Mientras el plantel de Ezequiel Medrán ya volvió a Santa Fe luego del triunfo en Puerto Madryn, puertas adentro de Colón la actividad no se detiene. El cierre del libro de pases ya asoma en el horizonte y la dirigencia sabe que todavía tiene una cuenta pendiente: ocupar el último cupo.
La llegada de Leandro Garate está acordada, al igual que Nicolás Reniero. Con esas dos operaciones prácticamente resueltas, la planificación dio un giro y el foco pasó a otro sector de la cancha. Ya no se busca un delantero, sino un futbolista capaz de aportar desequilibrio y creatividad en los últimos metros. El problema no es solamente encontrar el jugador indicado, sino hacerlo antes del miércoles, cuando el mercado baje definitivamente la persiana.
En esa carrera apareció un apellido que hasta hace unos días no figuraba entre las principales opciones. Se trata de Julián Mavilla (Arroyito, 27 de de abril del 2000), de 26 años, volante de Belgrano que lo quiere ceder, con cargo, para que no pierda continuidad. En Córdoba aseguran que Colón hizo averiguaciones por su situación.
El interés también tiene lógica por el contexto. Durante buena parte del mercado, el club invirtió energías en objetivos que finalmente no pudieron concretarse. Primero insistió por Marcelo Eggel, una gestión que nunca terminó de destrabarse. Más tarde apostó por el regreso de Rubén Botta, una posibilidad que tampoco encontró el escenario ideal para prosperar. Esas operaciones consumieron días decisivos y hoy obligan a trabajar con otro ritmo. En este tramo del mercado ya no abundan las alternativas ni los tiempos para negociar. Cada llamado puede ser determinante y cualquier demora puede dejar a Colón sin la posibilidad de incorporar.
Por eso, en las próximas horas la dirigencia intentará definir si acelera por Mavilla o si aparece una oportunidad diferente sobre el cierre. El objetivo sigue siendo el mismo: sumar un volante ofensivo que eleve la competencia interna y le dé a Medrán una variante distinta para la parte más exigente del torneo.