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Martes 08 de Febrero de 2011 - 10:23 hs
Un molusco asiático modifica la cadena alimenticia de la región
Investigadores afirman que el mejillón dorado puede incidir sensiblemente en la abundancia del plancton. Se trata de una especie foránea que colonizó rápidamente el río Paraná. Llegaron en barcos por el estuario del río de la Plata en 1991.
“Irreversible”. Así describieron científicos argentinos la presencia y el avance de colonización del mejillón dorado o Limnoperna fortunei, como se lo conoce por su nombre científico. Este molusco asiático descubierto en el estuario del Río de La Plata en 1991, probablemente fue introducido por la falta de controles a los barcos que ingresan al puerto de Buenos Aires. Bastaron sólo cinco años para que avance sobre el Paraná Medio y toda la cuenca del Plata. Ahora que se sabe de su presencia, investigadores del Instituto Nacional de Limnología (Inali) confirmaron que afecta sensiblemente la cadena trófica de la región, ya que se plantea como un importante depredador.
“Puede causar cambios en la composición y la abundancia del plancton. Ahora no sólo tenemos los peces alimentándose de esos microorganismos, sino que también tenemos a este molusco compitiendo con ellos”, explicó Susana José de Paggi, que estudia los hábitos de la especie con otros integrantes del Laboratorio de Plancton del Inali (UNL – CONICET).
El mejillón dorado se expandió rápidamente por el río Paraná. Su capacidad de fijarse a superficies duras, no enterrado en el sedimento como lo hacen la mayoría de las especies locales, y su alta capacidad reproductiva determinaron su agresiva colonización, ahora “irreversible”, según José de Paggi.
“Cuando vimos que era un organismo filtrador, nos preguntamos qué organismos incorpora cuando filtra el agua para alimentarse y cómo afecta esto al plancton (micro algas y animales que viven en suspensión en el agua), ya que de hecho éstos siempre fueron recurso de los peces, tanto en sus estadios larvales como en los adultos de régimen planctívoro. Nos encontrábamos ahora con un nuevo depredador”, sostuvo.
De acuerdo con la especialista, este molusco no sólo consume algas, que es algo que ya se sabía por estudios de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sino también zooplancton (rotíferos, cladóceros y copépodos).
El grupo analizó el estado actual del zooplancton de ambientes de la región y lo comparó con datos de épocas en que no estaba introducido el mejillón dorado. “Teníamos información sobre los ríos Colastiné y Santa Fe. Estudiamos en esos lugares a lo largo de un año y en similares puntos de muestreo, con los mismos métodos, analizando densidad y composición”, detalló José de Paggi.
Los estudios mostraron ahora la existencia de un zooplancton menos abundante, sobre todo a nivel de grupos más pequeños (rotíferos) respecto del hallado en décadas previas. También observaron una falta de asociación entre la densidad del zooplancton con el nivel hidrométrico, como se registraba en períodos previos a la invasión, donde la principal fuerza de control de las poblaciones era el ciclo hidrológico. Además, la concentración de clorofila del fitoplancton de los ríos también descendió, a pesar del incremento en la concentración de nutrientes de los últimos años por la urbanización y el uso de la tierra. A la vez, otro estudio mostró una disminución de la abundancia del zooplancton en el río Coronda, respecto de décadas anteriores.
Los cambios recientes en la abundancia del zooplancton en cauces secundarios del Paraná podrían deberse en parte al impacto del mejillón dorado, además de otros factores que también pueden impactar, como cambios en la regularidad del ciclo hidrológico, según la investigación.
“Puede causar cambios en la composición y la abundancia del plancton. Ahora no sólo tenemos los peces alimentándose de esos microorganismos, sino que también tenemos a este molusco compitiendo con ellos”, explicó Susana José de Paggi, que estudia los hábitos de la especie con otros integrantes del Laboratorio de Plancton del Inali (UNL – CONICET).
El mejillón dorado se expandió rápidamente por el río Paraná. Su capacidad de fijarse a superficies duras, no enterrado en el sedimento como lo hacen la mayoría de las especies locales, y su alta capacidad reproductiva determinaron su agresiva colonización, ahora “irreversible”, según José de Paggi.
“Cuando vimos que era un organismo filtrador, nos preguntamos qué organismos incorpora cuando filtra el agua para alimentarse y cómo afecta esto al plancton (micro algas y animales que viven en suspensión en el agua), ya que de hecho éstos siempre fueron recurso de los peces, tanto en sus estadios larvales como en los adultos de régimen planctívoro. Nos encontrábamos ahora con un nuevo depredador”, sostuvo.
De acuerdo con la especialista, este molusco no sólo consume algas, que es algo que ya se sabía por estudios de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sino también zooplancton (rotíferos, cladóceros y copépodos).
El grupo analizó el estado actual del zooplancton de ambientes de la región y lo comparó con datos de épocas en que no estaba introducido el mejillón dorado. “Teníamos información sobre los ríos Colastiné y Santa Fe. Estudiamos en esos lugares a lo largo de un año y en similares puntos de muestreo, con los mismos métodos, analizando densidad y composición”, detalló José de Paggi.
Los estudios mostraron ahora la existencia de un zooplancton menos abundante, sobre todo a nivel de grupos más pequeños (rotíferos) respecto del hallado en décadas previas. También observaron una falta de asociación entre la densidad del zooplancton con el nivel hidrométrico, como se registraba en períodos previos a la invasión, donde la principal fuerza de control de las poblaciones era el ciclo hidrológico. Además, la concentración de clorofila del fitoplancton de los ríos también descendió, a pesar del incremento en la concentración de nutrientes de los últimos años por la urbanización y el uso de la tierra. A la vez, otro estudio mostró una disminución de la abundancia del zooplancton en el río Coronda, respecto de décadas anteriores.
Los cambios recientes en la abundancia del zooplancton en cauces secundarios del Paraná podrían deberse en parte al impacto del mejillón dorado, además de otros factores que también pueden impactar, como cambios en la regularidad del ciclo hidrológico, según la investigación.
Fuente: unl
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