Tras el reciente caso del geriátrico clandestino en Santa Fe, en el que rescataron a siete adultos mayores hacinados y sin alimentarse, y otro suscitado en Mar del Plata, en el que un enfermero agredió gravemente a una mujer, es preciso preguntarse qué tan comunes son este tipo de residencias y, en general, las condiciones de vida del jubilado en el país.
Eugenio Semino, defensor de la tercera edad, denuncia por LT10 una situación de "maltrato estructural" por parte del Estado argentino y advierte sobre una crisis humanitaria que abarca los ejes alimentario, sanitario y habitacional, afectando a millones de jubilados cuyos ingresos apenas cubren una fracción de sus necesidades básicas.
El diagnóstico: "Maltrato estructural" y crisis humanitaria
Para Eugenio Semino, los casos de abuso en residencias geriátricas no son hechos aislados, sino síntomas de un problema mucho más profundo. "Tenemos un extendido maltrato estructural sobre las personas mayores a partir de actitudes que va teniendo el Estado a través de distintas administraciones", afirma el especialista. Según sus datos, existen en el país cinco millones de jubilados que perciben apenas un 25% de lo que necesitan para cubrir sus necesidades básicas.
Esta precariedad ha llevado a catalogar la situación actual como una "crisis humanitaria" sustentada en tres ejes críticos: la crisis alimentaria, la sanitaria y la habitacional. Semino destaca que, a pesar del aumento en la expectativa de vida, la infraestructura no ha acompañado este crecimiento: "Hoy en Argentina tenemos la misma cantidad de camas para internación geriátrica o residencias de larga estadía que hace 40 años".
La "violencia dulce" y el negocio de la enfermedad
El defensor de la tercera edad introduce el concepto de "maleficencia" o "violencia dulce" para describir formas de maltrato que suelen ser invisibles para la sociedad. "Es, por ejemplo... no darle la medicación o que no pueda comprar la medicación o no cambiarle un pañal". Según Semino, esto ocurre en un contexto donde la salud es vista como un negocio: "En Argentina no se habla de salud, sino de enfermedad, porque a su vez la enfermedad es un gran negocio", denunciando además que la industria del medicamento funciona como un "gran cartel" que financia campañas políticas.
A esto se suma la precarización de quienes cuidan a los adultos mayores. Semino señala que el personal de salud dedicado a pacientes crónicos es el peor remunerado, con sueldos que rondan los 500.000 o 600.000 pesos en ciudades ricas como Buenos Aires. "El trabajo que hacen... tienen que tener una gran vocación para atender a personas mayores", explica, resaltando que la falta de controles estatales y la escasez de recursos llevan a la naturalización del abuso.
Un sistema anacrónico frente a la "bomba de la longevidad"
Semino critica la visión política actual, a la que califica de "prehistórica", por seguir debatiendo sobre la relación entre trabajadores activos y pasivos sin considerar el impacto de la inteligencia artificial y el aumento de la longevidad. En lugar de ver al adulto mayor como un productor de riqueza a través del consumo, el Estado aplica lo que él denomina un "rifle sanitario".
"Una persona de 65 años en el mundo tiene una sobrevida de por lo menos 25 años más con calidad si se les suministran las condiciones... salud en el cuerpo y plata en el bolsillo", sostiene Semino. Sin embargo, la realidad local obliga a quienes se jubilan a buscar nuevos empleos debido a una tasa de sustitución que apenas alcanza el 46% del sueldo en actividad.
El miedo a envejecer
Finalmente, el entrevistado reflexiona sobre la patología social que denomina "síndrome de Dorian Grey" o gerontofobia. "Somos sociedades gerontofóbicas. Hay un gran miedo al envejecimiento... el viejo en Argentina siempre es el otro". Esta negación social del paso del tiempo contribuye a la falta de políticas de Estado serias y al abandono de una población que hoy se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad