Fútbol - Por César Carignano

Domingo 09 de Octubre de 2016 - 07:59 hs

El equipo por sobre los nombres

Columna de opinión sobre la Selección Argentina de Fútbol.

La asunción de Edgardo Bauza estuvo enmarcada dentro del cambalache que fue adueñándose de AFA, alentada por la negativa al cargo de los primeros apuntados y apresurada por los apremiantes tiempos que exigían un nombre con urgencia, ya que la competencia no se detiene ante federaciones anárquicas.

La calidad de los recursos que tendría a disposición era innegable, más allá del dolor y la carga emocional que resultaban lógicos tras las tres finales perdidas, porque amén de no coronarse con títulos venían sosteniendo una línea para nada despreciable.

El asunto pasaba por la capacidad del rosarino para enfrentar su tarea, en sus dotes para cautivar a jugadores que, intentándolo de diferentes maneras, siempre han quedado al borde de la consagración con la albiceleste.

Los números exponen que, en las últimas tres competencias de fuste, Argentina terminó invicta en los noventa minutos originales de este deporte; marcan que jugó todos los partidos posibles y que alcanzó una marca inédita. Pero esas mismas estadísticas indican que en las tres finales nuestra selección no convirtió, que la sequía de títulos continuó extendiéndose y que en momentos clave las decisiones fueron equivocadas.

Dos mitades de vasos para observar y una sociedad que decide por todos. Una mayoría que impone un fallo y condena sin derecho a defensa, silenciando prácticamente la voz de muchos que elegimos el vaso medio lleno como punto de partida. Y en medio de esta dicotomía, un plantel castigado socialmente como si fuese responsable del creciente narcotráfico, de la inflación, de los índices de pobreza o de la corrupción.

Los procesos llevan tiempo, y las heridas también. Descifrar y comprender como obtener el convencimiento de los jugadores será un arduo trabajo, precisará de contacto, de diálogo y de consenso, todo dentro de un contexto que impide una convivencia prolongada: de aquí al Mundial de Rusia no hay más tiempo que el puñado de días que otorga cada fecha de Eliminatorias. No hay torneos que den la posibilidad de compartir un par de semanas y de acumular una decena de entrenamientos.

Los procesos llevan tiempo y las heridas también. Algunos serán abiertos y sinceros como Higuaín que prefirió descansar y reencontrarse en su nuevo club antes de volver. Otros repensarán su postura como Messi que eligió regresar porque se siente fuerte. Y otros, cuyo dolor aun no fue procesado, cuyas emociones no están aún armónicas cuando se colocan la celeste y blanca deberían obtener un descanso. Pero no podrá nacer de ellos lamentablemente. Porque el retorno del capitán sentó un precedente de argentinismo muy simbólico, y todo aquél que por motu proprio decida alejarse un tiempo será tildado de desertor, de traidor por esta sociedad que viaja a toda velocidad de extremo a extremo.

Aquí deberá aparecer Bauza para tomar decisiones. Hablar de ciclos cumplidos suena a mucho, suena a máquinas obsoletas, a bienes con determinada vida útil. El entrenador tiene mucho por hacer. Otorgar ciertos alejamientos temporales sería útil en algunos casos, porque la distancia da una perspectiva que desde la escena no muchos logran ver. Como así también, agregar nuevos elementos para ampliar el espectro y renovar la competencia parece necesario.

Pero más allá de esto, sobre lo que deberá poner la mirada con pleno énfasis es en el engranaje, en hacer que estas individualidades de relieve mundial funcionen, transmitan una intención de juego, una idea, sea la que sea. Será necesario que crean, para poder crecer. No existe otra manera. Y para potenciarse, seguramente, lo ideal será comenzar por lo más simple, que siempre ha sido el mojón de inicio en el desconcierto: que cada jugador juegue donde habitualmente lo hace. El equipo por sobre los hombres, porque de otro modo la dependencia de los nombres será peligrosamente absoluta.

 

Fuente: LT10