Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
LT10 - En Barrio Sur
Martes 15 de Enero de 2013 - 09:57 hs
Audaz asalto de policías \\"truchos\\"
Dos ladrones con uniformes completos y armas reglamentarias robaron en una casa de familia de Pasaje Quiroga al 1200. Fueron veinte minutos de terror para una mujer, sus dos hijos y una sobrina.
Dos delincuentes vestidos con uniformes policiales dieron un audaz golpe contra una familia de barrio Sur, en su propio domicilio, ubicado en Pasaje Quiroga al 1200.
Ingeniosamente, los ladrones -que tenían puesta la vestimenta que habitualmente usa la policía y las armas reglamentarias- fingieron tener a un malviviente detenido, esposado en el suelo.
“Todo comenzó unos minutos antes de las 15 del viernes. Recibí tres llamadas telefónicas muy extrañas. En la primera me preguntaron por un sujeto que yo no conocía. En las dos restantes, nadie respondió al otro lado de la línea. Minutos después, sonó el timbre de la puerta. Eran dos policías que tenían a un tipo esposado y tirado en el piso. Me dijeron que otro ‘choro’ estaba en el techo de mi casa y probablemente había pasado al fondo. Fue todo muy rápido y los dejé pasar”, recordó Mary.
“Danos las armas”
Entonces, uno de los supuestos policías quedó con la mujer dentro del inmueble, mientras el otro pasó al fondo en compañía de su hijo, Iván, de 24.
“Le pedí al que estaba conmigo -contó- que me deje sacar a mi hija Daiana, de 16, de la casa. Cuando se negó reiteradamente, comencé a sospechar algo raro y reaccioné. ‘Si se llegan a tirotear, mis hijos van a quedar en el medio’, le dije y también le pregunté qué pasaba con el ladrón que estaba afuera, quién lo cuidaba. Entonces volvió mi hijo y le pedí que sacara a su hermana del domicilio”.
En ese momento, los policías “truchos” dejaron ver sus verdaderas intenciones, ya tranquilos al comprobar que no había otras personas adentro. Uno de ellos empujó y tiró al suelo a Iván, para luego atarlo de pies y manos. Lo mismo le pasó a Daiana. “Usaron precintos de plástico. A mí también me maniataron, pero me llevaron de un lado para otro. Se ve que tenían información sobre nuestra familia”.
“Uno de los ladrones me dijo: ‘Danos las armas que tiene tu marido. Sabemos que es Mario G., que trabaja en el Mercado de Abasto’. Entonces les entregué las escopetas de caza que tenía mi esposo. Luego me pidieron plata y objetos de valor. Nunca tengo billetes encima, pero esta vez tenía algo porque soy repostera y vendo ropa. También les tuve que dar tres cadenitas de oro que eran de mi hija”.
Vendetta
Los delincuentes no golpearon a sus víctimas, pero presionaron para conseguir más dinero. “Me decían: ‘Cómo no vas a tener más plata, con el auto, la casa y la lancha que tenés’. Les contesté que mi marido la hacía trabajando. Creo que en ese momento me salvó que llegó mi ahijada Marta. A ella también la hicieron pasar, la redujeron y le robaron el celular”, narró la mujer.
Finalmente, uno de los “policías” le dijo al otro: “vamos loco, ya tenés lo que querés... ya tenés lo que viniste a buscar”. Y se fueron, pero antes uno le apuntó a la cabeza de Mary con su pistola y sentenció: “esto es una vendetta del Mercado de Abasto”.
“Quiero advertir a la gente. Pongan alarmas. Lo mío no fue al boleo. Fue en una fracción de segundo. Ese mismo día le habían tratado de robar el auto a una vecina de la cuadra. Y esto es culpa de los jueces, no de la policía. Son los jueces los que los dejan libres. No puede ser que los saquen de la cárcel con las causas que tienen”, enfatizó la mujer.
Ingeniosamente, los ladrones -que tenían puesta la vestimenta que habitualmente usa la policía y las armas reglamentarias- fingieron tener a un malviviente detenido, esposado en el suelo.
“Todo comenzó unos minutos antes de las 15 del viernes. Recibí tres llamadas telefónicas muy extrañas. En la primera me preguntaron por un sujeto que yo no conocía. En las dos restantes, nadie respondió al otro lado de la línea. Minutos después, sonó el timbre de la puerta. Eran dos policías que tenían a un tipo esposado y tirado en el piso. Me dijeron que otro ‘choro’ estaba en el techo de mi casa y probablemente había pasado al fondo. Fue todo muy rápido y los dejé pasar”, recordó Mary.
“Danos las armas”
Entonces, uno de los supuestos policías quedó con la mujer dentro del inmueble, mientras el otro pasó al fondo en compañía de su hijo, Iván, de 24.
“Le pedí al que estaba conmigo -contó- que me deje sacar a mi hija Daiana, de 16, de la casa. Cuando se negó reiteradamente, comencé a sospechar algo raro y reaccioné. ‘Si se llegan a tirotear, mis hijos van a quedar en el medio’, le dije y también le pregunté qué pasaba con el ladrón que estaba afuera, quién lo cuidaba. Entonces volvió mi hijo y le pedí que sacara a su hermana del domicilio”.
En ese momento, los policías “truchos” dejaron ver sus verdaderas intenciones, ya tranquilos al comprobar que no había otras personas adentro. Uno de ellos empujó y tiró al suelo a Iván, para luego atarlo de pies y manos. Lo mismo le pasó a Daiana. “Usaron precintos de plástico. A mí también me maniataron, pero me llevaron de un lado para otro. Se ve que tenían información sobre nuestra familia”.
“Uno de los ladrones me dijo: ‘Danos las armas que tiene tu marido. Sabemos que es Mario G., que trabaja en el Mercado de Abasto’. Entonces les entregué las escopetas de caza que tenía mi esposo. Luego me pidieron plata y objetos de valor. Nunca tengo billetes encima, pero esta vez tenía algo porque soy repostera y vendo ropa. También les tuve que dar tres cadenitas de oro que eran de mi hija”.
Vendetta
Los delincuentes no golpearon a sus víctimas, pero presionaron para conseguir más dinero. “Me decían: ‘Cómo no vas a tener más plata, con el auto, la casa y la lancha que tenés’. Les contesté que mi marido la hacía trabajando. Creo que en ese momento me salvó que llegó mi ahijada Marta. A ella también la hicieron pasar, la redujeron y le robaron el celular”, narró la mujer.
Finalmente, uno de los “policías” le dijo al otro: “vamos loco, ya tenés lo que querés... ya tenés lo que viniste a buscar”. Y se fueron, pero antes uno le apuntó a la cabeza de Mary con su pistola y sentenció: “esto es una vendetta del Mercado de Abasto”.
“Quiero advertir a la gente. Pongan alarmas. Lo mío no fue al boleo. Fue en una fracción de segundo. Ese mismo día le habían tratado de robar el auto a una vecina de la cuadra. Y esto es culpa de los jueces, no de la policía. Son los jueces los que los dejan libres. No puede ser que los saquen de la cárcel con las causas que tienen”, enfatizó la mujer.
Fuente: El Litoral
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