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Viernes 22 de Julio de 2011 - 18:11 hs
Nuevas evidencias de que el ejercicio podría mantener la agudeza del cerebro
Aunque comience a una edad tardía, la actividad física puede ayudar a conservar la capacidad mental, destacaron los investigadores.
Los adultos mayores que se mantienen activos podrían ayudar a reducir sus probabilidades de perder capacidades mentales, sugieren dos nuevos estudios publicados en la revista “Archives of Internal Medicine”
"Observamos una medida objetiva de actividad física. La mayoría de estudios anteriores observaban niveles autorreportados de actividad física, que siempre conllevan cierto error inherente", señaló la autora líder del primer estudio Laura E. Middleton, del Centro de Recuperación del Accidente Cerebrovascular de la Heart and Stroke Foundation, en el Instituto de Investigación Sunnybrook, en Toronto.
Al usar esta medida, los investigadores hallaron que los que estaban más físicamente activos tenían un riesgo 90 por ciento más bajo de desarrollar un declive cognitivo significativo, en comparación con los que estaban menos físicamente activos, apuntó.
"Debido a que este método puede capturar todos los tipos de actividad física, esto sugiere que la actividad física de baja intensidad podría ser importante", señaló Middleton. "No se trata solo de trotar, nadar o montar bicicleta, sino que tal vez tan solo moverse por la casa, realizar tareas, caminar al aire libre podría también ser una protección importante contra el deterioro cognitivo".
"No debemos solo animar a la gente a hacer ejercicio, sino disuadirles de ser sedentarias", añadió. Para el estudio, el equipo de Middleton recolectó datos sobre 197 hombres y mujeres que participaron en el estudio continuo de Edad, Envejecimiento y Composición Corporal. Los participantes tenían una edad promedio de 74 años cuando comenzaron el estudio, y ninguno tenía ninguna dificultad cognitiva, señalaron los investigadores.
Para determinar los efectos de la actividad sobre la capacidad mental, los investigadores midieron la cantidad total de energía utilizada por los participantes. Para hacerlo, usaron un método llamado "agua doblemente etiquetada", que muestra la cantidad de agua que pierde la persona, una medida objetiva de la actividad metabólica del individuo.
Durante entre dos y cinco años de seguimiento, el grupo de Middleton halló que los que tenían mayores niveles de actividad física tenían menos probabilidades de desarrollar cualquier déficit cognitivo, en comparación con los que tenían los menores niveles de actividad física.
Esos hallazgos fueron confirmados al pedir a los participantes que tomaran el Mini examen del estado mental modificado. Los investigadores también registraron factores como las puntuaciones del Mini examen del estado mental modificado al inicio del estudio, factores demográficos, masa corporal, sueño, salud autorreportada y diabetes.
Middleton señaló que aunque no se puede afirmar que estos hallazgos sean causales, "se trata de una asociación entre la actividad física y el cambio cognitivo".
En el segundo estudio, un equipo liderado por Marie-Noel Vercambre de la Fundación de Salud Pública de la Mutuelle Generale de l´Education Nationale en París, observó el efecto de la actividad física en mujeres que participaron en el Estudio cardiovascular de antioxidantes en las mujeres, que incluyó a mujeres con enfermedad vascular y tres o más factores de riesgo de enfermedad cardiaca.
El grupo de Vercambre determinó el nivel de actividad física en 2,809 mujeres al inicio del estudio, y cada dos años posteriormente. Además, llevaron a cabo entrevistas telefónicas con las mujeres, que incluían pruebas de capacidad mental y memoria. Las pruebas se administraron al inicio del estudio, y tres o más veces durante los próximos 5.4 años.
Los investigadores hallaron que las mujeres más físicamente activas tenían las tasas más bajas de desarrollo de declive cognitivo. Además, las mujeres que hacían caminatas a paso vivo por 30 minutos cada día, o su equivalente, tenían un riesgo más bajo de deterioro cognitivo.
El doctor Eric B. Larson, del Instituto de Investigación en Salud Grupal de Seattle y autor de un editorial acompañante en la revista, comentó que la asociación entre la actividad física y la capacidad mental probablemente tenga que ver con la salud vascular general.
"A medida que envejecemos, es probable que nuestros cerebros puedan soportar menos estrés", comentó. Pero el ejercicio mejora la salud vascular, añadió.
Larson cree que los beneficios del ejercicio sobre la capacidad mental pueden acumularse incluso si uno comienza a hacer ejercicio a una edad avanzada. "Podría haber incluso más beneficio, porque el estado es más arriesgado", dijo. "Para una persona mayor, simplemente seguir caminando es un beneficio inmenso".
Incluso tras el inicio de la demencia, el ejercicio puede resultar beneficioso, aseguró Larson. "Caminar una, dos o cuatro veces por semana con un cuidador lleva a mejores resultados y una persona más feliz", afirmó.
"Observamos una medida objetiva de actividad física. La mayoría de estudios anteriores observaban niveles autorreportados de actividad física, que siempre conllevan cierto error inherente", señaló la autora líder del primer estudio Laura E. Middleton, del Centro de Recuperación del Accidente Cerebrovascular de la Heart and Stroke Foundation, en el Instituto de Investigación Sunnybrook, en Toronto.
Al usar esta medida, los investigadores hallaron que los que estaban más físicamente activos tenían un riesgo 90 por ciento más bajo de desarrollar un declive cognitivo significativo, en comparación con los que estaban menos físicamente activos, apuntó.
"Debido a que este método puede capturar todos los tipos de actividad física, esto sugiere que la actividad física de baja intensidad podría ser importante", señaló Middleton. "No se trata solo de trotar, nadar o montar bicicleta, sino que tal vez tan solo moverse por la casa, realizar tareas, caminar al aire libre podría también ser una protección importante contra el deterioro cognitivo".
"No debemos solo animar a la gente a hacer ejercicio, sino disuadirles de ser sedentarias", añadió. Para el estudio, el equipo de Middleton recolectó datos sobre 197 hombres y mujeres que participaron en el estudio continuo de Edad, Envejecimiento y Composición Corporal. Los participantes tenían una edad promedio de 74 años cuando comenzaron el estudio, y ninguno tenía ninguna dificultad cognitiva, señalaron los investigadores.
Para determinar los efectos de la actividad sobre la capacidad mental, los investigadores midieron la cantidad total de energía utilizada por los participantes. Para hacerlo, usaron un método llamado "agua doblemente etiquetada", que muestra la cantidad de agua que pierde la persona, una medida objetiva de la actividad metabólica del individuo.
Durante entre dos y cinco años de seguimiento, el grupo de Middleton halló que los que tenían mayores niveles de actividad física tenían menos probabilidades de desarrollar cualquier déficit cognitivo, en comparación con los que tenían los menores niveles de actividad física.
Esos hallazgos fueron confirmados al pedir a los participantes que tomaran el Mini examen del estado mental modificado. Los investigadores también registraron factores como las puntuaciones del Mini examen del estado mental modificado al inicio del estudio, factores demográficos, masa corporal, sueño, salud autorreportada y diabetes.
Middleton señaló que aunque no se puede afirmar que estos hallazgos sean causales, "se trata de una asociación entre la actividad física y el cambio cognitivo".
En el segundo estudio, un equipo liderado por Marie-Noel Vercambre de la Fundación de Salud Pública de la Mutuelle Generale de l´Education Nationale en París, observó el efecto de la actividad física en mujeres que participaron en el Estudio cardiovascular de antioxidantes en las mujeres, que incluyó a mujeres con enfermedad vascular y tres o más factores de riesgo de enfermedad cardiaca.
El grupo de Vercambre determinó el nivel de actividad física en 2,809 mujeres al inicio del estudio, y cada dos años posteriormente. Además, llevaron a cabo entrevistas telefónicas con las mujeres, que incluían pruebas de capacidad mental y memoria. Las pruebas se administraron al inicio del estudio, y tres o más veces durante los próximos 5.4 años.
Los investigadores hallaron que las mujeres más físicamente activas tenían las tasas más bajas de desarrollo de declive cognitivo. Además, las mujeres que hacían caminatas a paso vivo por 30 minutos cada día, o su equivalente, tenían un riesgo más bajo de deterioro cognitivo.
El doctor Eric B. Larson, del Instituto de Investigación en Salud Grupal de Seattle y autor de un editorial acompañante en la revista, comentó que la asociación entre la actividad física y la capacidad mental probablemente tenga que ver con la salud vascular general.
"A medida que envejecemos, es probable que nuestros cerebros puedan soportar menos estrés", comentó. Pero el ejercicio mejora la salud vascular, añadió.
Larson cree que los beneficios del ejercicio sobre la capacidad mental pueden acumularse incluso si uno comienza a hacer ejercicio a una edad avanzada. "Podría haber incluso más beneficio, porque el estado es más arriesgado", dijo. "Para una persona mayor, simplemente seguir caminando es un beneficio inmenso".
Incluso tras el inicio de la demencia, el ejercicio puede resultar beneficioso, aseguró Larson. "Caminar una, dos o cuatro veces por semana con un cuidador lleva a mejores resultados y una persona más feliz", afirmó.
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