Interés General - Accesibilidad

Miércoles 04 de Febrero de 2026 - 11:10 hs

Una vereda mal hecha abrió un debate pendiente sobre inclusión

Un error en la colocación de baldosas podotáctiles en Francia al 2100 encendió las alarmas sobre el diseño del espacio público. El tema se visibilizó en LT10 y derivó en una corrección inmediata, pero también en un debate más profundo sobre la inclusión.

La colocación incorrecta de baldosas podotáctiles en un tramo de la calle Francia al 2100 expuso una falla que trasciende una obra puntual. Lo que debía servir como guía para personas con discapacidad visual terminó generando desorientación y riesgo, al estar instaladas de forma transversal a la marcha. El error fue detectado por vecinos y replicado en redes sociales.

El móvil de Sergio Ferreyra recorrió la zona y mostró en vivo cómo las baldosas —colocadas en el marco de una obra de soterramiento de cables de la EPE ejecutada por una empresa contratista— estaban giradas noventa grados. En el lugar ya se observaba a operarios corrigiendo la instalación, mientras la obra avanzaba en simultáneo en otras cuadras, como Francia al 2200.

A partir de ese disparador, el debate siguió con la palabra de Rodolfo Marín, referente en temas de discapacidad y conductor del programa El Refugio de LT10. Desde su experiencia cotidiana, planteó que el problema no es solo técnico. “Primero hay que pensar que para la ignorancia no hay secretos”, reflexionó, y puso el foco en quiénes controlan el desarrollo urbano. En ese sentido, fue contundente al afirmar que “esa vieja premisa de educación, concientización, control y sanción no existe en Santa Fe”.

Marín explicó que las baldosas podotáctiles no son un detalle menor del paisaje urbano, sino una herramienta central para la autonomía. “Podo significa pie y táctil, o sea, tacto con los pies”, describió, al tiempo que señaló que incluso personas con baja visión las utilizan para orientarse. Sin embargo, advirtió que su eficacia depende de dos factores que deben converger: el entrenamiento de la persona y una infraestructura correctamente ejecutada. “Es un conjunto de elementos que tienen que dirigirse a un solo vector: la circulación amable para todas las personas”, resumió.

En ese marco, Marín también hizo referencia a la posibilidad de incluir los llamados "senderos accesibles" en nuestra ciudad, una herramienta clave para garantizar desplazamientos seguros dentro del entramado urbano. Explicó que no se trata de baldosas aisladas, sino de recorridos continuos que conecten paradas de colectivos, edificios públicos, instituciones educativas y espacios de uso cotidiano. “El sendero accesible tiene sentido cuando no se corta, cuando no termina en un obstáculo o en una vereda rota”, señaló, y remarcó que su eficacia depende de una planificación integral y no de intervenciones fragmentadas.

Desde su experiencia, advirtió que en Santa Fe muchos de estos senderos quedan incompletos o pierden funcionalidad por la falta de mantenimiento o la presencia de postes, carteles, autos estacionados y rampas mal resueltas. Esa situación, explicó, vuelve a poner en desventaja a personas con discapacidad visual y a quienes tienen movilidad reducida. “Si el sendero no es accesible de verdad, se transforma en una falsa inclusión”, sostuvo Marín, quien insistió en la necesidad de controles permanentes y de una mirada empática al diseñar obras en el espacio público.

Bajo esta mirada, el error en Francia al 2100 funcionó como un síntoma. Marín lo dijo sin rodeos: “A veces los errores son buenos para hablar de esto”, porque dejan al descubierto la falta de planificación. También amplió el foco al resto de la ciudad, al describir veredas con desniveles pronunciados, cordones que “parecen un abismo” y situaciones que afectan tanto a personas ciegas como a embarazadas, adultos mayores o personas con discapacidades transitorias.

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La corrección en marcha fue valorada durante la programación, pero no alcanzó para cerrar el tema. Para Marín, pensar una ciudad accesible exige algo más profundo. “La palabra fundamental en esto es consideración”, sostuvo, y se preguntó cuánto falta para que esa idea deje de ser una excepción y pase a ser una práctica habitual en el diseño urbano.

El caso de las baldosas mal colocadas se resolvió en horas, pero dejó abierta una discusión que sigue pendiente en Santa Fe: cómo construir una ciudad que no excluya desde el piso que se pisa.

Audio: Escuchá a Rodo Marín

Fuente: LT10