Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
Martes 22 de Enero de 2013 - 07:54 hs
Netanyahu parte como favorito en las elecciones de hoy en Israel
Ultrareligiosos, laicos, palestinos con pasaporte israelí, colonos, pacifistas, desencantados, temerosos… todos los israelíes están llamados hoy a las urnas para elegir al próximo primer ministro, encargado de poner en pie una coalición de Gobierno. Benjamín Netanyahu, al frente del actual Gobierno de derechas se perfila como claro ganador, pero podría perder buena parte de los apoyos con los que ha contado esta legislatura, según coinciden los sondeos. La extrema derecha, nueva fuerza emergente, parece ser la culpable de la sangría de votos que se habría producido en las últimas semanas.
A las siete de la mañana, hora local (6 de la mañana hora peninsular española), han abierto los colegios electorales, que cierran a las diez de la noche. Inmediatamente después, se conocerán los resultados preliminares. Para los definitivos habrá que esperar hasta la madrugada.
Netanyahu decidió adelantar a finales de enero estas elecciones, que en principio debían celebrarse el próximo octubre, ante la imposibilidad de sacar adelante un presupuesto austero sin provocar una crisis en actual Ejecutivo. Ahora, para sumar más de la mitad de los 120 escaños con los que cuenta la Knesset, el Parlamento israelí, Netanyahu necesitará tejer nuevas alianzas. Los analistas aseguran que el primer ministro no podrá prescindir de Casa Judía, el nuevo partido de extrema derecha. La paz con los palestinos no aparece como prioridad para ninguna de las posibles coaliciones de Gobierno que se barajan.
Los políticos israelíes han peleado en las últimas horas por conquistar los votos del 15% de indecisos. Los votantes que aún dudan podrían moldear la coalición de Gobierno que se forme tras los comicios, pero no decidirán según los sondeos quién será el nuevo primer ministro israelí. Voten lo que voten, Netanyahu será el candidato más votado, según las encuestas. La apatía cunde entre buena parte del electorado, que cree conocer el ganador y que siente que no se juega demasiado en las urnas. Prefieren además el continuismo y la firmeza que ofrece Netanyahu, en un momento de convulsión regional desatada por las primaveras árabes y que los israelíes sienten que difícilmente les beneficiará.
Sin mayoría absoluta
La ventaja de Netanyahu se ha desplomado sin embargo en las últimas semanas a un ritmo preocupante para los dirigentes de su partido, el derechista Likud. La meteórica ascensión de Nafatli Bennet, un joven empresario ultraderechista y carismático es la mayor fuente de ansiedad para la alianza gubernamental Likud-Israel Beitenu, la que parte como ganadora. Sonados choques con Washington y el proceso judicial de Avigdor Lieberman, hasta hace poco ministro de Exteriores, y número dos de la alianza electoral que dirige Netanyahu podrían ser también culpables de que el ticket Bibierman haya cojeado sobre todo en la recta final de la campaña.
Al otro lado del espectro político, en el llamado bloque de centro-izquierda, un puñado de partidos han peleado a brazo partido por conquistar al segmento de población que rechaza a los candidatos ultranacionalistas y de la derecha. Sólo una improbable alianza con los partidos ultrarreligiosos les podría encumbrar en el Gobierno. El laborismo es el partido con más posibilidades de triunfo en este bloque. Ha centrado su campaña centrada en las cuestiones sociales y económicas, las que más preocupan a los israelíes. En el campo centrista se encuentra también el partido de Tzipi Livni, la única formación que junto con la extrema izquierda ha convertido el mal llamado proceso de paz con los palestinos una prioridad durante la campaña.
Ningún partido israelí ha logrado jamás la mayoría absoluta en la historia del país. Por eso, en esta ocasión en la que además el ganador parece estar cantado, la importancia radica más bien en saber qué tipo de coalición de Gobierno resultará de las complicadas y dilatadas negociaciones que darán comienzo tras los comicios. Está por ver si nacerá el Ejecutivo más derechista de la historia, como parecen indicar los números y las posibles alianzas naturales. O si por el contrario, Netanyahu tratará de incluir en su Gobierno a algún partido de centro, para labrar una imagen más digerible ante la comunidad internacional.
A las siete de la mañana, hora local (6 de la mañana hora peninsular española), han abierto los colegios electorales, que cierran a las diez de la noche. Inmediatamente después, se conocerán los resultados preliminares. Para los definitivos habrá que esperar hasta la madrugada.
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Los políticos israelíes han peleado en las últimas horas por conquistar los votos del 15% de indecisos. Los votantes que aún dudan podrían moldear la coalición de Gobierno que se forme tras los comicios, pero no decidirán según los sondeos quién será el nuevo primer ministro israelí. Voten lo que voten, Netanyahu será el candidato más votado, según las encuestas. La apatía cunde entre buena parte del electorado, que cree conocer el ganador y que siente que no se juega demasiado en las urnas. Prefieren además el continuismo y la firmeza que ofrece Netanyahu, en un momento de convulsión regional desatada por las primaveras árabes y que los israelíes sienten que difícilmente les beneficiará.
Sin mayoría absoluta
La ventaja de Netanyahu se ha desplomado sin embargo en las últimas semanas a un ritmo preocupante para los dirigentes de su partido, el derechista Likud. La meteórica ascensión de Nafatli Bennet, un joven empresario ultraderechista y carismático es la mayor fuente de ansiedad para la alianza gubernamental Likud-Israel Beitenu, la que parte como ganadora. Sonados choques con Washington y el proceso judicial de Avigdor Lieberman, hasta hace poco ministro de Exteriores, y número dos de la alianza electoral que dirige Netanyahu podrían ser también culpables de que el ticket Bibierman haya cojeado sobre todo en la recta final de la campaña.
Al otro lado del espectro político, en el llamado bloque de centro-izquierda, un puñado de partidos han peleado a brazo partido por conquistar al segmento de población que rechaza a los candidatos ultranacionalistas y de la derecha. Sólo una improbable alianza con los partidos ultrarreligiosos les podría encumbrar en el Gobierno. El laborismo es el partido con más posibilidades de triunfo en este bloque. Ha centrado su campaña centrada en las cuestiones sociales y económicas, las que más preocupan a los israelíes. En el campo centrista se encuentra también el partido de Tzipi Livni, la única formación que junto con la extrema izquierda ha convertido el mal llamado proceso de paz con los palestinos una prioridad durante la campaña.
Ningún partido israelí ha logrado jamás la mayoría absoluta en la historia del país. Por eso, en esta ocasión en la que además el ganador parece estar cantado, la importancia radica más bien en saber qué tipo de coalición de Gobierno resultará de las complicadas y dilatadas negociaciones que darán comienzo tras los comicios. Está por ver si nacerá el Ejecutivo más derechista de la historia, como parecen indicar los números y las posibles alianzas naturales. O si por el contrario, Netanyahu tratará de incluir en su Gobierno a algún partido de centro, para labrar una imagen más digerible ante la comunidad internacional.
Fuente: elpais.com
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