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Lunes 27 de Abril de 2015 - 17:52 hs
Entrenar el cerebro para cambiar nuestra vida
Nuestro cerebro pasa casi la mitad del tiempo divagando, lo que puede generar infelicidad e insatisfacción. La clave para evitar tensiones es aprender a vivir con atención plena en el presente.
“No sé muy bien dónde estuvo mi mente”, dice Luciana, luego de un ejercicio de escaneo corporal en una clase de manejo y reducción de estrés basado en mindfulness. "Quizás en cosas del trabajo, en cuestiones de agend, no sé”, agrega. No me sorprende. En este primer trabajo de atención sostenida al cuerpo parte por parte, la mente experimenta lo de todos los días: distracción constante. Y esa distracción se produce con pensamientos automáticos, repetitivos y de pasado-futuro (en lugar de presente).
Los alumnos no comprenden "cómo es que me cuesta tanto sostener la atención en mi cuerpo". Si yo tengo la intención de sentirlo, si estoy en un contexto donde se nos indica que tenemos que hacer sólo esto, ¿por qué mi mente experimenta tal falta de control? Es momento de explicarles que es algo absolutamente normal, aunque no por ello totalmente saludable: es el estado basal del cerebro (es decir, en el cual está la mayor cantidad de tiempo) o modo default, también llamado “wandering mind”, o mente que divaga.
Una mente que se entrena de esta manera va deshollinándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.
¿Divagar tiene efectos nocivos?
Como decían nuestros abuelos, “cada cosa en su dosis justa”. Si estamos divagando sólo por momentos y eso nos permite ensoñar y así visualizar nuestros proyectos (inclusive el Eureka de los descubrimientos científicos suele producirse en momentos de “atención flotante” o ensueño), o quizás recordar algo que había quedado olvidado en nuestro subconsciente, ¡bienvenido sea ese divagar! Pero ése no es nuestro problema. Lo que nos complica es que nosotros estamos mucho tiempo en el estado de distracción de la mente. El cerebro se activa en sus áreas prefrontales mediales (bien adelante, cerca de la frente), en la zona occipital (atrás) y en el precúneo (centro), pero en realidad no es que ahorremos mucha energía mental, como dice el prestigioso doctor Facundo Manes. En realidad, este modo de funcionar de la mente, cuando se extiende en el tiempo y se hace crónico, genera la infelicidad y la insatisfacción. La mente está desatenta, inquieta, lábil, y no se asienta ni se afirma en un punto. Es el caldo de cultivo para la rumiación, la ansiedad y la preocupación patológicas. La mente que pasa mucho tiempo divagando es como una persona con defensas bajas que camina por los pasillos de un hospital de enfermos infectados: tarde o temprano puede sucumbir a ellos.
¿Cómo entrenar la mente para cambiar el cerebro?
Es momento de entrenar el cerebro y cambiar nuestra vida
Sabemos que la experiencia modela el cerebro. A esto en neurociencias le llamamos “neuroplasticidad”. Si mantenemos un entrenamiento sostenido durante cierto tiempo con nuestra mente iremos generando ciertos encendidos neuronales que diseñarán un “concierto” distinto y más saludable en el cerebro. Es la mente atenta la que se sitúa en el presente y con una actitud de aceptación. La que no está deseando que todas las cosas sean de tal o cual forma, sino que reconoce los límites de su control y aprende a transitar cada instante. Una mente que se entrena de esta manera va deshollinándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.
En la práctica meditativa, por ejemplo, vamos aprendiendo a controlar, amablemente, cada distracción con un regreso consciente al presente. La atención se escapa hacia un pensamiento, nos damos cuenta de eso, y lo volvemos a traer. Así, lenta pero inexorablemente, vamos creando un cerebro despierto y conectado con la realidad. Muchísimos estudios reportan esta transformación que produce la práctica meditativa.
Es momento de entrenar el cerebro y cambiar nuestra vida, de vos depende qué harás la próxima vez que estés en la cola de un banco o en la sala de espera de un médico: ensoñarás, te fastidiarás y generarás tensión en tu mente y tu cuerpo, o aprenderás a conectar con todo lo que tenés en frente con atención plácida y sensitiva. Te dejo un lindo relato en relación al cerebro atento, en esta charla que dí en TEDEX.
Los alumnos no comprenden "cómo es que me cuesta tanto sostener la atención en mi cuerpo". Si yo tengo la intención de sentirlo, si estoy en un contexto donde se nos indica que tenemos que hacer sólo esto, ¿por qué mi mente experimenta tal falta de control? Es momento de explicarles que es algo absolutamente normal, aunque no por ello totalmente saludable: es el estado basal del cerebro (es decir, en el cual está la mayor cantidad de tiempo) o modo default, también llamado “wandering mind”, o mente que divaga.
Una mente que se entrena de esta manera va deshollinándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.
¿Divagar tiene efectos nocivos?
Como decían nuestros abuelos, “cada cosa en su dosis justa”. Si estamos divagando sólo por momentos y eso nos permite ensoñar y así visualizar nuestros proyectos (inclusive el Eureka de los descubrimientos científicos suele producirse en momentos de “atención flotante” o ensueño), o quizás recordar algo que había quedado olvidado en nuestro subconsciente, ¡bienvenido sea ese divagar! Pero ése no es nuestro problema. Lo que nos complica es que nosotros estamos mucho tiempo en el estado de distracción de la mente. El cerebro se activa en sus áreas prefrontales mediales (bien adelante, cerca de la frente), en la zona occipital (atrás) y en el precúneo (centro), pero en realidad no es que ahorremos mucha energía mental, como dice el prestigioso doctor Facundo Manes. En realidad, este modo de funcionar de la mente, cuando se extiende en el tiempo y se hace crónico, genera la infelicidad y la insatisfacción. La mente está desatenta, inquieta, lábil, y no se asienta ni se afirma en un punto. Es el caldo de cultivo para la rumiación, la ansiedad y la preocupación patológicas. La mente que pasa mucho tiempo divagando es como una persona con defensas bajas que camina por los pasillos de un hospital de enfermos infectados: tarde o temprano puede sucumbir a ellos.
¿Cómo entrenar la mente para cambiar el cerebro?
Es momento de entrenar el cerebro y cambiar nuestra vida
Sabemos que la experiencia modela el cerebro. A esto en neurociencias le llamamos “neuroplasticidad”. Si mantenemos un entrenamiento sostenido durante cierto tiempo con nuestra mente iremos generando ciertos encendidos neuronales que diseñarán un “concierto” distinto y más saludable en el cerebro. Es la mente atenta la que se sitúa en el presente y con una actitud de aceptación. La que no está deseando que todas las cosas sean de tal o cual forma, sino que reconoce los límites de su control y aprende a transitar cada instante. Una mente que se entrena de esta manera va deshollinándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.
En la práctica meditativa, por ejemplo, vamos aprendiendo a controlar, amablemente, cada distracción con un regreso consciente al presente. La atención se escapa hacia un pensamiento, nos damos cuenta de eso, y lo volvemos a traer. Así, lenta pero inexorablemente, vamos creando un cerebro despierto y conectado con la realidad. Muchísimos estudios reportan esta transformación que produce la práctica meditativa.
Es momento de entrenar el cerebro y cambiar nuestra vida, de vos depende qué harás la próxima vez que estés en la cola de un banco o en la sala de espera de un médico: ensoñarás, te fastidiarás y generarás tensión en tu mente y tu cuerpo, o aprenderás a conectar con todo lo que tenés en frente con atención plácida y sensitiva. Te dejo un lindo relato en relación al cerebro atento, en esta charla que dí en TEDEX.
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