Hay equipos que suman puntos y que construyen algo más fuerte: una identidad. Este Colón empezó a hacer eso en su casa. La goleada ante San Miguel no fue solo otro triunfo. Fue una declaración. El Sabalero no solo lidera la Zona A: empieza a hacerse temer y gran parte de esa transformación tiene una dirección clara: el Brigadier López.
Ahí, donde la gente empuja y el equipo responde, Colón se vuelve otra cosa. Más intenso, más convencido, más firme. Los números lo explican, pero no lo alcanzan a contar del todo: invicto, tres victorias y un empate. Marcó siete goles y le hicieron solo dos. Diez de los catorce puntos nacieron en ese escenario.
Pero hay algo que no entra en las estadísticas. Es la sensación. La presión desde el primer minuto, el rival incómodo, el clima que baja desde las tribunas y contagia. Colón no espera que el partido pase: lo provoca. En un torneo largo, duro y traicionero como la Primera Nacional, encontrar un lugar donde hacerse fuerte no es un detalle: es una ventaja competitiva. Y el Sabalero ya la tiene.
Todavía falta mucho. Pero mientras en Santa Fe siga siendo una misión casi imposible llevarse algo, el equipo de Ezequiel Medrán no solo va a sostener la punta. Va a alimentar, fecha a fecha, una ilusión que ya dejó de ser tímida.