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Martes 26 de Noviembre de 2013 - 07:56 hs
Los iraníes reciben como héroes a los negociadores
Como si del equipo nacional de fútbol se tratara, varios cientos de iraníes recibieron en la madrugada de ayer a su ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, y el resto de los negociadores nucleares en el aeropuerto de Teherán. “Saludos a los embajadores de la paz”, rezaban las pancartas. Aunque en general ha habido más alivio que euforia, su júbilo expresaba el respaldo popular al acuerdo alcanzado 24 horas antes en Ginebra para limitar el programa atómico a cambio de una reducción de las sanciones internacionales. También la prensa, con la excepción de la más ultraconservadora, compartía el entusiasmo.
“Zarif se ha ganado una medalla de oro”, titulaba el diario reformista Arman junto a una fotografía del ministro nada más llegar a Teherán, junto a la hija de uno de los cinco científicos nucleares asesinados en los últimos años. Otros periódicos iban más lejos y sacaban en portada su apretón de manos con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, algo que solo hace cuatro meses hubiera sido impensable. “El apretón que ha permitido salir del atolladero”, encabezaba Etemad.
El apoyo del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, al acuerdo nuclear amortigua en buena medida el malestar de los ultraconservadores, que en todo momento han equiparado la menor concesión con capitular ante EE UU. No obstante, su portavoz más establecido, el Kayhan que dirige Hosein Shariatmadari, aprovechaba la distinta interpretación que iraníes y estadounidenses hacen en lo relativo al enriquecimiento de uranio para asegurar que el pacto “no duró ni una hora” porque Kerry declaró que no reconocía ese derecho de Irán, en contra de lo asegurado por Zarif. “América no es de fiar”, advertía en su portada.
Pero la mayor parte de los iraníes no se paraba tanto en esas disquisiciones interpretativas como en el hecho de que por primera vez en muchos años su país establece una relación constructiva con el mundo exterior. Ese paso abre las puertas al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida que durante tres décadas largas se les han negado en aras de la ideología.
“La mayoría de las sanciones impuestas contra Irán estaban afectando a la economía. Lo que hemos conseguido va a permitir que se liberen algunos haberes iraníes. Creo que las cosas van a mejorar, incluso la cotización de la moneda ha subido”, comentaba Mostafa Jafari, uno de los jóvenes que acudió al aeropuerto a recibir al equipo negociador, ante las cámaras de televisión. En efecto, a las pocas horas de conocerse el acuerdo el rial se apreció casi un 3% con respecto al dólar.
A su lado, abrigados contra el frío de la noche, otros jóvenes, chicos y chicas, sujetaban pancartas con la imagen del presidente Hasan Rohaní, el impulsor de la nueva política iraní. En poco más de tres meses al frente del Gobierno, su pragmatismo ha conseguido romper el aislamiento internacional de Irán y alejar el espectro de un ataque militar. Ahora, el compromiso recién alcanzado con las grandes potencias le da margen para ponerse manos a la obra con los problemas que más preocupan a sus ciudadanos: la inflación galopante, las altas tasas de paro y la recesión.
“No me opongo al derecho a enriquecimiento. Pero también tengo otros derechos como el derecho a tener un trabajo o ver el desarrollo de mi país”, escribió recientemente una joven identificada como Saghar en la página de Facebook de Zarif. El ministro, un astuto usuario de los medios sociales a pesar de que siguen prohibidos en Irán, anunció el domingo por esa vía la conclusión del acuerdo. Pocas horas después 169.000 personas habían pulsado el icono de “me gusta”. Muchos de los que añadían comentarios le daban las gracias.
“Zarif se ha ganado una medalla de oro”, titulaba el diario reformista Arman junto a una fotografía del ministro nada más llegar a Teherán, junto a la hija de uno de los cinco científicos nucleares asesinados en los últimos años. Otros periódicos iban más lejos y sacaban en portada su apretón de manos con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, algo que solo hace cuatro meses hubiera sido impensable. “El apretón que ha permitido salir del atolladero”, encabezaba Etemad.
El apoyo del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, al acuerdo nuclear amortigua en buena medida el malestar de los ultraconservadores, que en todo momento han equiparado la menor concesión con capitular ante EE UU. No obstante, su portavoz más establecido, el Kayhan que dirige Hosein Shariatmadari, aprovechaba la distinta interpretación que iraníes y estadounidenses hacen en lo relativo al enriquecimiento de uranio para asegurar que el pacto “no duró ni una hora” porque Kerry declaró que no reconocía ese derecho de Irán, en contra de lo asegurado por Zarif. “América no es de fiar”, advertía en su portada.
Pero la mayor parte de los iraníes no se paraba tanto en esas disquisiciones interpretativas como en el hecho de que por primera vez en muchos años su país establece una relación constructiva con el mundo exterior. Ese paso abre las puertas al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida que durante tres décadas largas se les han negado en aras de la ideología.
“La mayoría de las sanciones impuestas contra Irán estaban afectando a la economía. Lo que hemos conseguido va a permitir que se liberen algunos haberes iraníes. Creo que las cosas van a mejorar, incluso la cotización de la moneda ha subido”, comentaba Mostafa Jafari, uno de los jóvenes que acudió al aeropuerto a recibir al equipo negociador, ante las cámaras de televisión. En efecto, a las pocas horas de conocerse el acuerdo el rial se apreció casi un 3% con respecto al dólar.
A su lado, abrigados contra el frío de la noche, otros jóvenes, chicos y chicas, sujetaban pancartas con la imagen del presidente Hasan Rohaní, el impulsor de la nueva política iraní. En poco más de tres meses al frente del Gobierno, su pragmatismo ha conseguido romper el aislamiento internacional de Irán y alejar el espectro de un ataque militar. Ahora, el compromiso recién alcanzado con las grandes potencias le da margen para ponerse manos a la obra con los problemas que más preocupan a sus ciudadanos: la inflación galopante, las altas tasas de paro y la recesión.
“No me opongo al derecho a enriquecimiento. Pero también tengo otros derechos como el derecho a tener un trabajo o ver el desarrollo de mi país”, escribió recientemente una joven identificada como Saghar en la página de Facebook de Zarif. El ministro, un astuto usuario de los medios sociales a pesar de que siguen prohibidos en Irán, anunció el domingo por esa vía la conclusión del acuerdo. Pocas horas después 169.000 personas habían pulsado el icono de “me gusta”. Muchos de los que añadían comentarios le daban las gracias.
Fuente: elpais.com
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