La noche más importante en la historia de Belgrano tuvo acento santafesino. Nicolás “Uvita” Fernández, nacido en Santa Fe y reconocido hincha de Unión, escribió una página imborrable al convertir los dos goles finales de la victoria 3-2 ante River Plate en el Mario Alberto Kempes para darle al Pirata el primer título de su historia.
El delantero ingresó en el segundo tiempo y cambió el rumbo de la final. Primero convirtió de penal y luego definió de zurda para sellar una remontada épica que quedará para siempre en la memoria de los hinchas cordobeses. Pero detrás de esa imagen heroica hay una historia de lucha, golpes duros y revancha personal.
De las críticas al corazón de Belgrano
“Fue muy duro para mí esta temporada, pero creo que hoy quedé en el corazón de todos. Se me criticó durante un tiempo, pero Dios es perfecto: el tiempo da la razón”, reconoció emocionado tras la consagración.
Las críticas no habían sido menores. Belgrano realizó una fuerte inversión para contratarlo y durante gran parte del semestre el delantero convivió con cuestionamientos por su rendimiento.
“Dijeron que pagaron tres palos y medio… ahí ya está, ya lo compré, ya tienen para toda la vida”, lanzó entre lágrimas y sonrisas luego de la final.
Y agregó: “Que disfruten y gracias por el cariño, porque siempre lo sentí, a pesar de las críticas”.
El desahogo fue total. Y también lógico para un futbolista que necesitó atravesar muchos momentos complejos para llegar a esta cima.
Un nombre que siempre sonó en Unión
En Santa Fe, el nombre de Uvita Fernández nunca pasó desapercibido. Fanático reconocido de Unión, en muchísimas oportunidades se habló sobre un posible desembarco en el club rojiblanco, algo que finalmente jamás terminó concretándose.
Mientras el Tatengue seguía buscando romper su techo histórico, Uvita terminó convirtiéndose en símbolo de otro club del interior que logró lo que Unión todavía persigue: un gran título nacional.
Y el destino quiso además que Belgrano dejara en el camino justamente a Unión en los cuartos de final del Apertura, antes de terminar levantando el trofeo.
Una infancia atravesada por las carencias y el dolor
Nicolás Fernández nació en Santa Fe el 8 de febrero de 1996. Es el cuarto de diez hermanos en una familia marcada por las dificultades económicas y la ausencia paterna.
Su madre fue quien sostuvo sola el hogar y empujó a sus hijos en medio de una realidad compleja. El fútbol apareció como refugio y esperanza.
Pero la familia Fernández también quedó atravesada por una tragedia imposible de olvidar. El 13 de agosto de 2012 falleció Miguel David, uno de sus hermanos mayores, luego de permanecer internado durante más de 30 horas en el Hospital Cullen tras un accidente en moto en las calles de Santa Fe. Ese golpe marcó para siempre a toda la familia.
La reconstrucción de su carrera
Formado futbolísticamente en Defensa y Justicia, Uvita logró destacarse rápidamente por su velocidad, desequilibrio y capacidad goleadora.
El apodo surgió justamente por su contextura física —mide 1,66 metros— y su tez morocha. En Varela dejó una gran imagen, aunque no llegó a disputar la final de la Copa Sudamericana 2020 porque ya había sido transferido a San Lorenzo.
Su paso por el Ciclón estuvo lejos de lo esperado. Marcó apenas nueve goles en 64 partidos y terminó saliendo cuestionado rumbo a Belgrano.
En Córdoba encontró su lugar. Se reinventó como futbolista y hoy atraviesa el mejor momento de su carrera, incluso por encima de sus hermanos Brian y Leandro, también futbolistas profesionales.
Con la camiseta pirata ya suma 21 goles en 74 encuentros y ahora consiguió el primer título de toda su carrera.
“Hoy va a ser un gran día”
Después de la final, Uvita contó el significado especial de las muñequeras que utilizó durante el partido. En la izquierda llevaba escritos los nombres de sus familiares y sus mascotas. En la derecha, una frase que terminó siendo casi una premonición: “Hoy va a ser un gran día”.
Y lo fue. Para él, para Belgrano y para una historia de vida que encontró en el fútbol la revancha más grande de todas.