En las calles de Copenhague, justo a la salida de una de las estaciones del metro, un aroma familiar detiene a los transeúntes: el perfume de las medialunas recién horneadas. Allí, Gonzalo y Rocío, una pareja oriunda de Mar del Plata, han logrado lo que parecía imposible: conquistar el paladar danés con La Bristol, su emprendimiento de facturas artesanales que hoy es un éxito absoluto.
La historia comenzó hace seis años, cuando llegaron a Dinamarca por primera vez. Tras un breve regreso a Argentina forzado por la pandemia y el vencimiento de su visa, hace casi cinco años decidieron que su destino estaba en la capital danesa. La idea de las medialunas nació hace apenas un año y medio, casi por casualidad, buscando recrear para el cumpleaños de su hijo ese sabor de "domingo a la mañana" que tanto extrañaban.
Pero lo que empezó como un experimento casero se transformó rápidamente en un fenómeno. Rocío fue la encargada de abrir una cuenta de Instagram y, tras subir apenas un par de fotos, el interés fue tal que, en palabras de Gonzalo, "todo se fue al carajo" por la alta demanda.
A pesar de que Gonzalo nunca había trabajado en una panadería, aprovechó un viaje a Mar del Plata para formarse con los "maestros" de la panadería de su cuadra. Allí aprendió los secretos de la medialuna de grasa, la cual destaca como la única factura puramente argentina, a diferencia de otras que son derivados del croissant.
El desafío de emprender en el Ártico
Llevar adelante La Bristol no es tarea sencilla. Gonzalo y Rocío manejan todo el proceso, desde la masa que requiere entre tres y cuatro días de elaboración, hasta la venta en su carro gastronómico. Han tenido que adaptarse a desafíos insólitos:
- El clima: En verano, temperaturas inusuales de 30 grados dificultan el levado de la masa, obligándolos a trabajar con ventiladores en un país donde el aire acondicionado no es común.
- Los insumos: Consiguen membrillo de una distribuidora argentina y dulce de leche que traen directamente de una fábrica en España.
- La cultura local: Los daneses, acostumbrados a comprar de a una pieza, ya han aprendido la tradición rioplatense y ahora se llevan el producto de a seis o por docena.
Un pedazo de Argentina en Europa
El éxito de sus medialunas ha trascendido fronteras. Clientes de Alemania, Francia y Suecia se acercan a Copenhague para llevarse sus facturas, asombrados por encontrar un producto que no existe en el resto del continente.
A pesar de que el costo de vida en Dinamarca es elevado —una docena de sus facturas puede costar unos 58.000 pesos argentinos al cambio—, la pareja ha logrado establecerse y vivir plenamente de su producción. Con la marca ya registrada, el próximo paso es el local propio, aunque Gonzalo advierte que nunca bajarán la calidad: "Hacemos una cantidad limitada y, cuando se termina, se termina".
Entre cábalas futboleras de los argentinos residentes y el agradecimiento de los vecinos daneses que ya son clientes fijos, Gonzalo y Rocío demuestran que el sabor de la infancia no sabe de fronteras. Como dicen en Dinamarca para agradecer este pedacito de Mar del Plata: "¡Tac!".
