Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
Hoy - La pareja vivió una pesadilla
Viernes 28 de Octubre de 2011 - 11:09 hs
Violento asalto en casa de un médico en Colastiné Norte
Dos delincuentes irrumpieron en su domicilio, sustrajeron dinero y objetos. También lo golpearon. El profesional terminó con severas lesiones en hombros, brazos y cuero cabelludo.
El miércoles por la noche, Rodrigo Acevedo (36), médico cirujano plástico, se encontraba junto a su pareja, Carolina (32), en el interior de su casa ubicada en Colastiné Norte, frente al Parque de los Dinosaurios.
Eran cerca de las 22 cuando la mujer escuchó algunos ruidos en el exterior del inmueble. “No le di mayor importancia... Pensé que podía ser algún perro como los que siempre deambulan por la zona”, dijo hoy Carolina en diálogo con este diario.
Minutos después comenzó la pesadilla.
Encapuchados
La mujer estaba en el comedor de la casa cuando advirtió que dos sujetos ingresaban a la vivienda por la ventana.
Los intrusos eran dos hombres de complexión delgada, los que cubrían sus rostros con capuchas de lana de color rojo.
Como es fácil suponer el terror se apoderó de la dueña de casa que comenzó a gritar.
El alboroto puso en alerta a Rodrigo, que se encontraba en uno de los dormitorios, y salió corriendo hacia el living. Al llegar se topó con la peor escena: Los delincuentes dentro de su casa.
Sin más el profesional se trabó en lucha con los rufianes. Pero, superado en número y fuerzas, el dueño de casa fue doblegado por los cacos y terminó reducido.
La pelea fue desigual.
El médico intentó frustrar el atraco a mano limpia. En cambio los malvivientes se valieron de una barreta de metal y de un arma blanca.
La acción le dejó a Rodrigo severas lesiones traumáticas a la altura de los hombros (ambos resultaron con luxación); otra lesión en el brazo derecho, heridas cortantes en el cuero cabelludo, además de golpes y contusiones en distintas partes del cuerpo.
Utilizando cintos de vestir los ladrones maniataron a sus víctimas y las obligaron a introducirse dentro del baño de la casa.
Lo que siguió luego es fácil de imaginar.
Los rufianes comenzaron a reclamar para que les entreguen dinero y cualquier objeto de valor.
“No somos malos...”
“No somos malos... pero ustedes tienen dinero”, decía uno de los cacos a modo de explicación.
Por su parte el otro compinche se sumaba a los pedidos. “Queremos la plata y el oro”, bramaba.
Al cabo de unos momentos los delincuentes se hicieron de una suma cercana a los 2 mil pesos, entre dinero en moneda nacional y algunos dólares.
No conformes con ello requisaron el inmueble de manera frenética.
Revolvieron cada una de las dependencias y no dejaron cajón sin observar. Así se hicieron también de dos Notebooks; los teléfonos celulares; una cámara digital, prendas de vestir y algunas alhajas personales.
A modo de despedida uno de los delincuentes expresó que “Nosotros no somos de acá. Vivimos en Santa Fe. Ahora llamamos y nos pasan a buscar en 10 minutos. Así que quédense encerrados y no llamen a nadie”.
Un prolongado silencio indicó que el calvario había terminado.
Poco después las luces de los patrulleros policiales cortaron la densa oscuridad y fueron la clara señal de que algo muy malo había ocurrido.
La secuencia culminó con una ambulancia llevando al dueño de casa rumbo al hospital.
Reclamo
Familiares y allegados a las víctimas hoy dijeron que la zona de Colastiné Norte ya no da para más, en materia de inseguridad. Los ilícitos ocurren a cada rato y a toda hora. Antes del robo en la casa del médico, hubo tres hechos en casas de familia. Ninguno fue resuelto.
Eran cerca de las 22 cuando la mujer escuchó algunos ruidos en el exterior del inmueble. “No le di mayor importancia... Pensé que podía ser algún perro como los que siempre deambulan por la zona”, dijo hoy Carolina en diálogo con este diario.
Minutos después comenzó la pesadilla.
Encapuchados
La mujer estaba en el comedor de la casa cuando advirtió que dos sujetos ingresaban a la vivienda por la ventana.
Los intrusos eran dos hombres de complexión delgada, los que cubrían sus rostros con capuchas de lana de color rojo.
Como es fácil suponer el terror se apoderó de la dueña de casa que comenzó a gritar.
El alboroto puso en alerta a Rodrigo, que se encontraba en uno de los dormitorios, y salió corriendo hacia el living. Al llegar se topó con la peor escena: Los delincuentes dentro de su casa.
Sin más el profesional se trabó en lucha con los rufianes. Pero, superado en número y fuerzas, el dueño de casa fue doblegado por los cacos y terminó reducido.
La pelea fue desigual.
El médico intentó frustrar el atraco a mano limpia. En cambio los malvivientes se valieron de una barreta de metal y de un arma blanca.
La acción le dejó a Rodrigo severas lesiones traumáticas a la altura de los hombros (ambos resultaron con luxación); otra lesión en el brazo derecho, heridas cortantes en el cuero cabelludo, además de golpes y contusiones en distintas partes del cuerpo.
Utilizando cintos de vestir los ladrones maniataron a sus víctimas y las obligaron a introducirse dentro del baño de la casa.
Lo que siguió luego es fácil de imaginar.
Los rufianes comenzaron a reclamar para que les entreguen dinero y cualquier objeto de valor.
“No somos malos...”
“No somos malos... pero ustedes tienen dinero”, decía uno de los cacos a modo de explicación.
Por su parte el otro compinche se sumaba a los pedidos. “Queremos la plata y el oro”, bramaba.
Al cabo de unos momentos los delincuentes se hicieron de una suma cercana a los 2 mil pesos, entre dinero en moneda nacional y algunos dólares.
No conformes con ello requisaron el inmueble de manera frenética.
Revolvieron cada una de las dependencias y no dejaron cajón sin observar. Así se hicieron también de dos Notebooks; los teléfonos celulares; una cámara digital, prendas de vestir y algunas alhajas personales.
A modo de despedida uno de los delincuentes expresó que “Nosotros no somos de acá. Vivimos en Santa Fe. Ahora llamamos y nos pasan a buscar en 10 minutos. Así que quédense encerrados y no llamen a nadie”.
Un prolongado silencio indicó que el calvario había terminado.
Poco después las luces de los patrulleros policiales cortaron la densa oscuridad y fueron la clara señal de que algo muy malo había ocurrido.
La secuencia culminó con una ambulancia llevando al dueño de casa rumbo al hospital.
Reclamo
Familiares y allegados a las víctimas hoy dijeron que la zona de Colastiné Norte ya no da para más, en materia de inseguridad. Los ilícitos ocurren a cada rato y a toda hora. Antes del robo en la casa del médico, hubo tres hechos en casas de familia. Ninguno fue resuelto.
Fuente: El Litoral
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