Se trata de un empleado de la zona de mantenimiento. La víctima sufrió lesiones en una rodilla y denunció persecución laboral previa.
Jueves 29 de Agosto de 2013 - 07:42 hs
Aumenta la cantidad de urgencias psiquiátricas que llegan al hospital
Cada día, el SAME atiende en la Ciudad de Buenos Aires más de una urgencia psiquiátrica por hora. Sus responsables alertan que estos pedidos de auxilio vienen en aumento, y aportan otro dato alarmante: en el 70% de los casos la demanda está empujada por las adicciones. Y en su mayoría son hombres.
Estos pacientes presentan lo que se denomina “patología dual”: una patología de base más una adicción. “La primera es el alcoholismo y la segunda, los psicofármacos legales. Los adolescentes los roban a sus padres”, explica la directora de Salud Mental porteña, María Grosso. Y advierte: “Al alcoholismo cuesta verlo como una adicción”.
“La cantidad de pacientes que consumen algún tipo de droga se incrementó”, asegura Grosso. La experta explica que “la carga genética y el contexto social influyen, aunque cada cuadro es distinto. Cuando decimos patología dual nos referimos a que hay, por ejemplo, una psicosis a la que se le suma una adicción, lo que también genera niveles altos de internación. En el Moyano hay 20 consultas diarias promedio, de las cuales cinco derivan en internación. Lo mismo pasa con el Borda, donde hay 35 o 40 consultas y diez se derivan”.
Grosso explica que el mayor salto en la demanda se dio hace dos años, cuando hubo un crecimiento del 25%, pero que preocupantemente la cifra se mantiene ahora estable entre 800 y 900 urgencias mensuales. Lo que hace subir las urgencias es la adicción, que se suma al “brote”. Para la médica está claro que ciertas preocupaciones cotidianas como el trabajo, la inseguridad o el estrés de viajar en transporte público refuerzan cualquier condición patológica. Pero cuando entra en juego la adicción, todo es más complejo: “Suelen ser acompañados por un familiar o amigo porque es poco frecuente que puedan asumir lo que les pasa”, describe.
Los hombres encabezan este tipo de urgencias. Grosso aclara que “la situación social sólo condiciona el tipo de droga al que se tiene alcance”. La población más marginales la más afectada: “El paco genera dependencia de por vida, la mayoría no tiene recuperación y se genera una suerte de demencia senil adelantada, tienen 20 años pero el deterioro de alguien de 80”.
Grosso advierte que la nueva Ley de Salud Mental, que plantea tratamientos voluntarios y de puertas abiertas, a veces no ayuda: “Se habla de rehabilitar al adicto en su contexto social, y a veces en ese mismo ámbito está la droga que consume”. Tras atender la urgencia, el tratamiento para cada paciente es distinto: algunos entran en planes de reducción de daños y tratamientos ambulatorios. Otros requieren la internación.
Diego Friedman, jefe de Psiquiatría de Consultorios Externos del Hospital Infanto Juvenil Tobar García, remarca que “es notoria la incidencia de adicciones, sobre todo en adolescentes tempranos. Hay que tener en cuenta que Argentina dejó de ser un país de tránsito y es de consumo. Si sumamos esto a que la juventud no encuentra un proyecto, tenemos estos datos que se reflejan”. “Las disfunciones sociales y familiares cortan los lazos, por ende, en las adicciones encuentran lazos sociales, patológicos, pero lazos al fin. Es una búsqueda hacia afuera, muy riesgosa. En los adolescentes, es elevado el consumo de marihuana y muy pocos saben que ese consumo puede disparar un brote psicótico”.
¿Tiene esto que ver también con que la gente está más “sacada”, como se percibe en la calle? “No es que más ‘brotada’. Lo que ocurre es que, al aumentar el consumo de sustancias adictivas, estos cuadros empeoran”, resume Grosso.
Estos pacientes presentan lo que se denomina “patología dual”: una patología de base más una adicción. “La primera es el alcoholismo y la segunda, los psicofármacos legales. Los adolescentes los roban a sus padres”, explica la directora de Salud Mental porteña, María Grosso. Y advierte: “Al alcoholismo cuesta verlo como una adicción”.
“La cantidad de pacientes que consumen algún tipo de droga se incrementó”, asegura Grosso. La experta explica que “la carga genética y el contexto social influyen, aunque cada cuadro es distinto. Cuando decimos patología dual nos referimos a que hay, por ejemplo, una psicosis a la que se le suma una adicción, lo que también genera niveles altos de internación. En el Moyano hay 20 consultas diarias promedio, de las cuales cinco derivan en internación. Lo mismo pasa con el Borda, donde hay 35 o 40 consultas y diez se derivan”.
Grosso explica que el mayor salto en la demanda se dio hace dos años, cuando hubo un crecimiento del 25%, pero que preocupantemente la cifra se mantiene ahora estable entre 800 y 900 urgencias mensuales. Lo que hace subir las urgencias es la adicción, que se suma al “brote”. Para la médica está claro que ciertas preocupaciones cotidianas como el trabajo, la inseguridad o el estrés de viajar en transporte público refuerzan cualquier condición patológica. Pero cuando entra en juego la adicción, todo es más complejo: “Suelen ser acompañados por un familiar o amigo porque es poco frecuente que puedan asumir lo que les pasa”, describe.
Los hombres encabezan este tipo de urgencias. Grosso aclara que “la situación social sólo condiciona el tipo de droga al que se tiene alcance”. La población más marginales la más afectada: “El paco genera dependencia de por vida, la mayoría no tiene recuperación y se genera una suerte de demencia senil adelantada, tienen 20 años pero el deterioro de alguien de 80”.
Grosso advierte que la nueva Ley de Salud Mental, que plantea tratamientos voluntarios y de puertas abiertas, a veces no ayuda: “Se habla de rehabilitar al adicto en su contexto social, y a veces en ese mismo ámbito está la droga que consume”. Tras atender la urgencia, el tratamiento para cada paciente es distinto: algunos entran en planes de reducción de daños y tratamientos ambulatorios. Otros requieren la internación.
Diego Friedman, jefe de Psiquiatría de Consultorios Externos del Hospital Infanto Juvenil Tobar García, remarca que “es notoria la incidencia de adicciones, sobre todo en adolescentes tempranos. Hay que tener en cuenta que Argentina dejó de ser un país de tránsito y es de consumo. Si sumamos esto a que la juventud no encuentra un proyecto, tenemos estos datos que se reflejan”. “Las disfunciones sociales y familiares cortan los lazos, por ende, en las adicciones encuentran lazos sociales, patológicos, pero lazos al fin. Es una búsqueda hacia afuera, muy riesgosa. En los adolescentes, es elevado el consumo de marihuana y muy pocos saben que ese consumo puede disparar un brote psicótico”.
¿Tiene esto que ver también con que la gente está más “sacada”, como se percibe en la calle? “No es que más ‘brotada’. Lo que ocurre es que, al aumentar el consumo de sustancias adictivas, estos cuadros empeoran”, resume Grosso.
Fuente: clarin.com
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