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Domingo 08 de Noviembre de 2026 - 09:36 hs

Arruabarrena necesitó apenas 142 días para devolverle la ilusión a Boca

Tomó decisiones fuertes, potenció juveniles y construyó un equipo protagonista que volvió a festejar un título de liga. Su segundo ciclo ya tiene una estrella y todavía va por más

Hay ciclos que necesitan tiempo para encontrar su identidad y otros que parecen nacer con una idea clara. El segundo Boca de Rodolfo Arruabarrena pertenece a esta última categoría. En apenas 142 días, cuatro meses y 20 días, el Vasco pasó de asumir el 18 de junio entre interrogantes a levantar este 7 de noviembre su primer título desde su regreso: la Liga Profesional 2026. Lo hizo contra todos los pronósticos, después de haber sido crítico en algún momento de la gestión de Juan Román Riquelme y de llegar a un club en el que el cargo de entrenador no siempre había tenido el valor que merece. El presidente sorprendió con su elección y el técnico respondió con un equipo que encontró una identidad, ganó la Tabla Anual y todavía tiene otros objetivos por delante.

La primera señal llegó sin necesidad de esperar demasiado. En su jornada inicial, Arruabarrena comunicó que Marcelo Weigandt, Juan Barinaga, Agustín Martegani y Lucas Janson no serían tenidos en cuenta. También avanzó la salida de futbolistas de peso internacional como Ander Herrera y Edinson Cavani, mientras le abrió la puerta de Primera a proyectos serios de Boca Predio como Dylan Gorosito, Leonel Flores y Facundo "Jagger" Herrera. No fue una reconstrucción para las cámaras: fue una decisión de gestión. El Vasco entendió que debía ordenar el plantel, elegir quiénes encajaban en su proyecto y darle lugar a los que podían ofrecerle algo distinto. En ese camino recuperó a Miguel Merentiel, sostuvo a Lautaro Di Lollo, acertó con los refuerzos (Leandro Lozano y Álvaro Montero) y potenció a una incipiente joya como Tomás Aranda, quien ya había mostrado su talento durante el corto proceso de Claudio Úbeda.

Detrás de ese cambio hubo una idea de juego y un cuerpo técnico renovado, con el ayudante egipcio Amr Mokhtar como parte de una estructura que Arruabarrena trajo después de una década de experiencia en Medio Oriente. Intensidad, posesión, movilidad y un equipo que aprendió a ocupar los espacios sin perder el equilibrio. Leandro Paredes fue una pieza central para darle sentido a esa propuesta. A su alrededor, Milton Delgado encontró un socio para administrar la pelota y el equipo ganó claridad. También creció la jerarquía individual de Santiago Ascacíbar, no sólo como rueda de auxilio del mediocampo, sino como arma fundamental para llegar al gol por sorpresa, juveniles capaces de romper líneas y un ataque más vertical. No se trató solamente de correr más, sino de saber cuándo acelerar y cuándo hacer circular la pelota con sentido ofensivo.

El mérito del Vasco también estuvo en no "casarse" con los nombres. El caso de Sebastián Villa fue el ejemplo más evidente. Jugó cuando el equipo lo necesitó y esperó cuando la idea futbolística exigió otra cosa. Esa autoridad se trasladó a la cancha. Boca ganó sus primeros cuatro clásicos en apenas 42 días, ante San Lorenzo, Racing, Independiente y River, y alcanzó una racha de 17 partidos invicto, la más extensa de un entrenador del club desde el inicio de la gestión de Riquelme como dirigente. Quedó a uno de los 18 encuentros sin derrotas que el propio Arruabarrena había conseguido en su primera etapa, en 2015. Incluso cuando las lesiones golpearon al plantel, el cuerpo técnico encontró respuestas y sostuvo la competitividad.

El título de campeón de Liga es, entonces, mucho más que una vuelta olímpica. Es la confirmación de un proceso que en poco más de cuatro meses transformó un plantel, consolidó juveniles, recuperó futbolistas y construyó un equipo capaz de imponerse en los partidos grandes. Arruabarrena ya había dejado dos títulos en su primer ciclo, el Campeonato de Primera División y la Copa Argentina de 2015. Ahora sumó el primero de su segunda etapa y lo hizo con una diferencia: esta vez llegó a Boca en un contexto inesperado, con una elección que pocos imaginaban, y en 142 días consiguió que el equipo hablara por sí mismo. La historia todavía tiene capítulos por escribir: Boca sigue en carrera para obtener la Copa Sudamericana, la Copa Argentina y el Torneo Clausura. Pero el Vasco ya consiguió lo que parecía más urgente: devolverle al hincha xeneize un equipo ganador.

Fuente: Diez en Deportes

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