El 29 de mayo de 2009, la vida de la familia Acosta cambió para siempre en la intersección de las calles 25 de Mayo y Suipacha, en la capital provincial.
Natalia Acosta, que entonces vivía en Santo Tomé, desapareció sin dejar rastro en lo que su padre, Ariel Acosta, describe como un acto de "magia". Desde aquel día, la búsqueda se ha transformado en un laberinto de frustraciones judiciales y una herida que permanece abierta.
Una investigación marcada por la impunidad
La causa judicial tuvo un único detenido, un hombre de apellido Serry, quien presuntamente trasladó a Natalia desde la mencionada esquina hacia un local bailable llamado "Místico". Sin embargo, el sospechoso falleció en prisión sin aportar datos sobre el paradero de la joven.
Ariel Acosta recuerda con amargura el trato recibido por parte de las autoridades: "Fue un manoseo hacia la familia... el juez mismo, cuando nos enteramos de un dato, dijo: 'Bueno, vayan y vean qué pasó con eso'", relató el padre a LT10, denunciando que en los primeros meses de la investigación se les instó a ellos mismos a realizar tareas de investigación en la zona de Rincón.
Tras la muerte del único imputado, la causa se estancó. "Después se cerró el caso, el caso de ella fue archivado porque no había más que hacer, no había nada acá en la Argentina", explica Ariel, citando lo que le informaron desde la fiscalía, aunque mantiene la promesa de que el expediente se reabrirá ante cualquier pista nueva.
Entre la sospecha de trata y la fe de un padre
Aunque inicialmente la familia sostuvo la hipótesis de que Natalia podría haber sido captada por una red de trata, con el paso de los años el desconcierto ha crecido. La madre de Natalia falleció en 2019 sin obtener respuestas, pero Ariel persiste en su búsqueda.
A pesar del tiempo transcurrido, su convicción permanece inalterable: "Yo sé que ella está viva porque si la hubiesen matado algo hubiesen encontrado", afirma con firmeza. Para él, Natalia podría estar retenida contra su voluntad, pero su instinto le dice que aún espera por él.
El pedido de justicia
A 17 años de la desaparición, el reclamo no cesa. Ariel Acosta exige que se profundicen las campañas de búsqueda y que no se olvide el nombre de su hija. Su mensaje para las autoridades y la sociedad es claro: "Yo la lucha la seguiré hasta que aparezca, o viva o muerta, pero que aparezca. Queremos saber qué pasó"