido a la presencia de subsidios cruzados y a que el Ministerio de Economía de la Nación reporta estimaciones del costo fiscal directo en términos de impuestos no percibidos.
En 2012 se destinarán al régimen fueguino cerca de $5.600 millones del presupuesto nacional, o casi el 50% de los esfuerzos de promoción económica para todo el país. Según datos provinciales oficiales, los trabajadores industriales registrados en Tierra del Fuego pasaron de 2.476 en 2003 a 9.669 en 2011. Sin embargo, la provincia solo explica un 1% del empleo registrado total y menos del 0,6% del trabajo industrial formal en la Argentina. “En otras palabras, su incidencia en la creación de empleo en el nivel nacional sigue siendo, en el menos de los casos, marginal”, apuntó Castro.
Además, la producción de Tierra del Fuego requiere muy bajo contenido nacional y se destina casi totalmente al mercado doméstico. Como consecuencia, este modelo produjo un aumento de las importaciones y del déficit comercial de la isla. Las importaciones y el rojo de la balanza comercial casi se duplicaron en los dos últimos años: el déficit pasó de poco más de US$2.000 millones en 2010 a alrededor de US$4.500 millones en 2012. Así, Tierra del Fuego explica este año alrededor del 7% de las importaciones totales de la Argentina.
“El modelo de sustitución fueguino involucra una merma importante y creciente de dólares, con una dependencia de componentes importados que, dadas las restricciones de escala y los escasos encadenamientos locales, difícilmente se revierta con el tiempo”, concluyó Levy Yeyati.
Fuente: cippec
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