El Tatengue cierra la fase regular con una obligación clara y un horizonte exigente. Ganar lo mete en octavos; cualquier otro resultado lo deja mirando de reojo y, si clasifica, lo espera una parada brava fuera de casa.
Jueves 26 de Enero de 2012 - 08:31 hs
El artista Pablo Genovés aborda el fin de los valores occidentales en un libro y una muestra
Una antigua imagen de la entrada principal del Louvre muestra una plaza llena de cascotes y montañas de escombros. ¿Un terremoto ha arrasado París? ¿O la voraz especulación inmobiliaria derribó con la última frontera y las obras maestras del museo están bajo la amenaza de la piqueta? Tranquiliza saber que es un fotomontaje. Pero la contemplación la fotografía (160 por 197 centímetros, en blanco y negro) sobrecoge. E impacta. Pertenece al trabajo más reciente de Pablo Genovés (Madrid, 1959), que expone bajo el título de Cronología del ruido en la galería Pilar Serra (antigua Estiarte). Una serie que pone en duda por la vía del trampantojo los sólidos valores de la cultura occidental. No hay nada seguro. Ni nuestras imponentes catedrales, ni las pinacotecas que cobijan siglos de sabiduría, ni los palacios que encierran tesoros deslumbrantes…
La muestra consta de 14 fotografías en las que la destrucción amenaza a los grandes escenarios culturales. Parece una prolongación de la anterior exposición de Pablo Genovés, Precipitados, una primera aproximación a lo efímero de la cultura occidental, cuyo éxito fue tal, que ha girado por diferentes galerías europeas a lo largo de los últimos dos años. Una selección de las dos exposiciones acaba de ser editada en forma de libro por Exit. “Quizá más que una prolongación”, aclara Genovés, “yo lo consideraría una consecuencia de mi anterior exposición. Son los proyectos son los que deciden cuando se acaban. Creo que soy como un instrumento del propio proyecto”.
La forma de trabajar de Genovés se mueve entre el pasado y la tecnología más reciente. Desde hace tiempo, el artista, que vive entre Madrid y Berlín (“una ciudad que sigue siendo una herida abierta en la historia de Europa” ) colecciona antiguas postales de emblemáticos edificios culturales: la Filarmónica de Berlín, la Escala de Milán, la Fenice de Venecia… Luego, pasa esos iconos culturales por la túrmix del Photoshop.
¿Con qué criterio escoge las postales? “La mayor parte de las imágenes que utilizo vienen de estampas muy antiguas que busco por todo el mundo. Me seduce enormemente la historia que hay detrás de cada una de ellas. Son pequeñas fotos de sitios que representan tanto y que han viajado por el mundo, dormido en cajones, pasado de generación en generación. Sacarlas de su sueño, rescatarlas del olvido e inyectarles una segunda versión de la historia es como una necesidad para mí. Ha sido una constante en mi obra. Puede que persiga suspender el tiempo o suspenderlas en otro tiempo. Solo sé que antes de escoger una imagen, veo miles y miles de estampas”.
En realidad, la búsqueda de la postal es parte esencial de la obra. “Las busco en mercados, en librerías de viejo, a veces en sitios insólitos y la mayor parte de ellas en lugares no demasiado cómodos. Paso muchas, muchísimas horas buscando, con frío, lluvia, calor. Cuando de pronto aparece una especial, no sabría decir por qué lo es. Es algo que me arrastra. Las palabras no tienen nada que hacer. No puedo traducirlo al lenguaje hablado. Sencillamente, es. Los museos, las iglesias, los teatros son la selección que ha hecho la propia historia de la fotografía. No hay estampas de pequeñas escenas domésticas. El ser humano ha fotografiado lo grande, lo que consideraba un logro, algo que trascendería su época”.
La mayor parte de las veces funde el material antiguo (las postales) con fotografías realizadas por él mismo. En el fotomontaje final, el templo cultural parece desbordado por la naturaleza, pero sin llegar a quedar sobrepasado. En una de las fotografías se ve cómo un palacio que podría ser veneciano se ve inundado casi hasta llegar a tocar las lámparas de cristal de Murano. Es en cierto modo la representación de una naturaleza que echa un pulso sin piedad a la cultura. ¿Todo un resumen de las fuerzas que han gobernado la historia del hombre? “Durante la inauguración la artista Eva Lootz me comentó: '¿Pablo, te das cuenta que estas representando la destrucción de Europa?' Yo no sé si llega a tanto, pero sí que considero que es una forma de mirar los cambios históricos que estamos viviendo. Quizás de manera mas intuitiva que reflexiva, tanto en lo tangible como en lo intangible”.
La muestra consta de 14 fotografías en las que la destrucción amenaza a los grandes escenarios culturales. Parece una prolongación de la anterior exposición de Pablo Genovés, Precipitados, una primera aproximación a lo efímero de la cultura occidental, cuyo éxito fue tal, que ha girado por diferentes galerías europeas a lo largo de los últimos dos años. Una selección de las dos exposiciones acaba de ser editada en forma de libro por Exit. “Quizá más que una prolongación”, aclara Genovés, “yo lo consideraría una consecuencia de mi anterior exposición. Son los proyectos son los que deciden cuando se acaban. Creo que soy como un instrumento del propio proyecto”.
La forma de trabajar de Genovés se mueve entre el pasado y la tecnología más reciente. Desde hace tiempo, el artista, que vive entre Madrid y Berlín (“una ciudad que sigue siendo una herida abierta en la historia de Europa” ) colecciona antiguas postales de emblemáticos edificios culturales: la Filarmónica de Berlín, la Escala de Milán, la Fenice de Venecia… Luego, pasa esos iconos culturales por la túrmix del Photoshop.
¿Con qué criterio escoge las postales? “La mayor parte de las imágenes que utilizo vienen de estampas muy antiguas que busco por todo el mundo. Me seduce enormemente la historia que hay detrás de cada una de ellas. Son pequeñas fotos de sitios que representan tanto y que han viajado por el mundo, dormido en cajones, pasado de generación en generación. Sacarlas de su sueño, rescatarlas del olvido e inyectarles una segunda versión de la historia es como una necesidad para mí. Ha sido una constante en mi obra. Puede que persiga suspender el tiempo o suspenderlas en otro tiempo. Solo sé que antes de escoger una imagen, veo miles y miles de estampas”.
En realidad, la búsqueda de la postal es parte esencial de la obra. “Las busco en mercados, en librerías de viejo, a veces en sitios insólitos y la mayor parte de ellas en lugares no demasiado cómodos. Paso muchas, muchísimas horas buscando, con frío, lluvia, calor. Cuando de pronto aparece una especial, no sabría decir por qué lo es. Es algo que me arrastra. Las palabras no tienen nada que hacer. No puedo traducirlo al lenguaje hablado. Sencillamente, es. Los museos, las iglesias, los teatros son la selección que ha hecho la propia historia de la fotografía. No hay estampas de pequeñas escenas domésticas. El ser humano ha fotografiado lo grande, lo que consideraba un logro, algo que trascendería su época”.
La mayor parte de las veces funde el material antiguo (las postales) con fotografías realizadas por él mismo. En el fotomontaje final, el templo cultural parece desbordado por la naturaleza, pero sin llegar a quedar sobrepasado. En una de las fotografías se ve cómo un palacio que podría ser veneciano se ve inundado casi hasta llegar a tocar las lámparas de cristal de Murano. Es en cierto modo la representación de una naturaleza que echa un pulso sin piedad a la cultura. ¿Todo un resumen de las fuerzas que han gobernado la historia del hombre? “Durante la inauguración la artista Eva Lootz me comentó: '¿Pablo, te das cuenta que estas representando la destrucción de Europa?' Yo no sé si llega a tanto, pero sí que considero que es una forma de mirar los cambios históricos que estamos viviendo. Quizás de manera mas intuitiva que reflexiva, tanto en lo tangible como en lo intangible”.
Fuente: elpais.com
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