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LT10 - Debate
Jueves 14 de Noviembre de 2013 - 16:42 hs
El café científico se enfocó en el control integral de los plaguicidas
Lograr un sistema dinámico que incluya legislación, regulación, análisis y acciones de corrección y prevención fue la propuesta de la charla. Así, una investigadora de la UNL abordó el problema de los residuos de plaguicidas en alimentos.
Con mesas colmadas tuvo lugar un nuevo café científico que, esta vez, se abocó al uso de plaguicidas en la actividad agrícola y los residuos que quedan en los alimentos. La charla del miércoles 13 de noviembre por la tarde estuvo a cargo de María Rosa Repetti, docente-investigadora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Para poder abordar el uso de agroquímicos y sus efectos, Repetti comenzó con conceptos y cifras que ayudaron a dimensionar las primeras variables del un complejo escenario. Así, por ejemplo, destacó que en el mundo existen actualmente unas 1.000 moléculas de acción plaguicida a partir de las que se comercializan unos 15.000 productos formulados; unos 2.000 en Argentina.
Por otra parte, la docente de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) definió los plaguicidas como “productos químicos, sintéticos o naturales, que sirven para el control de plagas”, ya sean enfermedades causadas por insectos o hierbas.
Lo que queda
La producción agropecuaria, de acuerdo a su actual modelo de desarrollo, presenta una tendencia al alza en la cantidad de plaguicidas utilizados. Es en este escenario que se vuelve crucial controlar que sustancias y en qué cantidades quedan residuos en los alimentos que se comercializan. “Al usar un plaguicida siempre queda un residuo de él, aunque sea en muy baja concentración”, contó Repetti.
“Todo compuesto tiene su toxicidad y ese grado lo determina la dosis”, subrayó. La investigadora presentó diferentes conceptos y parámetros que entran en juego a la hora de regular los residuos de plaguicidas en alimentos, tanto en Argentina como en el mundo. Uno de estos es la Ingesta Diaria Admisible (IDA) que se determina de acuerdo a estudios de toxicidad crónica. Se establece en qué concentración no se observan efectos adversos en modelos experimentales animales y luego se disminuye ese valor unas cien veces. El resultado de esta operatoria establece el valor de IDA.
Por otra parte, es necesario tomar en consideración otras variables para establecer el límite máximo de residuos de un alimento. Además del IDA deben contemplarse factores culturales, por ejemplo: “los alimentos se consumen en distintas cantidades y de distinto modo en cada cultura, y eso debe tomarse en cuenta”, resaltó.
Para proteger al consumidor
Al asumir que toda aplicación de plaguicidas deja algún tipo de residuo se vuelve crucial el control que se realiza de esos niveles en los alimentos. Repetti detalló que un sistema de control implica articular de modo dinámico la legislación, la actividad de un ente regulador fuerte, los análisis de laboratorio y la evaluación del riesgo.
En cuanto a la legislación, la investigadora ejemplificó el caso de los alimentos para bebés y niños. Sólo existe en Europa un abordaje diferencial y más estricto para estos alimentos.
En relación con la aplicación de controles, actualmente se ejecutan programas periódicos de control por parte del ente regulador. Sin embargo, Repetti destacó que algunos de estos protocolos no contemplan las moléculas más nuevas, es decir, los plaguicidas que actualmente están en uso y siguen monitoreando los ya tradicionales.
Además de los controles estatales, son los propios productores los que someten su producción a análisis de laboratorio con el fin de garantizar el cumplimiento de los requerimientos de los mercados a los que se dirigen.
Al cierre del encuentro, Repetti destacó que es necesario contar con sistemas perfeccionados y coordinados de producción de conocimiento y de control para realizar acciones correctivas y preventivas que garanticen la salud de los consumidores de los alimentos.
Para poder abordar el uso de agroquímicos y sus efectos, Repetti comenzó con conceptos y cifras que ayudaron a dimensionar las primeras variables del un complejo escenario. Así, por ejemplo, destacó que en el mundo existen actualmente unas 1.000 moléculas de acción plaguicida a partir de las que se comercializan unos 15.000 productos formulados; unos 2.000 en Argentina.
Por otra parte, la docente de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) definió los plaguicidas como “productos químicos, sintéticos o naturales, que sirven para el control de plagas”, ya sean enfermedades causadas por insectos o hierbas.
Lo que queda
La producción agropecuaria, de acuerdo a su actual modelo de desarrollo, presenta una tendencia al alza en la cantidad de plaguicidas utilizados. Es en este escenario que se vuelve crucial controlar que sustancias y en qué cantidades quedan residuos en los alimentos que se comercializan. “Al usar un plaguicida siempre queda un residuo de él, aunque sea en muy baja concentración”, contó Repetti.
“Todo compuesto tiene su toxicidad y ese grado lo determina la dosis”, subrayó. La investigadora presentó diferentes conceptos y parámetros que entran en juego a la hora de regular los residuos de plaguicidas en alimentos, tanto en Argentina como en el mundo. Uno de estos es la Ingesta Diaria Admisible (IDA) que se determina de acuerdo a estudios de toxicidad crónica. Se establece en qué concentración no se observan efectos adversos en modelos experimentales animales y luego se disminuye ese valor unas cien veces. El resultado de esta operatoria establece el valor de IDA.
Por otra parte, es necesario tomar en consideración otras variables para establecer el límite máximo de residuos de un alimento. Además del IDA deben contemplarse factores culturales, por ejemplo: “los alimentos se consumen en distintas cantidades y de distinto modo en cada cultura, y eso debe tomarse en cuenta”, resaltó.
Para proteger al consumidor
Al asumir que toda aplicación de plaguicidas deja algún tipo de residuo se vuelve crucial el control que se realiza de esos niveles en los alimentos. Repetti detalló que un sistema de control implica articular de modo dinámico la legislación, la actividad de un ente regulador fuerte, los análisis de laboratorio y la evaluación del riesgo.
En cuanto a la legislación, la investigadora ejemplificó el caso de los alimentos para bebés y niños. Sólo existe en Europa un abordaje diferencial y más estricto para estos alimentos.
En relación con la aplicación de controles, actualmente se ejecutan programas periódicos de control por parte del ente regulador. Sin embargo, Repetti destacó que algunos de estos protocolos no contemplan las moléculas más nuevas, es decir, los plaguicidas que actualmente están en uso y siguen monitoreando los ya tradicionales.
Además de los controles estatales, son los propios productores los que someten su producción a análisis de laboratorio con el fin de garantizar el cumplimiento de los requerimientos de los mercados a los que se dirigen.
Al cierre del encuentro, Repetti destacó que es necesario contar con sistemas perfeccionados y coordinados de producción de conocimiento y de control para realizar acciones correctivas y preventivas que garanticen la salud de los consumidores de los alimentos.
Fuente: Prensa Institucional UNL
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