LT10 - 2 a 1 en San Juan

Martes 01 de Noviembre de 2011 - 09:03 hs

San Martín consiguió tres puntos de oro ante Banfield

San Martín de San Juan (15 puntos) venció a Banfield (10) por 2-1 y consiguió tres puntos fundamentales y que le permite mirar con mayor optimismo el desafío de continuar en la máxima división del fútbol argentino.

En los primeros minutos, en medio de un trámite equilibrado, ambos equipos contaron con una chance neta. La primera fue para el visitante, pero Eluchans levantó su remate desde una muy buena posición. En cambio, el Santo no perdonó: tras una serie de rebotes en el área, la pelota derivó en Gastón Caprari, quien se estiró y tocó contra un palo, imposible para Lucchetti.

La ventaja le dio tranquilidad al conjunto de Garnero, que desde el gol comenzó a acumular méritos para justificar la victoria. Tenía buena movilidad arriba, fluidez en el mediocampo y no sufría atrás porque más allá de las ganas de Jonathan Gómez, estaba demasiado aislado Ferreyra y desaparecido Eluchans.

Cerca del final de la primera parte, por un error del árbitro Silvio Trucco, llegó el segundo gol. El juez vio una falta inexistente de Víctor López sobre Sebastián Penco, quien se encargó de ejecutar el penal para estirar diferencias.

Para el complemento La Volpe decidió el ingreso de Achucarro por Tagliafico y así el Taladro tuvo más peso de mitad de cancha hacia adelante. Antes de los cinco minutos había inquietado dos veces a Pocrnjic, con un tiro de Gómez y tiro libre de Delfino.

Sin embargo, después de ese comienzo alentador para los del Sur, el trámite volvió a ser parejo, muy luchado en la mitad de la cancha, pese al lógico adelantamiento en el campo de los visitantes. Cerca del final, cuando la historia parecía juzgada, llegó el descuento por el que tanto peleó Banfield: fue obra de Jonathan Gómez, quien entró en posición de número 9 y definió con clase arriba. Premio para el mejor jugador de la noche.

Los últimos minutos fueron dramáticos porque el Santo no podía tener la pelota y sólo apostaba a defenderse en las narices de su arquero. Banfield, con campo y pelota, careció de tiempo y de tranquilidad para contar otra historia.

Seguí leyendo