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Jueves 01 de Noviembre de 2012 - 13:24 hs
Fallece a los 87 años el filósofo Agustín García Calvo
Agustín García- Calvo, uno de los principales latinistas españoles del siglo XX, ha fallecido hoy con 87 años. Ensayista, poeta, dramaturgo, traductor, filósofo, García-Calvo fue también y siempre un pensador polémico. Tanto que el franquismo le apartó de su cátedra en la universidad Complutense de Madrid por apoyar las protestas de los estudiantes. Aunque finalmente, años después, fue nombrado catedrático emérito de Filología Clásica del mismo centro.
En el fondo, el pensador zamorano no renunció nunca a oponerse al sistema: desde el nacimiento del movimiento, el año pasado, acudía cada jueves a las concentraciones del 15-M en la madrileña puerta del Sol para "hablar con los jóvenes", como cuenta Isabel Escudero, su pareja desde hace 36 años. "Lo que más me consuela después de su muerte es la cantidad de jóvenes que ha dejado tras él y tras su pensamiento. Gente viva, del 15-M, y no de la Cultura en mayúsculas, que siempre ha mirado para el otro lado", añade Escudero.
Hasta la semana pasada García-Calvo estuvo en la tertulia que organizaba semanalmente en el Ateneo. En la última, habló sobre física y matemáticas en una conferencia llamada Uno más uno son dos. Escudero destaca “el vigor y la gracia que ha mantenido hasta el último día, también cuando ya estaba enfermo”.
Nacido en Zamora en 1926, García-Calvo estudió Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, y a partir de 1951 se convirtió en profesor de instituto. En 1965, privado de su cátedra en Madrid junto a José Luis Aranguren y Enrique Tierno Galván, se fue en exilio a Francia, donde sí pudo seguir enseñando, tanto en la Universidad de Lille como en el Collège de France. En París también fundó y coordinó una tertulia política en el café La boule d\\'or del Barrio Latino.
En España en cambio lanzó en 1988 el proyecto de una Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje, para reconciliar disciplinas a las que la enseñanza había ido alejando hasta confinarlas en los compartimentos estancos de la filología, las matemáticas y el teatro. La iniciativa duró hasta 1991, aunque el filósofo quiso retomarla en 2010. Sea como fuere, García-Calvo no sufrió especialmente por el final del proyecto. "Aquello fracasó, como fracasa todo lo que puede herir. El éxito solo llega a aquello que no hace daño a nadie, a aquello que sigue la corriente", contaba a este periódico en una entrevista de 2010.
Entre sus obras más importantes se encuentra la trilogía compuesta por Del lenguaje, De la construcción (Del lenguaje II) y Del aparato (Del lenguaje III), en las que desarolló su teoría general sobre el lenguaje. Con Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, una recopilación de sus artículos, obtuvo en 1990 el Premio Nacional de Ensayo.
“Agustín era un hombre muy riguroso, siempre muy socrático. Creo que ha sido el último Sócrates”, asegura Escudero. Recibió también los premios nacionales de Literatura Dramática y de Traducción, respectivamente por La Baraja del rey don Pedro y por el conjunto de su obra.
En el fondo, el pensador zamorano no renunció nunca a oponerse al sistema: desde el nacimiento del movimiento, el año pasado, acudía cada jueves a las concentraciones del 15-M en la madrileña puerta del Sol para "hablar con los jóvenes", como cuenta Isabel Escudero, su pareja desde hace 36 años. "Lo que más me consuela después de su muerte es la cantidad de jóvenes que ha dejado tras él y tras su pensamiento. Gente viva, del 15-M, y no de la Cultura en mayúsculas, que siempre ha mirado para el otro lado", añade Escudero.
Hasta la semana pasada García-Calvo estuvo en la tertulia que organizaba semanalmente en el Ateneo. En la última, habló sobre física y matemáticas en una conferencia llamada Uno más uno son dos. Escudero destaca “el vigor y la gracia que ha mantenido hasta el último día, también cuando ya estaba enfermo”.
Nacido en Zamora en 1926, García-Calvo estudió Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, y a partir de 1951 se convirtió en profesor de instituto. En 1965, privado de su cátedra en Madrid junto a José Luis Aranguren y Enrique Tierno Galván, se fue en exilio a Francia, donde sí pudo seguir enseñando, tanto en la Universidad de Lille como en el Collège de France. En París también fundó y coordinó una tertulia política en el café La boule d\\'or del Barrio Latino.
En España en cambio lanzó en 1988 el proyecto de una Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje, para reconciliar disciplinas a las que la enseñanza había ido alejando hasta confinarlas en los compartimentos estancos de la filología, las matemáticas y el teatro. La iniciativa duró hasta 1991, aunque el filósofo quiso retomarla en 2010. Sea como fuere, García-Calvo no sufrió especialmente por el final del proyecto. "Aquello fracasó, como fracasa todo lo que puede herir. El éxito solo llega a aquello que no hace daño a nadie, a aquello que sigue la corriente", contaba a este periódico en una entrevista de 2010.
Entre sus obras más importantes se encuentra la trilogía compuesta por Del lenguaje, De la construcción (Del lenguaje II) y Del aparato (Del lenguaje III), en las que desarolló su teoría general sobre el lenguaje. Con Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, una recopilación de sus artículos, obtuvo en 1990 el Premio Nacional de Ensayo.
“Agustín era un hombre muy riguroso, siempre muy socrático. Creo que ha sido el último Sócrates”, asegura Escudero. Recibió también los premios nacionales de Literatura Dramática y de Traducción, respectivamente por La Baraja del rey don Pedro y por el conjunto de su obra.
Fuente: elpais.com
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