El Tatengue cierra la fase regular con una obligación clara y un horizonte exigente. Ganar lo mete en octavos; cualquier otro resultado lo deja mirando de reojo y, si clasifica, lo espera una parada brava fuera de casa.
Sábado 18 de Mayo de 2013 - 00:47 hs
Ataques de pánico: Un trastorno de época
Actualizado: Lunes 07 de Marzo de 2016 - 16:22 hs
Es, antes que nada, una sensación. Una desagradable sensación. A veces empieza en el estómago, se expande a la cabeza. Puede ser como una angustia, pero veloz; una angustia urgente que va tomando el cuerpo: temblores, sudoración, respiración agitada, tal vez hasta dificultad para moverse. Es un espectáculo apabullante el de un hombre –por ejemplo– que mide casi dos metros y de pronto tiene que ponerse en cuatro patas en plena calle porque no puede caminar. Las piernas ya no son sus piernas y no le responden. Él mismo puede ver la escena desde afuera, como orbitando, y no puede creerlo. Es que parece que no le pasara nada, excepto que tiene miedo. Peor. Lo que tiene –lo que quizás usted ya haya tenido– es pánico. Y lo está atacando.
El ataque de pánico ha conseguido la difícil proeza de ser moda y tabú. Es un mal de esta época. No existen cifras oficiales sobre el padecimiento, pero nadie duda de que está en aumento: los profesionales informan que el 60 por ciento de los pacientes que consultan hoy por primera vez a un psiquiatra en los hospitales públicos lo hacen por pánico y en las guardias nadie se inquieta si llega una chica relativamente joven con las manos hechas un nudo, jadeando y jurando que le duele el pecho, que tiene un infarto, que se está muriendo. Los médicos saben que no. Van a sentarla en la camilla y presentarle a su nuevo aliado: una pastilla de clonazepam, el ansiolítico líder del mercado.
En los últimos días, Ernestina Pais se volvió una emergente involuntaria de este fenómeno global al renunciar intempestivamente a “Desayuno Americano” apenas tres meses después de haber aceptado la conducción: “Lamentablemente estoy sufriendo una enfermedad conocida comúnmente como ataque de pánico. Es imprevisible y me hace fluctuar a momentos muy angustiantes. La mejor forma de enfrentarla es darle tiempo, y así poder superarla con apoyo terapéutico”, escribió en un comunicado que América TV difundió el jueves 9. Hoy, es su familia la que responde por ella los e-mails. Pais se mantiene aislada, apenas sale de su casa para ver a su psicólogo y a su psiquiatra. Explica una amiga: “Se tiene que tomar su tiempo. Los médicos le recomiendan estar tranquila, que no se enrosque con la actualidad”.
La actualidad, para muchos, es un factor clave. No es casualidad que el último pico de consultas por ansiedad y estrés en la Argentina se haya dado después de la crisis del 2001. “El clima social es decisivo. El pánico es un temor al exterior y se acrecienta cuando el mundo pierde su piso y se abisma. La inflación o la inestabilidad laboral contribuyen de manera directa”, asegura el filósofo Miguel Wiñazki, autor del libro “Ataque de pánico. Crónicas del miedo” (ver recuadro). Para el médico psiquiatra Oscar Carrión, fundador de la Fundación Fobia Club, la crisis social –a lo sumo– empuja: “No tiene pánico el que quiere sino el que puede”. El miedo, dice, viene de adentro.
TABÚ. “Es como un fin del mundo que cabe en 10 minutos”, explica la periodista Ana Prieto, autora de “Pánico”, un libro de editorial Marea que saldrá a la venta en junio. Inspirada en su propia experiencia con la enfermedad, Prieto entrevistó a médicos y pacientes, recorrió hospitales públicos y consultorios chic para dar con una característica en común: la vergüenza. “El que tuvo pánico tiene miedo de volverlo a padecer. Pero además siente que todos son hábiles y poderosos menos él”, explica.
El ataque de pánico ha conseguido la difícil proeza de ser moda y tabú. Es un mal de esta época. No existen cifras oficiales sobre el padecimiento, pero nadie duda de que está en aumento: los profesionales informan que el 60 por ciento de los pacientes que consultan hoy por primera vez a un psiquiatra en los hospitales públicos lo hacen por pánico y en las guardias nadie se inquieta si llega una chica relativamente joven con las manos hechas un nudo, jadeando y jurando que le duele el pecho, que tiene un infarto, que se está muriendo. Los médicos saben que no. Van a sentarla en la camilla y presentarle a su nuevo aliado: una pastilla de clonazepam, el ansiolítico líder del mercado.
En los últimos días, Ernestina Pais se volvió una emergente involuntaria de este fenómeno global al renunciar intempestivamente a “Desayuno Americano” apenas tres meses después de haber aceptado la conducción: “Lamentablemente estoy sufriendo una enfermedad conocida comúnmente como ataque de pánico. Es imprevisible y me hace fluctuar a momentos muy angustiantes. La mejor forma de enfrentarla es darle tiempo, y así poder superarla con apoyo terapéutico”, escribió en un comunicado que América TV difundió el jueves 9. Hoy, es su familia la que responde por ella los e-mails. Pais se mantiene aislada, apenas sale de su casa para ver a su psicólogo y a su psiquiatra. Explica una amiga: “Se tiene que tomar su tiempo. Los médicos le recomiendan estar tranquila, que no se enrosque con la actualidad”.
La actualidad, para muchos, es un factor clave. No es casualidad que el último pico de consultas por ansiedad y estrés en la Argentina se haya dado después de la crisis del 2001. “El clima social es decisivo. El pánico es un temor al exterior y se acrecienta cuando el mundo pierde su piso y se abisma. La inflación o la inestabilidad laboral contribuyen de manera directa”, asegura el filósofo Miguel Wiñazki, autor del libro “Ataque de pánico. Crónicas del miedo” (ver recuadro). Para el médico psiquiatra Oscar Carrión, fundador de la Fundación Fobia Club, la crisis social –a lo sumo– empuja: “No tiene pánico el que quiere sino el que puede”. El miedo, dice, viene de adentro.
TABÚ. “Es como un fin del mundo que cabe en 10 minutos”, explica la periodista Ana Prieto, autora de “Pánico”, un libro de editorial Marea que saldrá a la venta en junio. Inspirada en su propia experiencia con la enfermedad, Prieto entrevistó a médicos y pacientes, recorrió hospitales públicos y consultorios chic para dar con una característica en común: la vergüenza. “El que tuvo pánico tiene miedo de volverlo a padecer. Pero además siente que todos son hábiles y poderosos menos él”, explica.
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