La ilusión empieza a tomar forma en Colón. Con el primer cruce del Reducido ante Midland en el horizonte, la expectativa irá creciendo paulatinamente y el Brigadier López se prepara para una nueva cita decisiva. Habrá que esperar dos semanas, producto de la visita del Papa a la Argentina, pero hay algo que está claro: la serie ya comenzó a jugarse desde ahora.
En ese camino, el Sabalero cuenta con una carta que marca diferencias y que se convirtió en una de sus principales armas: Ignacio Lago. El extremo volvió a demostrar su importancia, esta vez sin necesidad de brillar ni de tener una actuación descollante. Le alcanzó con aparecer en el momento indicado para abrir el camino con un penal y seguir alimentando sus números. Con esa conquista, llegó a los 16 goles en la temporada, una cifra que confirma su enorme influencia en el equipo y lo sostiene entre los futbolistas más determinantes de la categoría. Para muchos, incluso, es uno de los mejores jugadores de la Primera Nacional.
Su aporte va mucho más allá de las estadísticas. Lago es desequilibrio, capacidad para resolver en los metros finales y una amenaza permanente para las defensas rivales. Puede aparecer con una jugada individual, aprovechar una pelota dentro del área o hacerse cargo de una ejecución desde los doce pasos. Tiene distintas maneras de lastimar y esa versatilidad lo convierte en un futbolista difícil de controlar.
Colón encontró en él a su principal referencia ofensiva, ya que Alan Bonansea sigue con la pólvora mojada. En un equipo que se fue consolidando desde lo colectivo y que llega al Reducido con una estructura cada vez más sólida, contar con un jugador capaz de marcar diferencias en cualquier momento representa una ventaja importante. Ahora se viene Midland, una serie en la que cada detalle tendrá un peso determinante. El Sabalero buscará hacer valer su localía y dar el primer paso hacia el objetivo del ascenso. En ese desafío, la presencia de Lago será fundamental.
Los 16 goles ya están en su cuenta, pero su historia en esta temporada todavía tiene capítulos por escribir. Colón necesita que su arma más peligrosa siga encendida. Porque cuando Nacho Lago aparece, los rivales saben que algo puede pasar.