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Martes 15 de Marzo de 2011 - 00:49 hs
Paul Sherard: "La economía de Japón no va a descarrilar"
Desarrollada y vanguardista pero también envejecida y estancada, la economía japonesa se encontró con la tragedia en un momento en que prometía dejar atrás veinte largos años de letargo. Un desastre natural, que sembró el horror a una escala aterradora, amenaza ahora con desbaratar esa promesa.
Paul Sheard, economista jefe global de Nomura Securities, el banco de inversión más antiguo y más poderoso de Japón, considera que si bien la recuperación nipona quedará aplazada, no hay riesgo de una implosión en la tercera economía del mundo.
¿Qué tan duro será el golpe para la ya frágil economía japonesa?
El desastre es una tragedia humana terrible y representa un revés serio para la economía en términos de daños a la infraestructura y pérdida de riqueza (por no mencionar desde ya la pérdida en vidas). Pero creo que este evento demorará la salida de Japón de su letargo reciente más que descarrilar por completo la economía. Si nos basamos en lo que ocurrió tras el terremoto de Kobe de 1995, pienso que un colapso económico es un escenario demasiado pesimista. Claro que una recuperación en forma de V, apoyada por una rápida reacción de la demanda ante los esfuerzos de reconstrucción también resulta improbable. En el corto plazo, particularmente el trimestre de abril-junio, la tasa de crecimiento probablemente sea arrastrada por los problemas de abastecimiento pero luego, el gasto relacionado a la reconstrucción debería proveer impulso suficiente para estimular el crecimiento por varios trimestres. El consenso señalaba que Japón saldría de su estancamiento para el primer trimestre de este año, aunque nosotros esperábamos que lo hiciera recién en abril-junio. Ahora estimamos que eso ocurrirá más bien hacia julio-septiembre o posiblemente octubre-diciembre. En todo caso, esperamos que se confirme una sólida recuperación económica para el último trimestre del año.
¿Por qué Japón sufrió tanto en las últimas décadas?
El país quedó atrapado en una trampa deflacionaria luego de que estallara su burbuja y se cometió una serie de errores de política en los noventa de los que nunca se logró salir del todo. Mientras tanto, la psicología deflacionaria se apoderó de la mentalidad de la gente y los problemas demográficos empezaron a incrementarse con el envejecimiento de la población, generando cada vez más inquietud sobre la viabilidad futura del sistema de seguridad social y la erosión de la confianza pública en la clase gobernante y política en general. Después de la crisis financiera del 2008 y la Gran Recesión que siguió las exportaciones se derrumbaron en Japón y el nivel del PIB real cayó 10% en un año.
El Banco de Japón demostró estar listo para actuar. Pero con las tasas de interés en cero, ¿qué tanto puede hacer?
Con deflación y la atadura de las tasas en cero, la política monetaria convencional está muy limitada. Pero como ya demostraron la Fed y otros bancos centrales desde la crisis (y el propio Banco de Japón entre 2001 y 2006), aún es posible relajar la política monetaria vía la compra de activos y expandiendo el tamaño del balance de la entidad. Esta vez, el Banco de Japón se resistió a esta estrategia. De hecho, incrementó su balance en menos del 20% desde justo antes de la crisis, mientras que la Fed de EE.UU. lo expandió en alrededor de 180% en el mismo período. Por lo tanto, hoy Japón tiene mucho margen para relajar la política monetaria comprando deuda pública de largo plazo. Ya había avanzado algo en ese sentido en octubre pero hasta ahora sólo había dado pasos de bebé.
¿Habrá una revalorización brusca del yen?
No creo que vaya a apreciarse en forma dramática si bien cierto efecto repatriación es esperable. Mucho más preocupante es en realidad un posible giro en el apetito de riesgo de los inversores domésticos, incluyendo a las familias. Si el yen se apreciara fuerte como resultado de ese proceso, sería un movimiento desconectado de lo que indican los fundamentos y una amenaza para la recuperación que exacerbaría la deflación. En ese caso, el gobierno probablemente intervendría en el mercado de cambios y el banco central también tomaría medidas adicionales para suavizar la suba de la moneda.
Paul Sheard, economista jefe global de Nomura Securities, el banco de inversión más antiguo y más poderoso de Japón, considera que si bien la recuperación nipona quedará aplazada, no hay riesgo de una implosión en la tercera economía del mundo.
¿Qué tan duro será el golpe para la ya frágil economía japonesa?
El desastre es una tragedia humana terrible y representa un revés serio para la economía en términos de daños a la infraestructura y pérdida de riqueza (por no mencionar desde ya la pérdida en vidas). Pero creo que este evento demorará la salida de Japón de su letargo reciente más que descarrilar por completo la economía. Si nos basamos en lo que ocurrió tras el terremoto de Kobe de 1995, pienso que un colapso económico es un escenario demasiado pesimista. Claro que una recuperación en forma de V, apoyada por una rápida reacción de la demanda ante los esfuerzos de reconstrucción también resulta improbable. En el corto plazo, particularmente el trimestre de abril-junio, la tasa de crecimiento probablemente sea arrastrada por los problemas de abastecimiento pero luego, el gasto relacionado a la reconstrucción debería proveer impulso suficiente para estimular el crecimiento por varios trimestres. El consenso señalaba que Japón saldría de su estancamiento para el primer trimestre de este año, aunque nosotros esperábamos que lo hiciera recién en abril-junio. Ahora estimamos que eso ocurrirá más bien hacia julio-septiembre o posiblemente octubre-diciembre. En todo caso, esperamos que se confirme una sólida recuperación económica para el último trimestre del año.
¿Por qué Japón sufrió tanto en las últimas décadas?
El país quedó atrapado en una trampa deflacionaria luego de que estallara su burbuja y se cometió una serie de errores de política en los noventa de los que nunca se logró salir del todo. Mientras tanto, la psicología deflacionaria se apoderó de la mentalidad de la gente y los problemas demográficos empezaron a incrementarse con el envejecimiento de la población, generando cada vez más inquietud sobre la viabilidad futura del sistema de seguridad social y la erosión de la confianza pública en la clase gobernante y política en general. Después de la crisis financiera del 2008 y la Gran Recesión que siguió las exportaciones se derrumbaron en Japón y el nivel del PIB real cayó 10% en un año.
El Banco de Japón demostró estar listo para actuar. Pero con las tasas de interés en cero, ¿qué tanto puede hacer?
Con deflación y la atadura de las tasas en cero, la política monetaria convencional está muy limitada. Pero como ya demostraron la Fed y otros bancos centrales desde la crisis (y el propio Banco de Japón entre 2001 y 2006), aún es posible relajar la política monetaria vía la compra de activos y expandiendo el tamaño del balance de la entidad. Esta vez, el Banco de Japón se resistió a esta estrategia. De hecho, incrementó su balance en menos del 20% desde justo antes de la crisis, mientras que la Fed de EE.UU. lo expandió en alrededor de 180% en el mismo período. Por lo tanto, hoy Japón tiene mucho margen para relajar la política monetaria comprando deuda pública de largo plazo. Ya había avanzado algo en ese sentido en octubre pero hasta ahora sólo había dado pasos de bebé.
¿Habrá una revalorización brusca del yen?
No creo que vaya a apreciarse en forma dramática si bien cierto efecto repatriación es esperable. Mucho más preocupante es en realidad un posible giro en el apetito de riesgo de los inversores domésticos, incluyendo a las familias. Si el yen se apreciara fuerte como resultado de ese proceso, sería un movimiento desconectado de lo que indican los fundamentos y una amenaza para la recuperación que exacerbaría la deflación. En ese caso, el gobierno probablemente intervendría en el mercado de cambios y el banco central también tomaría medidas adicionales para suavizar la suba de la moneda.
Fuente: cronista.com
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