Son deudas millonarias que deberán pagar los padres de los alumnos responsables, debido a los costos operativos y administrativos para la investigación.
Jueves 22 de Agosto de 2013 - 10:10 hs
Tiene 14 años y se fugó con un ciberamigo de 24 que había conocido por Facebook
Un matrimonio de Fray Luis Beltrán vivió una verdadera pesadilla la semana pasada cuando desapareció Celeste, su hija de 14 años, quien fue hallada ilesa cinco días más tarde en la casa de un joven rosarino de 25 años a quien la menor había conocido a través de Facebook. Carolina (24), la hermana mayor de la adolescente fugada, contó cómo transcurrieron las desesperantes horas de búsqueda hasta dar con su paradero y acusó a la policía local de "prácticamente no haber actuado".
Celeste había discutido con su mamá el lunes de la semana pasada. Con el arrebato propio de la edad y con la complicidad de una amiga, planeó la fuga hacia Rosario, para quedarse en la casa de Eduardo G. A., el joven a quien había conocido a través de la red social y con quien se comunicaba sólo en privado. El martes 13 por la mañana fue a la escuela, salió del establecimiento al mediodía, y ya no volvió a su casa.
Preocupados y sin sospechas certeras de dónde podría estar, sus padres radicaron la denuncia por averiguación de paradero en la comisaría 4ª de Fray Luis Beltrán, de donde partieron en patrulleros a recorrer los domicilios de las amigas de la menor, en busca de datos, aunque sin éxito. "El miércoles y el jueves nos instalamos en la policía aguardando algún avance, y mientras tanto todos los parientes hacíamos de todo por aportar datos", recordó Carolina.
Búsqueda familiar. De allí en más, todas las novedades corrieron por cuenta de los familiares. Agotados todos los esfuerzos por saber algo a través de las compañeras, la familia se enfocó en rescatar de donde fuera información de ese muchacho rosarino del que Celeste apenas le había comentado algo a su hermana menor. Y Facebook, el origen de esa relación, ofreció un viso de esperanza. De la escasa data en el perfil del muchacho figuraba el nombre de la escuela en la que había estudiado. Allí se dirigieron, avalados por un pariente cercano que es policía, y obtuvieron una dirección que pertenecía al padre del joven.
El sábado, el papá de Celeste, secundado por tres tíos de la adolescente, el familiar policía y con la puesta en conocimiento previa y la custodia de efectivos de las jurisdicciones rosarinas por donde habían buscado, fueron en primer término a ese domicilio del progenitor, quien en la actualidad no tiene contacto con Eduardo G. A. y los derivó a la casa de un abuelo. Una vez allí, el hombre argumentó lo mismo, aunque les indicó que el muchacho tenía relación con unas vecinas de la casa de enfrente, quienes aportaron la dirección de la casa de un amigo del joven.
Allí fue la última parada, en el barrio Godoy, en la zona oeste de Rosario, donde estaba Celeste, sana y salva, aunque con hambre porque "no tenían ni para comer. En todos esos días sólo tomaban mate", contó su hermana.
"No hicieron casi nada". "A ella la encontró mi familia, la policía no hizo casi nada, ni siquiera había difundido la denuncia y la foto en otras jurisdicciones. En un principio teníamos sospechas de que podía estar en Timbúes o en Villa Gobernador Gálvez, pero allí no llegó nada, tampoco a Rosario", remarcó Carolina, quien aclaró que su hermana "se fue y permaneció en la casa del chico por voluntad propia. El no le hizo nada malo, por eso papá decidió no hacer ninguna presentación en su contra", contó.
De todas maneras, Eduardo G. A. fue detenido en la comisaría de Fray Luis Beltrán y liberado el domingo, aunque continúa en curso una investigación de oficio de la Justicia porque, siendo mayor de edad, se involucró con una menor.
"Celeste está bien, aunque muy sensible. No está yendo a la escuela y va a recibir asistencia psicológica. Nosotros no nos podemos recuperar de esta experiencia. Durante cinco días vivimos una pesadilla y no se la deseamos a nadie", remató Carolina.
Celeste había discutido con su mamá el lunes de la semana pasada. Con el arrebato propio de la edad y con la complicidad de una amiga, planeó la fuga hacia Rosario, para quedarse en la casa de Eduardo G. A., el joven a quien había conocido a través de la red social y con quien se comunicaba sólo en privado. El martes 13 por la mañana fue a la escuela, salió del establecimiento al mediodía, y ya no volvió a su casa.
Preocupados y sin sospechas certeras de dónde podría estar, sus padres radicaron la denuncia por averiguación de paradero en la comisaría 4ª de Fray Luis Beltrán, de donde partieron en patrulleros a recorrer los domicilios de las amigas de la menor, en busca de datos, aunque sin éxito. "El miércoles y el jueves nos instalamos en la policía aguardando algún avance, y mientras tanto todos los parientes hacíamos de todo por aportar datos", recordó Carolina.
Búsqueda familiar. De allí en más, todas las novedades corrieron por cuenta de los familiares. Agotados todos los esfuerzos por saber algo a través de las compañeras, la familia se enfocó en rescatar de donde fuera información de ese muchacho rosarino del que Celeste apenas le había comentado algo a su hermana menor. Y Facebook, el origen de esa relación, ofreció un viso de esperanza. De la escasa data en el perfil del muchacho figuraba el nombre de la escuela en la que había estudiado. Allí se dirigieron, avalados por un pariente cercano que es policía, y obtuvieron una dirección que pertenecía al padre del joven.
El sábado, el papá de Celeste, secundado por tres tíos de la adolescente, el familiar policía y con la puesta en conocimiento previa y la custodia de efectivos de las jurisdicciones rosarinas por donde habían buscado, fueron en primer término a ese domicilio del progenitor, quien en la actualidad no tiene contacto con Eduardo G. A. y los derivó a la casa de un abuelo. Una vez allí, el hombre argumentó lo mismo, aunque les indicó que el muchacho tenía relación con unas vecinas de la casa de enfrente, quienes aportaron la dirección de la casa de un amigo del joven.
Allí fue la última parada, en el barrio Godoy, en la zona oeste de Rosario, donde estaba Celeste, sana y salva, aunque con hambre porque "no tenían ni para comer. En todos esos días sólo tomaban mate", contó su hermana.
"No hicieron casi nada". "A ella la encontró mi familia, la policía no hizo casi nada, ni siquiera había difundido la denuncia y la foto en otras jurisdicciones. En un principio teníamos sospechas de que podía estar en Timbúes o en Villa Gobernador Gálvez, pero allí no llegó nada, tampoco a Rosario", remarcó Carolina, quien aclaró que su hermana "se fue y permaneció en la casa del chico por voluntad propia. El no le hizo nada malo, por eso papá decidió no hacer ninguna presentación en su contra", contó.
De todas maneras, Eduardo G. A. fue detenido en la comisaría de Fray Luis Beltrán y liberado el domingo, aunque continúa en curso una investigación de oficio de la Justicia porque, siendo mayor de edad, se involucró con una menor.
"Celeste está bien, aunque muy sensible. No está yendo a la escuela y va a recibir asistencia psicológica. Nosotros no nos podemos recuperar de esta experiencia. Durante cinco días vivimos una pesadilla y no se la deseamos a nadie", remató Carolina.
Fuente: lacapital.com.ar
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