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Martes 05 de Febrero de 2013 - 23:58 hs
El Parlamento británico da luz verde al matrimonio homosexual
La iniciativa promovida por el gobierno de David Cameron para legalizar el matrimonio homosexual en el Reino Unido ha sido aprobada este martes en su primera lectura en los Comunes por apabullante mayoría y, sin embargo ha encarnado una sonora derrota para el primer ministro después de que casi la mitad de sus diputados conservadores se pronunciara en contra de la medida. Ni siquiera los cálculos más pesimistas en el seno del partido de los tories, que concedió libertad de voto a sus parlamentarios ante una cuestión muy sensible, preveían las dimensiones de esa rebelión y desafío a su jefe de fila, cuyo liderazgo es crecientemente cuestionado desde un sector que no le cree capaz de ganar las próximas elecciones.
Han sido los votos de sus aliados liberaldemócratas y de la principal fuerza de la oposición, los laboristas de Ed Milliband, los que han hecho posible el desenlace de 400 votos a favor y 175 en contra, estos últimos mayoritariamente copados (150) por el rechazo de los parlamentarios del partido de Cameron. Para el jefe del Gobierno no se trata tan sólo de una medida que casa con sus convicciones personales (“soy un gran defensor del matrimonio y no quiero que los homosexuales estén excluidos de esa gran institución”, ha subrayado), sino principalmente de abrir el Partido Conservador a un más amplio espectro de votantes demostrando que se ha modernizado a la par que la sociedad.
En ese esfuerzo ha colisionado con las bases tradicionales del partido, aquellas que se oponen a la ley por consideraciones morales y que ahora amenazan a su líder abiertamente. “Creo que un número importante de seguidores y votantes conservadores sienten que David (Cameron) está comprometiendo gravemente la oportunidad de ser reelegido en 2015”, subrayaba uno de los protagonistas de esta rebelión tory que tiene como cabeza más visible al diputado David Burrowes.
Algunos miembros del gabinete intentaron convencer a Cameron en los últimos días de que incluyera en el presupuesto del próximo marzo un paquete de ventajas fiscales para los matrimonios, como táctica para “suavizar las cosas” y neutralizar a los rebeldes tories. Pero el primer ministro confirmó el pasado fin de semana que ese incentivo deberá esperar hasta la próxima legislatura. La reacción ha sido furibunda y ha tenido su reflejo en la inapelable votación de hoy, que también ha registrado un significativo número de abstenciones.
La ley, que previsiblemente será aprobada gracias al apoyo de otras fuerzas políticas, pasará en mayo por la Cámara de los Lores y finalmente regresará a los Comunes para su aval definitivo. Con su entrada en vigor en Inglaterra y Gales prevista para 2014, la iniciativa permitirá a las parejas del mismo sexo casarse tanto en ceremonias civiles como religiosas, en este último caso siempre que esas instituciones lo hayan consentido formalmente. Ese no es el sentir oficial de la Iglesia Anglicana, como confirmó el nuevo arzobispo de Canterbury, Justin Welby, al expresar su rechazo al matrimonio gay tras su reciente toma de posesión.
Una mayoría de británicos (el 55%, según la encuestadora YouGov) respalda la medida, que supone un paso más allá de las uniones civiles de parejas del mismo sexo ya legalizadas en el Reino Unido, pero los sondeos también confirman que la cuestión no aparece entre sus prioridades inmediatas.
Mientras las juventudes conservadoras y el grueso del gabinete han declarado sin ambages su apoyo, la futura ley sigue provocando defecciones de afiliados del partido en las circunscripciones más rancias. Y, lo que más debe preocupar a Cameron, esa agitación entre las bases ha vuelto a poner en primer plano las maniobras que desde el pasado otoño protagonizan un grupo de desafectos para descabalgarlo del liderazgo, aquellos que en el último año vienen condicionando sus políticas en cuestiones como la integración europea, la reforma de la Cámara de los Lores (que consiguieron aniquilar) o la composición misma del último gabinete.
Casi nadie espera que esa hipótesis se produjera antes de la cita electoral de 2015, pero los movimientos para buscarle un recambio ya han comenzado. “¿Cuánto de importante es la conspiración para derribar a Cameron?”, se preguntaba el conservador Telegraph. La votación en los Comunes dio ayer un nueva medida de hasta qué punto el primer ministro no controla a los suyos. Y esa situación, en el universo de la política, equivale a una sentencia.
Han sido los votos de sus aliados liberaldemócratas y de la principal fuerza de la oposición, los laboristas de Ed Milliband, los que han hecho posible el desenlace de 400 votos a favor y 175 en contra, estos últimos mayoritariamente copados (150) por el rechazo de los parlamentarios del partido de Cameron. Para el jefe del Gobierno no se trata tan sólo de una medida que casa con sus convicciones personales (“soy un gran defensor del matrimonio y no quiero que los homosexuales estén excluidos de esa gran institución”, ha subrayado), sino principalmente de abrir el Partido Conservador a un más amplio espectro de votantes demostrando que se ha modernizado a la par que la sociedad.
En ese esfuerzo ha colisionado con las bases tradicionales del partido, aquellas que se oponen a la ley por consideraciones morales y que ahora amenazan a su líder abiertamente. “Creo que un número importante de seguidores y votantes conservadores sienten que David (Cameron) está comprometiendo gravemente la oportunidad de ser reelegido en 2015”, subrayaba uno de los protagonistas de esta rebelión tory que tiene como cabeza más visible al diputado David Burrowes.
Algunos miembros del gabinete intentaron convencer a Cameron en los últimos días de que incluyera en el presupuesto del próximo marzo un paquete de ventajas fiscales para los matrimonios, como táctica para “suavizar las cosas” y neutralizar a los rebeldes tories. Pero el primer ministro confirmó el pasado fin de semana que ese incentivo deberá esperar hasta la próxima legislatura. La reacción ha sido furibunda y ha tenido su reflejo en la inapelable votación de hoy, que también ha registrado un significativo número de abstenciones.
La ley, que previsiblemente será aprobada gracias al apoyo de otras fuerzas políticas, pasará en mayo por la Cámara de los Lores y finalmente regresará a los Comunes para su aval definitivo. Con su entrada en vigor en Inglaterra y Gales prevista para 2014, la iniciativa permitirá a las parejas del mismo sexo casarse tanto en ceremonias civiles como religiosas, en este último caso siempre que esas instituciones lo hayan consentido formalmente. Ese no es el sentir oficial de la Iglesia Anglicana, como confirmó el nuevo arzobispo de Canterbury, Justin Welby, al expresar su rechazo al matrimonio gay tras su reciente toma de posesión.
Una mayoría de británicos (el 55%, según la encuestadora YouGov) respalda la medida, que supone un paso más allá de las uniones civiles de parejas del mismo sexo ya legalizadas en el Reino Unido, pero los sondeos también confirman que la cuestión no aparece entre sus prioridades inmediatas.
Mientras las juventudes conservadoras y el grueso del gabinete han declarado sin ambages su apoyo, la futura ley sigue provocando defecciones de afiliados del partido en las circunscripciones más rancias. Y, lo que más debe preocupar a Cameron, esa agitación entre las bases ha vuelto a poner en primer plano las maniobras que desde el pasado otoño protagonizan un grupo de desafectos para descabalgarlo del liderazgo, aquellos que en el último año vienen condicionando sus políticas en cuestiones como la integración europea, la reforma de la Cámara de los Lores (que consiguieron aniquilar) o la composición misma del último gabinete.
Casi nadie espera que esa hipótesis se produjera antes de la cita electoral de 2015, pero los movimientos para buscarle un recambio ya han comenzado. “¿Cuánto de importante es la conspiración para derribar a Cameron?”, se preguntaba el conservador Telegraph. La votación en los Comunes dio ayer un nueva medida de hasta qué punto el primer ministro no controla a los suyos. Y esa situación, en el universo de la política, equivale a una sentencia.
Fuente: elpais.com
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