La última final de las carreras de perros comenzó ayer con polémica en el denominado Palermo de los galgos, donde hubo un allanamiento ordenado por la Justicia para comprobar si había "maltrato animal" y "uso de estupefacientes". En este canódromo se habían reunido unas 5000 personas para lo que temían sería la despedida de este clase de competencias, luego de que se sancionó la ley 27.330, el 17 de noviembre pasado.
Un día antes de que empezara el premio Diana Conti -que los galgueros nombraron en honor a la diputada kirchnerista que se opuso a la ley-, el abogado de la ONG proteccionista Sin Estribo, Enrique Zabala, presentó una denuncia judicial en la fiscalía de Marcos Juárez para que se impidiera la carrera. El abogado sostuvo que la prohibición estaba vigente. También puntualizó que en ese lugar cercano a la ruta 12 presuntamente se violaban la ley 14.346 de maltrato animal y la 23.737 de estupefacientes. El objetivo de Sin Estribo era impedir que se corriera la final nacional. Pero no lo consiguieron.
Poco después de las 10, cinco efectivos policiales y cuatro veterinarios, al mando del comisario inspector Francisco Bengolea, controlaron a 40 galgos. Fueron revisados a nivel clínico y sometidos a análisis de orina para verificar si les habían suministrado algún fármaco prohibido. "El resultado del allanamiento dio negativo", afirmó el comisario.
El operativo policial impuso un aire de tensión el ambiente que se sumaba a la incertidumbre sobre si se iba a disputar el premio.
Sin Estribo cuestionó el operativo policial. De hecho, Zabala sostuvo: "Para detectar si los perros habían ingerido estupefacientes se deberían haber obtenido muestras de sangre para que sean analizadas por la Policía Científica. Muchos criadores usan drogas caseras que no son detectadas con este tipo de análisis de orina".
Los veterinarios del canódromo retrucan el planteo de los proteccionistas. Dicen que allí hay controles rutinarios a todos los perros que compiten. El veterinario Lisandro Hernández contó que les hacen un examen clínico y si perciben que algún animal está agitado le realizan una revisión cardiológica y le miden la temperatura. El ganador de la carrera es sometido a un control antidoping.
También se tiene en cuenta, según señalaron los médicos, que cada perro tenga el microchip que se le coloca para llevar un registro.
En una rotonda central los perros se muestran a los apostadores, mientras los dueños los masajean con un desinflamante. Después, van a la pista, donde cada "soltador" mete a su perro en la gatera. Unos segundos después las puertas se abren y los animales salen disparados detrás de un señuelo, llamado "liebre".
Desde la semana próxima, más allá de las interpretaciones legales, las carreras de perros estarán prohibidas en todo el país.