El director del instituto, Nolasco Salazar, destacó que el sistema de denuncias a través de la app permitió agilizar los reintegros. Aseguró que la consulta médica subirá a 20.000 pesos en junio y que no hay motivo para cobros extra, incluso en la primera visita.
Sábado 24 de Agosto de 2013 - 22:09 hs
Bullying: especialistas reflexionaron sobre el acoso
Actualizado: Sábado 12 de Marzo de 2016 - 09:33 hs
Los "Escenarios actuales en las instituciones educativas: la problemática del bullying en los vínculos que se construyen" fue el tema que se debatió en un panel multidisciplinario realizado el pasado 21 de agosto en la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Fue organizado por el Programa Educación y Sociedad de la Secretaría de Extensión de la UNL y el Instituto de Desarrollo e Investigación para la Formación Docente FHUC (INDI).
En esta oportunidad disertaron Maximiliano Bruera, Mirta Espinosa y Mariana Scrinzi. Los profesionales coincidieron en que el tema del bullying, o acoso escolar, es una problemática que erróneamente se patologiza. Y ello tiene sus orígenes en la década del 70 en la corriente positivista-funcionalista que sostiene que en el orden de la sociedad “hay un sujeto anormal, aquel que no se adapta a la norma, y se lo considera patológico. Es un sujeto que se lo entiende como enfermo”, explicó Espinosa respecto de esta concepción. Una visión que hoy día se sigue sosteniendo.
Al respecto Scrinzi, desde la psicología, planteó que el escenario actual, es decir “nuestra época”, “tiene una característica que está atravesada por lógicas clasificatorias, que etiquetan, psicopatologizan y muchas veces también medicalizan”.
Por su parte, Bruera sostuvo que “hay que interpelar y desnaturalizar el discurso instalado en grandes instituciones”, por ejemplo de medios de comunicación y empresas farmacológicas, porque en casos de acoso escolar “no hay una solución inmediata, porque hay un sujeto sufriente, y si hay comportamientos agresivos eso puede ser un indicador o indicio de que hay malestar, entonces esto debe habilitar a la pregunta de qué le puede pasar”.
Entendiendo que este tipo de violencia en el establecimiento educativo no es singular, sino que tiene un pasado que lo fue produciendo, Espinosa afirmó que “está enmarcada en la violencia social, nuestro contexto es de un país de décadas de violencia con dictaduras, luego con el neoliberalismo y el neodarwinismo”.
Cómo intervenir
En general concluyeron en que “no hay recetas para casos violencia escolar”. Ni una solución para todos los casos. “No hay que responder con prescripciones, sino ver el quién y el por qué. En Internet uno busca bullying y encuentra miles de respuestas y soluciones rápidas, una soluciona para todos. Se busca qué tenemos que hacer sin pensar con quienes”, sostuvo Scrinzi.
Por su parte Espinosa propuso que hay que hacerse cargo desde la formación docente, en las universidades y desde el Estado. “Hay que generar proyectos de investigación que produzcan información relevante sobre el tema en la región y en nuestra ciudad, producir información científica-académica con anclaje local, otra estrategia es que la problemática se incluya en planes de estudio, en cátedras, entre otros”.
Bruera planteó que al desarrollarse este tipo de violencia entre pares en un escenario –el establecimiento educativo– en el que hay adultos presentes “no podemos actuar como un igual, tenemos que sancionar lo que sucede, en el sentido de una sanción nominativa, es decir, poder poner en palabras. Que el chico pueda registrar lo que hizo y cuáles son las consecuencias de sus actos en el otro”.
En esta oportunidad disertaron Maximiliano Bruera, Mirta Espinosa y Mariana Scrinzi. Los profesionales coincidieron en que el tema del bullying, o acoso escolar, es una problemática que erróneamente se patologiza. Y ello tiene sus orígenes en la década del 70 en la corriente positivista-funcionalista que sostiene que en el orden de la sociedad “hay un sujeto anormal, aquel que no se adapta a la norma, y se lo considera patológico. Es un sujeto que se lo entiende como enfermo”, explicó Espinosa respecto de esta concepción. Una visión que hoy día se sigue sosteniendo.
Al respecto Scrinzi, desde la psicología, planteó que el escenario actual, es decir “nuestra época”, “tiene una característica que está atravesada por lógicas clasificatorias, que etiquetan, psicopatologizan y muchas veces también medicalizan”.
Por su parte, Bruera sostuvo que “hay que interpelar y desnaturalizar el discurso instalado en grandes instituciones”, por ejemplo de medios de comunicación y empresas farmacológicas, porque en casos de acoso escolar “no hay una solución inmediata, porque hay un sujeto sufriente, y si hay comportamientos agresivos eso puede ser un indicador o indicio de que hay malestar, entonces esto debe habilitar a la pregunta de qué le puede pasar”.
Entendiendo que este tipo de violencia en el establecimiento educativo no es singular, sino que tiene un pasado que lo fue produciendo, Espinosa afirmó que “está enmarcada en la violencia social, nuestro contexto es de un país de décadas de violencia con dictaduras, luego con el neoliberalismo y el neodarwinismo”.
Cómo intervenir
En general concluyeron en que “no hay recetas para casos violencia escolar”. Ni una solución para todos los casos. “No hay que responder con prescripciones, sino ver el quién y el por qué. En Internet uno busca bullying y encuentra miles de respuestas y soluciones rápidas, una soluciona para todos. Se busca qué tenemos que hacer sin pensar con quienes”, sostuvo Scrinzi.
Por su parte Espinosa propuso que hay que hacerse cargo desde la formación docente, en las universidades y desde el Estado. “Hay que generar proyectos de investigación que produzcan información relevante sobre el tema en la región y en nuestra ciudad, producir información científica-académica con anclaje local, otra estrategia es que la problemática se incluya en planes de estudio, en cátedras, entre otros”.
Bruera planteó que al desarrollarse este tipo de violencia entre pares en un escenario –el establecimiento educativo– en el que hay adultos presentes “no podemos actuar como un igual, tenemos que sancionar lo que sucede, en el sentido de una sanción nominativa, es decir, poder poner en palabras. Que el chico pueda registrar lo que hizo y cuáles son las consecuencias de sus actos en el otro”.
Fuente: prensa unl
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