El fenómeno meteorológico El Niño ya se encuentra presente en la región, pero su fase más crítica aún no ha comenzado. Así lo advirtió Julián Báez Benítez, director de la oficina regional para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en diálogo con LT10. Según los modelos climáticos globales, la intensificación del evento se sentirá con fuerza durante la próxima primavera y el verano, prolongándose inclusive hasta marzo de 2027.
"Las proyecciones indican que estamos ante un evento El Niño que va a ser muy fuerte", señaló Báez Benítez. El especialista explicó que las condiciones oceánicas y atmosféricas actuales muestran un comportamiento comparable con los eventos registrados en los períodos 1997-1998 y 2015-2016, los cuales provocaron severas inundaciones en el litoral argentino.
Un impacto asimétrico en Sudamérica
El representante de la OMM aclaró que el fenómeno no afecta a todo el continente por igual. Mientras que en el norte de Sudamérica y la región del Caribe genera sequías severas, en el sureste del continente —área que abarca el centro y noreste de la Argentina, el sur de Brasil, el sur de Paraguay y el norte de Uruguay— provoca precipitaciones intensas y abundantes.
"El Niño lo que hace es amplificar lo que ocurre normalmente en una estación", indicó el meteorólogo. En ese sentido, detalló que al coincidir con los meses de mayor calor, el evento no solo puede multiplicar por dos o por tres los acumulados habituales de lluvia, sino también generar complicaciones asociadas al exceso de agua, como anegamientos urbanos y crecidas ribereñas.
Comportamiento invernal y los ríos de la cuenca
Respecto de la situación actual en la capital santafesina y la región, Báez Benítez confirmó que los efectos sobre las precipitaciones no son tan evidentes en esta época debido a la estacionalidad del invierno. No obstante, remarcó que las marcas térmicas templadas registradas en las últimas semanas y las intensas nevadas en la cordillera son rasgos típicos de la interacción del fenómeno con la estación fría.
En relación con las cuencas hídricas, las autoridades monitorean el comportamiento de los afluentes del río Paraná. Si bien en el río Iguazú ya se observan repuntes por las lluvias en cuenca alta, el impacto directo en los niveles locales dependerá de la evolución de las tormentas previstas a partir de octubre.
"El efecto del fenómeno no lo vamos a evitar, pero sí podemos mitigar sus impactos. Para ello es fundamental que la información llegue con precisión a las autoridades y a la gente, y que existan protocolos de actuación claros", concluyó el funcionario de la OMM.
