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Lunes 11 de Mayo de 2015 - 19:03 hs
Donato De Santis: "El deporte me salvó de la calle"
Antes de ser cocinero, el jurado de MasterChef jugaba al béisbol en Italia natal. Habla de sus inicios, el budismo y las tentaciones.
Se sabe mucho de tu relación con las figuras de Hollywood, pero no de cómo llegaste hasta ellas...
Es verdad. Y tengo un pasado muy lindo. Mi juventud fue una poesía en el sur de Italia. Lo que más llamó la atención para los periodistas siempre fue lo de las celebrities. Eso opacó todo lo anterior. Por ejemplo, me gané la primera estrella Michelin (un reconocimiento gastronómico) a los 16 años. No como chef de una cocina, sino como parte de un equipo.
¿Cómo fue esa época?
Hay varios recuerdos. Yo soy muy figurativo. Tengo en la cabeza aromas, imágenes, sonidos. Recuerdo que empecé a escribir un montón de cosas. Escribía en todos lados: las paredes, servilletas, cuadernos. Más que poemas eran pensamientos. Me encantaba jugar con las palabras. Ahí yo tenía carta libre, dejaba fluir mis pensamientos. Empecé a crecer independiente de mis padres y a darme cuenta que existía. En ese momento pensaba en ser un montón de cosas.
¿Como cuáles?
Quise ser astronauta y bombero. Después arqueólogo. Tenía que ver con el instinto de búsqueda. La arqueología, la antropología, de dónde venimos. No pude continuar por razones económicas.
Y apareció la cocina.
Eran años particulares en el mundo, momentos duros. En Italia vivíamos la época del plomo. Estaba en Milán, y se disparaba mucho. Yo estoy vivo gracias a un factor curioso: me dediqué al béisbol.
¿Al béisbol?
Era difícil realmente sobrevivir. Había mucha heroína, estupefaciente, ácidos. El deporte me salvó de la calle. La mayor parte de mis amigos están muertos. O los mataron, se mataron o se enfermaron. El SIDA galopaba fuerte. No eran calles tranquilas. El béisbol me sacó de la calle, la cocina del país.
En 1997 empecé a abrazar el budismo. Acepté el significado de ser budista. Lo considero una forma de vida".
¿Y cómo llegaste al mundo de la gastronomía?
En una conversación, en un vestuario, entre dos compañeros, escuché que uno le decía al otro: “Bueno, dale, vamos que es tarde, mañana tenemos que -me acuerdo patente- rendir el examen de pastelería”. Me llamó la atención. ¿Cómo un examen de pastelería? Era algo que yo no conocía.
¿Y qué pasó?
Fuimos con un amigo a una escuela de gastronomía a inscribirnos. Nos hicieron hacer un minitour. Estaban los chef que pasaban con el gorro, tipo Christophe (Krywonis, su compañero de MasterChef), con la panzota así. Había humo, cocinas enormes, cacerolas de aluminio grandotas, aromas. Quedamos fascinados. No era una escuela con libros, era una escuela práctica en la que se hacían cosas.
Hay otro momento importante en tu vida: el año 1997.
Doblemente importante. Fue la muerte de Gianni (Versace, para quien cocinaba) y, además, empecé a abrazar el budismo.
¿Qué implicó eso?
Aceptar el significado de ser budista. Lo considero una forma de vida y aprendizaje por observación de los elementos que te rodean. En 1997 empecé a entender eso a través de varias conversaciones con monjes. Venía de lo de Gianni. Cuando se terminó todo con la tragedia (asesinaron a Versace), fue una tragedia dentro de otra tragedia. Yo durante años, décadas, tuve... no quiero decir pesadillas, pero sueños en los que estaba en la misma situación. Vivíamos una vida muy intensa. Tres días adentro de un día. No se dormía nunca.
Contá un poco más.
Levantábamos un tubo e íbamos a una presentación de MTV al toque. O en 20 minutos teníamos un helicóptero arriba del techo. Llamaba yo personalmente a Elton John, estaba sentado en la misma mesa con Madonna. Y además había acceso a otro tipo de cosas menos agradables. Todo lo que te puedas imaginar.
En mi infancia, en Milán, era difícil sobrevivir. La mayor parte de mis amigos están muertos".
¿Nunca te tentaste?
La tentación está siempre. Yo tuve la gran oportunidad de tener una base sólida en mi familia. Es una gran virtud. Tentaciones hay. Los que caen en ellas, duran un día. Yo duré seis años, eso te explica todo.
Hoy la celebrity sos vos.
En MasterChef gané mucha exposición nacional y en países limítrofes. Heredamos un formato que es éxito en todo el mundo, pero había que mantener las expectativas. Siempre hay alguien que te critica. Y está bien. Antes tomaba más el subte y el bondi, ahora menos. Pero es lindo. Para mí es natural y hermoso vivirlo. Está bueno que la gente me dice: “¿Vos sos Donato?”. Eso me humaniza mucho.
Es verdad. Y tengo un pasado muy lindo. Mi juventud fue una poesía en el sur de Italia. Lo que más llamó la atención para los periodistas siempre fue lo de las celebrities. Eso opacó todo lo anterior. Por ejemplo, me gané la primera estrella Michelin (un reconocimiento gastronómico) a los 16 años. No como chef de una cocina, sino como parte de un equipo.
¿Cómo fue esa época?
Hay varios recuerdos. Yo soy muy figurativo. Tengo en la cabeza aromas, imágenes, sonidos. Recuerdo que empecé a escribir un montón de cosas. Escribía en todos lados: las paredes, servilletas, cuadernos. Más que poemas eran pensamientos. Me encantaba jugar con las palabras. Ahí yo tenía carta libre, dejaba fluir mis pensamientos. Empecé a crecer independiente de mis padres y a darme cuenta que existía. En ese momento pensaba en ser un montón de cosas.
¿Como cuáles?
Quise ser astronauta y bombero. Después arqueólogo. Tenía que ver con el instinto de búsqueda. La arqueología, la antropología, de dónde venimos. No pude continuar por razones económicas.
Y apareció la cocina.
Eran años particulares en el mundo, momentos duros. En Italia vivíamos la época del plomo. Estaba en Milán, y se disparaba mucho. Yo estoy vivo gracias a un factor curioso: me dediqué al béisbol.
¿Al béisbol?
Era difícil realmente sobrevivir. Había mucha heroína, estupefaciente, ácidos. El deporte me salvó de la calle. La mayor parte de mis amigos están muertos. O los mataron, se mataron o se enfermaron. El SIDA galopaba fuerte. No eran calles tranquilas. El béisbol me sacó de la calle, la cocina del país.
En 1997 empecé a abrazar el budismo. Acepté el significado de ser budista. Lo considero una forma de vida".
¿Y cómo llegaste al mundo de la gastronomía?
En una conversación, en un vestuario, entre dos compañeros, escuché que uno le decía al otro: “Bueno, dale, vamos que es tarde, mañana tenemos que -me acuerdo patente- rendir el examen de pastelería”. Me llamó la atención. ¿Cómo un examen de pastelería? Era algo que yo no conocía.
¿Y qué pasó?
Fuimos con un amigo a una escuela de gastronomía a inscribirnos. Nos hicieron hacer un minitour. Estaban los chef que pasaban con el gorro, tipo Christophe (Krywonis, su compañero de MasterChef), con la panzota así. Había humo, cocinas enormes, cacerolas de aluminio grandotas, aromas. Quedamos fascinados. No era una escuela con libros, era una escuela práctica en la que se hacían cosas.
Hay otro momento importante en tu vida: el año 1997.
Doblemente importante. Fue la muerte de Gianni (Versace, para quien cocinaba) y, además, empecé a abrazar el budismo.
¿Qué implicó eso?
Aceptar el significado de ser budista. Lo considero una forma de vida y aprendizaje por observación de los elementos que te rodean. En 1997 empecé a entender eso a través de varias conversaciones con monjes. Venía de lo de Gianni. Cuando se terminó todo con la tragedia (asesinaron a Versace), fue una tragedia dentro de otra tragedia. Yo durante años, décadas, tuve... no quiero decir pesadillas, pero sueños en los que estaba en la misma situación. Vivíamos una vida muy intensa. Tres días adentro de un día. No se dormía nunca.
Contá un poco más.
Levantábamos un tubo e íbamos a una presentación de MTV al toque. O en 20 minutos teníamos un helicóptero arriba del techo. Llamaba yo personalmente a Elton John, estaba sentado en la misma mesa con Madonna. Y además había acceso a otro tipo de cosas menos agradables. Todo lo que te puedas imaginar.
En mi infancia, en Milán, era difícil sobrevivir. La mayor parte de mis amigos están muertos".
¿Nunca te tentaste?
La tentación está siempre. Yo tuve la gran oportunidad de tener una base sólida en mi familia. Es una gran virtud. Tentaciones hay. Los que caen en ellas, duran un día. Yo duré seis años, eso te explica todo.
Hoy la celebrity sos vos.
En MasterChef gané mucha exposición nacional y en países limítrofes. Heredamos un formato que es éxito en todo el mundo, pero había que mantener las expectativas. Siempre hay alguien que te critica. Y está bien. Antes tomaba más el subte y el bondi, ahora menos. Pero es lindo. Para mí es natural y hermoso vivirlo. Está bueno que la gente me dice: “¿Vos sos Donato?”. Eso me humaniza mucho.
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