El Niño es un fenómeno climático natural que se produce por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese cambio modifica la circulación de la atmósfera y altera los patrones habituales de lluvias y temperaturas en diferentes regiones del mundo, con efectos que pueden extenderse durante varios meses.
Aunque se origina en el Pacífico, sus consecuencias se sienten a escala global. Dependiendo de la región, puede provocar lluvias muy por encima de lo normal, sequías prolongadas, olas de calor o un aumento en la frecuencia e intensidad de tormentas.
Para el período 2026-2027, organismos como el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) coinciden en que el evento podría convertirse en uno de los más fuertes desde que existen registros.
En Argentina, los mayores efectos suelen concentrarse en el centro y el este del país. Las proyecciones indican una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a los valores normales en el Litoral, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Misiones y parte de la región pampeana, lo que incrementa el riesgo de inundaciones, crecidas de ríos y tormentas severas.
Los especialistas aclaran que un episodio intenso de El Niño no significa que todas las ciudades recibirán lluvias extraordinarias, sino que aumenta la probabilidad de que ocurran eventos meteorológicos extremos. Por eso, recomiendan seguir las actualizaciones y alertas oficiales a medida que se acerque la primavera.
La ONU y la OMM también advirtieron que este episodio se desarrolla en un contexto de temperaturas récord a nivel global, lo que podría amplificar sus efectos. Por ese motivo, insisten en que la información climática debe traducirse en medidas de prevención para reducir el impacto sobre la población, la producción y la infraestructura.