Dejar el sedentarismo no solo mejora el ánimo o la condición física: también incrementa de manera concreta el gasto energético diario. Así lo señala un estudio publicado en la revista científica PNAS, que analizó qué ocurre en el organismo cuando una persona pasa de una vida inactiva a una más activa.
La investigación comparó a personas sedentarias con individuos que realizan actividad física extrema, como corredores de ultramaratón. Mediante mediciones precisas del gasto energético total, los científicos observaron que el aumento del movimiento se traduce, en la mayoría de los casos, en un mayor consumo de calorías, sin que el cuerpo reduzca energía en otros procesos clave.
El trabajo pone en discusión dos modelos teóricos. Por un lado, el modelo aditivo, que sostiene que cada movimiento suma gasto energético. Por otro, la hipótesis del “presupuesto limitado”, que propone que el cuerpo compensa el esfuerzo físico disminuyendo energía en otras funciones. Los datos obtenidos respaldan mayormente la explicación aditiva.
Incluso tras ajustar los resultados por masa corporal magra —uno de los principales determinantes del metabolismo—, la relación entre mayor actividad y mayor gasto se mantuvo firme. Además, no se detectaron cambios relevantes en indicadores inmunológicos, tiroideos ni reproductivos, lo que refuerza la idea de que el organismo no “recorta” funciones esenciales cuando se mueve más.
Los especialistas recuerdan que el gasto energético diario se divide en tres componentes: el metabolismo basal (60 a 70%), el efecto térmico de los alimentos (5 a 10%) y la actividad física (15 a 25%). En personas muy activas, esta última proporción puede acercarse al 50% del total.
Otros estudios complementarios aportan datos concretos: en adultos mayores, cada minuto adicional de actividad moderada o intensa puede sumar alrededor de 16 kilocalorías por día. Acumulados a lo largo de la semana, esos pequeños incrementos pueden equivaler al aporte energético de una comida completa.
Las conclusiones tienen impacto directo en las recomendaciones de salud pública. No es necesario realizar entrenamientos intensos para obtener beneficios: caminar más, reducir el tiempo sentado, hacer pausas activas o sumar tareas domésticas ya contribuye a aumentar el gasto energético. En ese sentido, dejar el sedentarismo aparece como una estrategia accesible y eficaz para mejorar la salud general.