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Domingo 27 de Marzo de 2011 - 13:17 hs
Con sus dos goles, Caruso le hizo cantar victoria a River
River es un equipo desconcertante, que de a ratos entusiasma a su gente y en otros le genera una mezcla de angustia e incertidumbre. River vive en un estado de excitación permanente: el promedio no lo deja descansar en paz pero, al mismo tiempo, en sus tribunas se canta que “ para ser campeón, hoy hay que ganar ”. River parece subido a una montaña rusa: pelea por la punta, pelea por olvidarse de la Promoción y pelea por volver a las copas. River es eso que se vio ayer en el Monumental: un equipo al que todo le cuesta una enormidad y cuya suerte de cada partido parece depender del lado para el que “pican” las circunstancias del juego. Ayer, por caso, lo ganó porque dos fallas del fondo de Newell’s y sendos guiños del azar le permitieron a Leandro Caruso demostrar que a los goles que se cansa de hacer en los entrenamientos, también los puede anotar por los puntos . Cuesta encontrar más argumentos para explicar un triunfo tan sufrido como clave desde lo numérico y lo anímico: además de otorgarle aire en la puja por la permanencia, los tres puntos le servirán para disimular un poco una actuación colectiva tan descolorida.
El nivel futbolístico de River fue entre pobre y preocupante hasta que Caruso marcó el segundo gol, a los 27 de la etapa final. Recién después del 2 a 1, cuando Newell’s se descontroló y se quedó con dos jugadores menos por las expulsiones de Schiavi y Bieler, generó un caudal de situaciones de gol a tono con las pretensiones de sus hinchas más optimistas. Sin embargo, Lamela y Buonanotte desperdiciaron dos chances de gol cada uno y el suspenso por el resultado se extendió hasta el último segundo porque River no terminó de ofrecer seguridad aun jugando con dos hombres más.
En el primer tiempo, River entregó su peor versión del torneo. Tras un arranque en el que amenazó a Newell’s con sendos disparos de afuera del área de Acevedo y de Lamela, se volvió un equipo apático y previsible. Acevedo se repetía en imprecisiones, Ferrari no sorprendía con sus escaladas, Pereyra entraba poco en juego y cuando lo hacía no brindaba soluciones, Lanzini estaba lejos de aportar la frescura que se espera de él, Lamela era una sí y una no , y a Caruso lo anticipaban casi siempre los defensores de Newell’s.
Con ese panorama, River necesitó de una ayuda del destino para ponerse en ventaja. En un intento de Schiavi por despejar, la pelota le rebotó a Pereyra y le quedó servida a Caruso, quien definió con calidad ante la salida de Peratta.
A diferencia de otros partidos, River no se caracterizó por el orden defensivo. En todo momento ofreció grietas de mitad de cancha hacia atrás. Y una de ellas fue aprovechada por Sperduti para marcar el 1 a 1 con un zurdazo.
Juan José López buscó un revulsivo con el ingreso de Buonanotte por Lanzini. Y River mejoró levemente, en especial porque entendió que, a falta de fútbol, también se puede ganar con coraje.
Pero dos descuidos en el fondo casi le cuestan el partido a River. En uno, Cristian Díaz anticipó a Ferrari y exigió a fondo a Carrizo. Y, en el otro, Juan Manuel Díaz se durmió ante Sperduti y el arquero volvió a parecerse al que gana partidos y no al que hace sufrir a su gente con ciertas muestras de suficiencia al jugar con los pies.
El gol del triunfo llegó en la primera chance que tuvo en el complemento. Gran habilitación de Buonanotte para Ferrari, centro, rechazo defectuoso de Lema y definición a lo goleador de Caruso. Pero igual terminó sufriendo por culpa de sus inseguridades. La victoria le servirá al menos para no vivir la semana de un modo traumático. Para un River en días difíciles, eso no es poco.
El nivel futbolístico de River fue entre pobre y preocupante hasta que Caruso marcó el segundo gol, a los 27 de la etapa final. Recién después del 2 a 1, cuando Newell’s se descontroló y se quedó con dos jugadores menos por las expulsiones de Schiavi y Bieler, generó un caudal de situaciones de gol a tono con las pretensiones de sus hinchas más optimistas. Sin embargo, Lamela y Buonanotte desperdiciaron dos chances de gol cada uno y el suspenso por el resultado se extendió hasta el último segundo porque River no terminó de ofrecer seguridad aun jugando con dos hombres más.
En el primer tiempo, River entregó su peor versión del torneo. Tras un arranque en el que amenazó a Newell’s con sendos disparos de afuera del área de Acevedo y de Lamela, se volvió un equipo apático y previsible. Acevedo se repetía en imprecisiones, Ferrari no sorprendía con sus escaladas, Pereyra entraba poco en juego y cuando lo hacía no brindaba soluciones, Lanzini estaba lejos de aportar la frescura que se espera de él, Lamela era una sí y una no , y a Caruso lo anticipaban casi siempre los defensores de Newell’s.
Con ese panorama, River necesitó de una ayuda del destino para ponerse en ventaja. En un intento de Schiavi por despejar, la pelota le rebotó a Pereyra y le quedó servida a Caruso, quien definió con calidad ante la salida de Peratta.
A diferencia de otros partidos, River no se caracterizó por el orden defensivo. En todo momento ofreció grietas de mitad de cancha hacia atrás. Y una de ellas fue aprovechada por Sperduti para marcar el 1 a 1 con un zurdazo.
Juan José López buscó un revulsivo con el ingreso de Buonanotte por Lanzini. Y River mejoró levemente, en especial porque entendió que, a falta de fútbol, también se puede ganar con coraje.
Pero dos descuidos en el fondo casi le cuestan el partido a River. En uno, Cristian Díaz anticipó a Ferrari y exigió a fondo a Carrizo. Y, en el otro, Juan Manuel Díaz se durmió ante Sperduti y el arquero volvió a parecerse al que gana partidos y no al que hace sufrir a su gente con ciertas muestras de suficiencia al jugar con los pies.
El gol del triunfo llegó en la primera chance que tuvo en el complemento. Gran habilitación de Buonanotte para Ferrari, centro, rechazo defectuoso de Lema y definición a lo goleador de Caruso. Pero igual terminó sufriendo por culpa de sus inseguridades. La victoria le servirá al menos para no vivir la semana de un modo traumático. Para un River en días difíciles, eso no es poco.
Fuente: Clarín
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