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LT10 - Asesino suelto
Domingo 28 de Julio de 2013 - 13:42 hs
El nazi Erich Priebke pasea por Roma y cumple cien años
El exjerarca de las SS que estuvo exiliado en la Argentina se dejó ver en las calles italianas.
Actualizado: Lunes 14 de Marzo de 2016 - 08:50 hs
Con chomba azul, pantalón de color arena, zapatos de tenis y gorrito blanco, bien erguido y pecho afuera, Erich Priebke, el ex coronel nazi de las SS, sale todas las mañanas alrededor de las 7 de su departamento en el barrio popular romano de Balduina para su cotidiano paseo, en compañía de una señora que lo cuida y de su inseparable escolta. Luce una vejez muy bien llevada, y es difícil imaginar que está por festejar su cumpleaños número cien.
En Italia, Priebke está condenado a cadena perpetua por la Masacre de las Fosas Ardeatinas. El 24 marzo de 1944, cuando Roma estaba ocupada por los nazis, en las afueras de la ciudad fueron asesinadas 335 personas inocentes. Fue la venganza del régimen de Hitler contra el pueblo romano por una acción de guerrilla contra las SS que habían cometido los partisanos que luchaban por la liberación de Italia. El primer juicio por la masacre se celebró en 1948 y sólo fue condenado Herbert Kappler, jefe de las SS en la capital italiana.
Priebke no estaba allí: se había escapado a la Argentina, donde lo hallaron a mediados de los años 90. La Argentina dio el permiso de extradición solicitado por Italia y, con gran clamor mediático, el jerarca nazi fue sentenciado a cadena perpetua en 1998.
Los jueces decidieron concederle el arresto domiciliario por su avanzada edad y desde 2009 tiene permiso para salir regularmente de su casa. La gente del barrio se acostumbró a su presencia, y nadie lo insulta ni lo escracha.
Viejos camaradas, jóvenes extremistas de derecha y nostálgicos fascistas de todo tipo se acercan a menudo a su hogar para visitarlo. Por estas horas, esos personajes están ocupados en organizarle una gran fiesta para el lunes por su cumpleaños número cien.
El alcalde de Roma, Ignacio Marino, recién elegido por la centroizquierda en lugar de Gianni Alemanno, alcalde fascista que gobernó Roma en los ultimos cuatro años, aseguró que “no habrá ninguna fiesta pública”. Sin embargo, hay una gran expectativa entre los íntimos del ex coronel, los mismos que hace diez años alquilaron una gran casona de campo para festejar los 90 años de Priebke. En aquella fastuosa celebración, los invitados comieron jamón serrano y mozzarella en el jardín mientras un juego de luces en el cielo escribía en letras gigantes: “Felicidades por tus 90 años”.
El actual abogado de Priebke, Paolo Giachini, recomendó esta semana a su asistido evitar recibir visitas para no caldear los ánimos.
El presidente de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Pacifici, exhortó a las autoridades italianas a garantizar que Priebke no sea agasajado públicamente.
“El problema no son los cien años, sino el homenaje que muchos quieren hacerle –advirtió Pacifici–. Es frente a estas personas que nos indignamos, como italianos y como judíos.
En la masacre de las Ardeatinas fueron asesinados ciudadanos comunes, militares, curas, no sólo judíos. Por favor, nadie olvide que Priebke nunca pidió perdón y nunca tuvo piedad con las víctimas que torturó y asesinó”.
El grupo de sus íntimos se mostró desafiante ante las reacciones de rechazo. “El coronel es viejo y está casi sordo, no se acuerda bien de las cosas”, dijo uno de los jóvenes neonazis que lo visitan a menudo.
Quién sabe si Priebke se acuerda de aquella mañana de 1944 en la que dio la orden de matar a 335 personas.
En Italia, Priebke está condenado a cadena perpetua por la Masacre de las Fosas Ardeatinas. El 24 marzo de 1944, cuando Roma estaba ocupada por los nazis, en las afueras de la ciudad fueron asesinadas 335 personas inocentes. Fue la venganza del régimen de Hitler contra el pueblo romano por una acción de guerrilla contra las SS que habían cometido los partisanos que luchaban por la liberación de Italia. El primer juicio por la masacre se celebró en 1948 y sólo fue condenado Herbert Kappler, jefe de las SS en la capital italiana.
Priebke no estaba allí: se había escapado a la Argentina, donde lo hallaron a mediados de los años 90. La Argentina dio el permiso de extradición solicitado por Italia y, con gran clamor mediático, el jerarca nazi fue sentenciado a cadena perpetua en 1998.
Los jueces decidieron concederle el arresto domiciliario por su avanzada edad y desde 2009 tiene permiso para salir regularmente de su casa. La gente del barrio se acostumbró a su presencia, y nadie lo insulta ni lo escracha.
Viejos camaradas, jóvenes extremistas de derecha y nostálgicos fascistas de todo tipo se acercan a menudo a su hogar para visitarlo. Por estas horas, esos personajes están ocupados en organizarle una gran fiesta para el lunes por su cumpleaños número cien.
El alcalde de Roma, Ignacio Marino, recién elegido por la centroizquierda en lugar de Gianni Alemanno, alcalde fascista que gobernó Roma en los ultimos cuatro años, aseguró que “no habrá ninguna fiesta pública”. Sin embargo, hay una gran expectativa entre los íntimos del ex coronel, los mismos que hace diez años alquilaron una gran casona de campo para festejar los 90 años de Priebke. En aquella fastuosa celebración, los invitados comieron jamón serrano y mozzarella en el jardín mientras un juego de luces en el cielo escribía en letras gigantes: “Felicidades por tus 90 años”.
El actual abogado de Priebke, Paolo Giachini, recomendó esta semana a su asistido evitar recibir visitas para no caldear los ánimos.
El presidente de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Pacifici, exhortó a las autoridades italianas a garantizar que Priebke no sea agasajado públicamente.
“El problema no son los cien años, sino el homenaje que muchos quieren hacerle –advirtió Pacifici–. Es frente a estas personas que nos indignamos, como italianos y como judíos.
En la masacre de las Ardeatinas fueron asesinados ciudadanos comunes, militares, curas, no sólo judíos. Por favor, nadie olvide que Priebke nunca pidió perdón y nunca tuvo piedad con las víctimas que torturó y asesinó”.
El grupo de sus íntimos se mostró desafiante ante las reacciones de rechazo. “El coronel es viejo y está casi sordo, no se acuerda bien de las cosas”, dijo uno de los jóvenes neonazis que lo visitan a menudo.
Quién sabe si Priebke se acuerda de aquella mañana de 1944 en la que dio la orden de matar a 335 personas.
Fuente: Perfil.com
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