Escuchar música no solo genera placer o acompaña momentos cotidianos. Diversos estudios científicos han demostrado que esta práctica tiene efectos concretos sobre la salud física y mental. Investigadores de la Universidad de Harvard y de la Universidad de Bochum, en Alemania, analizaron el impacto de distintos estilos musicales en el organismo y llegaron a conclusiones que refuerzan su valor terapéutico.
El impacto en el sistema cardiovascular
Uno de los hallazgos principales apunta al sistema cardiovascular. La doctora Immaculata de Vivo, reconocida investigadora de Harvard, señaló que el corazón es uno de los órganos que más se beneficia de los efectos relajantes de la música.
"Nuestro sistema cardiovascular, que suele ser el más afectado por el estrés, es el que más aprovecha los efectos calmantes de la música", explicó la especialista.
Según los investigadores, el procesamiento de los sonidos comienza en el tronco encefálico, la región cerebral encargada de regular funciones vitales como la frecuencia cardíaca y la respiración. Por ello, determinados estímulos musicales provocan cambios fisiológicos medibles.
En este sentido, el musicoterapeuta neurológico de Harvard, Brian Harris, indicó que este mecanismo "explicaría por qué la música relajante reduce la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y la presión arterial, además de aliviar el dolor, el estrés y la ansiedad".
Música clásica o pop: ¿qué género es más efectivo?
Científicos de la Universidad de Bochum estudiaron cómo influyen distintos géneros en la salud cardiovascular. Para ello, compararon las respuestas del organismo al escuchar obras de Mozart y Johann Strauss frente a canciones del grupo sueco ABBA.
Los resultados demostraron que la música clásica generó mejoras tanto en la presión arterial como en la frecuencia cardíaca.
Asimismo, se detectó que tanto las composiciones de Mozart como las canciones de ABBA contribuyeron a reducir los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés.
Los beneficios no se limitan al corazón. Diversos trabajos realizados por Harvard también identificaron efectos positivos sobre el cerebro y los procesos de recuperación neurológica.
"La música influye profundamente en el cerebro, ya sea al tocar un instrumento, escuchar una canción o cantar; incluso nos ayuda a recuperar el habla cuando alguna patología nos priva de ella", señalaron los estudios dirigidos por Gottfried Schlaug, profesor de Neurología de la Facultad de Medicina de Harvard y director del Music and Neuroimaging Laboratory.
Una herramienta complementaria para la salud
La Asociación Americana del Corazón también respalda estos hallazgos. Según la entidad, pacientes que sufrían dolor de pecho tras un infarto reportaron menores niveles de ansiedad luego de escuchar música durante media hora. Además, los especialistas destacan que este tipo de terapia puede complementar los tratamientos para la hipertensión arterial.
Aunque la música no reemplaza los tratamientos médicos, la evidencia científica sigue acumulando pruebas sobre sus efectos positivos. Ya sea a través de una pieza clásica, una canción pop o una melodía favorita, la música se posiciona como una herramienta accesible y eficaz para mejorar el bienestar físico y emocional.