El “Xeneize” arrastra un invicto de 13 partidos y el DT cambia todo el equipo tras la victoria en el Superclásico. El Tate estará pendiente a este partido, ya que el Halcón es uno de sus competidores por los últimos cupos rumbo a los playoffs.
Sábado 02 de Noviembre de 2013 - 00:58 hs
Murió a los 20 años la chica cuyo desarrollo se estancó a los dos
Cada ser humano es único e irrepetible, sí. Pero hay algunos cuyas particularidades los dotan de una singularidad distinta. Es el caso de Brooke Greenberg, quien acaba de morir a los 20 años, pero cuyo desarrollo se estancó a los dos. Su trastorno, único en el mundo, fue bautizado Síndrome X y los científicos creen que podría despejar interrogantes sobre el envejecimiento y la mortalidad.
Brooke había nacido el 8 de enero de 1993, tras una gestación de 36 semanas. Pesó 1,84 kilos y, salvo por una dislocación de cadera por la que tuvo que ser operada, nada en ese momento permitía presagiar su futuro. Hasta el primer año de vida fue una beba normal. Pero sus padres, Howard y Melanie, empezaron a notar con alarma que el crecimiento de la nena parecía haberse detenido inexplicablemente.
Las terapias con hormonas de crecimiento fueron en vano y los estudios médicos que se le practicaron no arrojaron respuestas. Los genetistas, incluso, no llegaron a encontrar anormalidad en sus cromosomas. Pero pese a que no envejecía, su salud se deterioraba. La semana pasada, su cuerpo dijo basta como consecuencia de una enfermedad pulmonar. “Vamos a recordarla cada día. Era una niña muy, muy, muy especial”, afirmó su papá.
Vivía con sus padres y sus tres hermanas (era la tercera) en Maryland. Gateaba y usaba pañales. Nunca habló, pero se hacía entender, cuentan sus familiares. Y sonreía a la gente que reconocía. Pesaba alrededor de siete kilos y tenía la capacidad mental de un chico de un año. A los 16, todavía conservaba algunos dientes de leche, viajaba en auto en la sillita de bebé y paseaba en cochecito. Richard Walker, uno de los médicos que la trató en el transcurso de su vida, afirmó que había visto cambios mínimos en el cerebro de la nena a lo largo del tiempo.
Durante su primera infancia, Brooke peleó contra varios problemas de salud: úlceras de estómago, dificultades respiratorias, derrames cerebrales y hasta un tumor. También, inmersa en un profundo e inexplicable letargo, en una ocasión durmió durante dos semanas.
La expectativa de los científicos está puesta en tratar de lograr descifrar la mutación genética que hacía que Brooke fuera como era, ya que así podrían probarla en animales de laboratorio para ayudar a descubrir los secretos del envejecimiento y la mortalidad, señaló Walker.
No se conoce otro caso así en el mundo. "Nos dijeron que su caso era uno en 6.700 millones de personas", afirmó su papá. "Era un individuo único".
Brooke había nacido el 8 de enero de 1993, tras una gestación de 36 semanas. Pesó 1,84 kilos y, salvo por una dislocación de cadera por la que tuvo que ser operada, nada en ese momento permitía presagiar su futuro. Hasta el primer año de vida fue una beba normal. Pero sus padres, Howard y Melanie, empezaron a notar con alarma que el crecimiento de la nena parecía haberse detenido inexplicablemente.
Las terapias con hormonas de crecimiento fueron en vano y los estudios médicos que se le practicaron no arrojaron respuestas. Los genetistas, incluso, no llegaron a encontrar anormalidad en sus cromosomas. Pero pese a que no envejecía, su salud se deterioraba. La semana pasada, su cuerpo dijo basta como consecuencia de una enfermedad pulmonar. “Vamos a recordarla cada día. Era una niña muy, muy, muy especial”, afirmó su papá.
Vivía con sus padres y sus tres hermanas (era la tercera) en Maryland. Gateaba y usaba pañales. Nunca habló, pero se hacía entender, cuentan sus familiares. Y sonreía a la gente que reconocía. Pesaba alrededor de siete kilos y tenía la capacidad mental de un chico de un año. A los 16, todavía conservaba algunos dientes de leche, viajaba en auto en la sillita de bebé y paseaba en cochecito. Richard Walker, uno de los médicos que la trató en el transcurso de su vida, afirmó que había visto cambios mínimos en el cerebro de la nena a lo largo del tiempo.
Durante su primera infancia, Brooke peleó contra varios problemas de salud: úlceras de estómago, dificultades respiratorias, derrames cerebrales y hasta un tumor. También, inmersa en un profundo e inexplicable letargo, en una ocasión durmió durante dos semanas.
La expectativa de los científicos está puesta en tratar de lograr descifrar la mutación genética que hacía que Brooke fuera como era, ya que así podrían probarla en animales de laboratorio para ayudar a descubrir los secretos del envejecimiento y la mortalidad, señaló Walker.
No se conoce otro caso así en el mundo. "Nos dijeron que su caso era uno en 6.700 millones de personas", afirmó su papá. "Era un individuo único".
Fuente: clarín
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