El platense no pudo ante el local Mattia Bellucci, verdugo de román Burruchaga, quien lo superó por 5-7, 6-2 y 6-4.
Martes 20 de Noviembre de 2012 - 09:49 hs
Se fugó de Piñero un recluso condenado por homicidio
Un recluso que estaba detenido en la cárcel de Piñero escapó el domingo de ese presidio. Iván Eduardo Ríos había sido condenado a 15 años de prisión por el crimen de Marcelo Montenegro, un suboficial del Comando Radioeléctrico de Villa Gobernador Gálvez que recibió cinco balazos en la puerta de su casa sin que hasta el momento se hayan determinado los motivos del ataque.
Fuentes del Servicio Penitenciario (SP) consignaron que Ríos era un preso que había alcanzado la fase de confianza en la ejecución de su pena por lo que había obtenido salidas transitorias y un trabajo en la cocina del penal, un área dentro del perímetro de la cárcel, pero no en la zona de máxima seguridad.
Su evasión se registró a las 10.30 de la mañana del domingo. El personal preparaba la comida cuando Ríos aprovechó que el empleado de custodia fue al baño para emprender una veloz carrera, trepar a un tejido bajo y ganar la calle donde lo esperaba un auto. "Se fue de ese modo pero también podría no haber retornado de una salida reglamentaria que había conseguido de manera legal", indicó un portavoz del SP.
Ríos fue condenado junto a Cristian Martín Imperiale a 15 de cárcel por el homicidio de Montenegro. En junio del 2009, la Sala IV de la Cámara Penal rosarina confirmó las condenas impuestas a los acusados y ponderó que establecer la motivación del crimen "no resulta determinante", ya que se considera probado que Imperiale y Ríos fueron los autores del homicidio.
El crimen. A las 17.45 del 21 de marzo del 2007 el policía llegaba acompañado de su esposa, María Alejandra, a su casa de Alvear al 1300, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez, donde vivían con sus cinco hijos. La mujer bajó y el suboficial, vestido de civil, quedó unos minutos solo en la vereda con su moto Titán en marcha. En ese momento, dos hombres se acercaron al suboficial y lo acribillaron sin que mediara una discusión.
Montenegro recibió cinco balazos. El más grave le ingresó por un ojo, quedó alojado en la cabeza y le destrozó la masa encefálica. Nueve días después murió en el hospital Clemente Alvarez.
Minutos después, según el fallo, Ríos e Imperiale fueron sorprendidos por la policía cuando asaltaban a un cobrador de una empresa de servicios sociales en Corrientes y San Juan de esa localidad, en una bajada al río Paraná situada a diez cuadras del lugar del crimen. Al trabajador le pegaron un culatazo en la cabeza para robarle un ciclomotor Garelli y 800 pesos. En la huida los asaltantes arrojaron la moto, la bicicleta y un revólver calibre 22 con diez vainas servidas.
Poco después los reubicaron a dos cuadras de allí y tras una nueva persecución los apresaron en una villa de la zona ribereña. Ríos, vestido con una remera roja, fue acusado de efectuar los disparos mientras su cómplice lo esperaba en la bicicleta. Ellos lo negaron. Ríos dijo que estaba pescando e Imperiale que se estaba bañando en su casa cuando los apresaron.
La pericia de Gendarmería Nacional demostró que del revólver secuestrado salieron dos de las balas que quedaron en el cuerpo del suboficial (los otros tres proyectiles no pudieron cotejarse). La ropa y la bicicleta fueron reconocidas por algunas de las personas que presenciaron el ataque.
Fuentes del Servicio Penitenciario (SP) consignaron que Ríos era un preso que había alcanzado la fase de confianza en la ejecución de su pena por lo que había obtenido salidas transitorias y un trabajo en la cocina del penal, un área dentro del perímetro de la cárcel, pero no en la zona de máxima seguridad.
Su evasión se registró a las 10.30 de la mañana del domingo. El personal preparaba la comida cuando Ríos aprovechó que el empleado de custodia fue al baño para emprender una veloz carrera, trepar a un tejido bajo y ganar la calle donde lo esperaba un auto. "Se fue de ese modo pero también podría no haber retornado de una salida reglamentaria que había conseguido de manera legal", indicó un portavoz del SP.
Ríos fue condenado junto a Cristian Martín Imperiale a 15 de cárcel por el homicidio de Montenegro. En junio del 2009, la Sala IV de la Cámara Penal rosarina confirmó las condenas impuestas a los acusados y ponderó que establecer la motivación del crimen "no resulta determinante", ya que se considera probado que Imperiale y Ríos fueron los autores del homicidio.
El crimen. A las 17.45 del 21 de marzo del 2007 el policía llegaba acompañado de su esposa, María Alejandra, a su casa de Alvear al 1300, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez, donde vivían con sus cinco hijos. La mujer bajó y el suboficial, vestido de civil, quedó unos minutos solo en la vereda con su moto Titán en marcha. En ese momento, dos hombres se acercaron al suboficial y lo acribillaron sin que mediara una discusión.
Montenegro recibió cinco balazos. El más grave le ingresó por un ojo, quedó alojado en la cabeza y le destrozó la masa encefálica. Nueve días después murió en el hospital Clemente Alvarez.
Minutos después, según el fallo, Ríos e Imperiale fueron sorprendidos por la policía cuando asaltaban a un cobrador de una empresa de servicios sociales en Corrientes y San Juan de esa localidad, en una bajada al río Paraná situada a diez cuadras del lugar del crimen. Al trabajador le pegaron un culatazo en la cabeza para robarle un ciclomotor Garelli y 800 pesos. En la huida los asaltantes arrojaron la moto, la bicicleta y un revólver calibre 22 con diez vainas servidas.
Poco después los reubicaron a dos cuadras de allí y tras una nueva persecución los apresaron en una villa de la zona ribereña. Ríos, vestido con una remera roja, fue acusado de efectuar los disparos mientras su cómplice lo esperaba en la bicicleta. Ellos lo negaron. Ríos dijo que estaba pescando e Imperiale que se estaba bañando en su casa cuando los apresaron.
La pericia de Gendarmería Nacional demostró que del revólver secuestrado salieron dos de las balas que quedaron en el cuerpo del suboficial (los otros tres proyectiles no pudieron cotejarse). La ropa y la bicicleta fueron reconocidas por algunas de las personas que presenciaron el ataque.
Fuente: lacapital.com.ar
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